viernes, 12 de octubre de 2012

LA DIOSA, LA BESTIA Y EL BASTARDO 6

— ¡Maaaaaaanooooolo mas cacahuates!— gritó Andrea enfadada por tercera vez. Segundos después de ese tercer grito el joven hacía acto de presencia en la sala con los mentados cacahuates.

— ¿Por qué demonios te tardas tanto?;

— Quizás por que ando por ahí perdiendo el tiempo como ciertas personas— respondió el joven con sarcasmo a su hermanita y a Nersy que efectivamente tan solo mataban el tiempo platicando de asuntos sin interés en la sala; por lo contrario Manolo no paraba con tantas labores, labores del hogar que correspondían a la señorita Andrea realizar a lo que sudoroso les dejó el plato y se marchó pero tan solo había avanzado a lo mucho unos pasos en cuanto la voz de su adorada hermanita lo detuvo.

— ¡Ehhhh Manolo! ¿Nos traes refresco? Jijijijiji— Andrea y Nersy rieron en complicidad ante el claro enojo del joven.

— ¿Por qué carajo no me lo pediste a gritos con los cacahuates?;

— Por que en ese momento aun nos quedaba tantito— contestó risueña Nersy.

— ¡Bah! No le expliques nada y no estés de grosero Manolo— intervino Andrea.

— ¿Se les ofrece algo mas a las señoritas?— preguntó chocante Manolo después de servirles el refresco solicitado.

— ¡Sí….hielo!— contestó burlona Andrea— ¡Ahhhh coño bien Manolo, ya lo trajiste, bravo, piensas en todo!;

Una vez mas el chico optó por retirarse y una vez mas se sintió incapaz de hacerlo gracias a otra travesura de aquellas hermosas y perversas diablitas. Nersy se llevó a la boca el vaso con refresco y al hacerlo, Andrea le movió el brazo jugando con ella. ¿Resultado? El líquido terminó en el piso y los zapatos de la chica.

— ¡Assssshhhhhh Manolo cayó refresco al piso! ¿Límpialo no?— le propuso una sonriente Andrea.

— Mira Andrea— le habló el joven acercándosele y clavándole un intimidante y molesto semblante plasmado en su rostro— Solo te advierto que si tu madre llega y no ve todo en orden, a quien joderá será a ti.

— Pues apúrale a limpiar y a seguir con lo tuyo. ¡Dale mueve el culo!;

— ¡Eres odiosa cuando te lo propones!— le dijo el joven marchando en busca de un trapo húmedo.

— ¡Soy tu adoración Manolo!— se rió la malvada chica sintiéndose orgullosa de sí misma ante el control que continuaba ejerciendo sobre aquel joven.

Mientras Manolo limpiaba arrodillado el piso ante los pies de ambas chicas, recordó tiempo atrás, cuando Andrea y Nersy eran unas niñas y hacían de las suyas ensuciando toda la sala, él siempre era quien las asistía y complacía en absoluto. El tiempo había avanzado pero nada había cambiado a excepción de que Andrea y Nersy ya no eran unas niñas, eran unas preciosas señoritas.

El caso es que Manolo seguía siendo el juguete preferido de ellas, como prueba, Andrea descansaba los pies sobre la espalda de Manolo mientras que el pobre avergonzado, se apresuraba a limpiar el piso. Era incapaz de ponerle un alto a aquella chica. Nersy se encargó de incomodar mas a Manolo haciéndolo lucir más rojo que un tomate.

— ¡Wow Manolo qué servicial eres! ¡Te quiero como hermano jajajajajaja! Aunque Francisco te compite sanamente pero si sigues así, nos decidiremos por fin a nombrarte como nuestro exclusivo sirviente oficial. ¿Verdad Andrea? Jajajajajajaja— se burló descaradamente del joven acariciándole la cara, revolviéndole el cabello mientras lo contemplaba a sus pies.

— ¡Sería un grandísimo honor, podría entonces morir en paz!— respondió irónicamente Manolo.

— ¡Jajajajajajajaja ay Nersy pero qué cosas dices! ¡Mira que comparar y catalogar a Manolito con un simple sirviente!— intervino Andrea muerta de risa.

— Y si no es nuestro sirviente, entonces; ¿Qué es?— preguntó Nersy con la firme intención de fastidiar en extremo al joven.

— ¡NUESTRA MASCOTA! Manolo es como una mascota, es mas apropiado que considerarlo un mero sirviente— comentó cínicamente Andrea sin dejar de mirar con burla y despectivamente al chico que dando por terminada la limpieza quiso desaparecer de ahí pero Andrea, en dos felinos movimientos lo abrazó, lo hizo mantenerse de rodillas ante ellas, lo besó con dulzura en las mejillas; como siempre, al final, encargándose de que sus labios se encontraran con los del joven; entonces, continuó hablándole obligándolo a escucharla.

— ¡No pongas esa cara Manolo, aquí todos sabemos tus orígenes y te lo he dicho muchas veces! ¡Agradecido deberías de estar al encontrarte con nosotras y no en la calle o en un jodido orfanato o yo que se!;

— ¡ERES COMO UNA MASCOTA MANOLO!— alzó la voz Andrea, mirándolo fijamente, sin importarle que una vez mas había conseguido su propósito, hacer llorar y sufrir a la persona que sin duda mas la adoraba en este mundo— ¡Eres como una mascota por que a las mascotas se les adopta así como a ti que te encontramos en el basurero! ¡Mi madre te adoptó como si fueras un cachorro!— concluyó cruelmente.

— Jajajajajajaja— se rió Nersy con ganas— ¡Coño Andrea!; entonces, ¿Por qué no le ponemos nombre al cachorro?; más bien, ¿Por qué no se lo cambiamos? ¡Manolo como que ya aburre!— terminó por hundir al joven en la ofensa y la indignación.

Manolo temblaba de impotencia, se clavaba las uñas en las manos; era demasiado, demasiado el dominio que Andrea ejercía sobre él. Aquellas lastimosas palabras se las había dicho una y otra vez, se las había dicho encontrándose solos o en presencia de Nersy como en esta ocasión; ambos sabían que lo seguiría haciendo pues Andrea, por naturaleza era cruel e insensible y Manolo en verdad parecía haber nacido para adorarla, no para cuestionarla, mucho menos para enfrentarla.

— ¡Bájale Manolo, no hagas tanto teatro, bien sabes que me gusta recordarte tu origen para que nunca lo pierdas de vista y lo de ser nuestra mascota, debería para ti, ser motivo de orgullo!;

— ¡Si vieras cuantos mueren por ser nuestras mascotas!— comentó riéndose sin control.

Manolo la miró con los ojos llorosos, sin duda tenía mucho que reprocharle pero una vez más, no encontró ni logró armarse con los argumentos suficientes para hacerlo a lo que derrotado y humillado decidió retirarse.

— ¡Oye oye oye!— lo retuvo Nersy— ¿Y mis zapatos qué?— lo interrogó burlona, moviendo graciosamente los pies y con ellos sus favoritos zapatos de piso cerrados color arena— No se van a limpiar solos, igual se mancharon de refresco, refresco que la burra de tu hermanita tiró— concluyó sorprendiendo a Andrea al golpearla en la cabeza con la palma de su mano.

El joven miró a Andrea como preguntándole en silencio qué debía hacer.

— ¡Límpialos Manolo, limpia los zapatos de Nersy!; El joven retrocedió unos pasos con la intención de marcharse.

— ¡MANOLO!— gritó Andrea enérgicamente.

Manolo se acabó una vez mas ante la puta determinación de la chica y su clara y evidente debilidad de él que como un robot, se dejó caer de rodillas ante las penetrantes miradas de ambas jóvenes y con el trapo en mano, se dispuso resignado, a limpiarle los zapatos a la señorita Nersy. En cuestión de segundos, Manolo no resistió más y rompió a llorar como un niño ante los pies de una sorprendida Nersy.

— ¡Qué malas, ya lo hicimos llorar!— se burló Andrea.

— ¡Yo no hice nada!— fue la graciosa opinión de Nersy llevándose las manos hacia atrás de la cabeza.

— ¡Ehhh descálzate y déjale los zapatos, digo, para que estés mas cómoda!— le propuso Andrea.

— ¿Me descalzas?— le insinuó Nersy a un adolorido moralmente Manolo que tan solo se limitó a complacer a la joven.

— ¿Y no le molesta el olor de mis pies?— insistía Nersy en hacerle mas desgraciado el día al joven.

— Está acostumbrado— respondió Andrea mirando con aparente lástima al humillado joven— Recuerda que me besa los pies desde pequeña.

— ¡Entonces le gusta!— opinó Nersy.

— ¡No lo se si le gusta pero de que está acostumbrado a estar a mis pies lo está!— comentó una orgullosa y frívola Andrea— A lo que no creo que haya mucha diferencia de que ahora permanezca a tus pies, además, no sería la primera vez.

— ¡Bien!— contestó Nersy estirando indolente los pies, dejándolos a centímetros de la cara de Manolo que no paraba de llorar ni de sentir el olor que destilaba del interior de los zapatos y de los pies de la muchacha.

— Debo irme— dijo Nersy minutos después— ¡Cálzame!— le ordenó con naturalidad a Manolo, divirtiéndose en acariciarle la mejilla con los deditos de su pie a modo de secarle las lágrimas.

— ¡Jajajajajajajaja!— se carcajeó alegremente Nersy. Andrea, antes de que Manolo la calzara, lo había obligado a besarle los pies a su amiga pensando que con ello lo humillaba mas; por el contrario, a Manolo le sirvió para olvidar el trato tan déspota que le daba su adorada Andrea y se refugió siquiera por unos benditos instantes en el inofensivo y sí excitante aroma de los pies de Nersy que riendo se marchó.

— ¡Ay Manolo como eres patético, me avergüenzas y haces el ridículo ante Nersy!— lo reprendió Andrea dejándolo solo, tirado en el piso con su dolor— ¡Nos vemos luego….Bastardito!— se río Andrea de él pisándole la espalda, permaneciendo sobre él por unos segundos y alejándose silbando de la sala.

Manolo se encontraba en verdad mal como cada vez que Andrea y Nersy se burlaban de él; siendo menores en edad, lo superaban por mucho en carácter y determinación pero en especial tenía que ver y por mucho, el cariño que Manolo sentía por Andrea, cariño que dio paso al amor y este a la adoración.

Andrea por su parte, estimaba a Manolo pero no escatimaba en hacerle daño; a lo mucho lo estimaba como lo que cínicamente le había comentado y comparado: como a una mascota a lo que cruelmente se aprovechaba de la situación y de la entrega total de aquel joven hacia ella.

Así era la vida de Manolo, de Andrea, de su familia; así transcurría. Andrea pisoteaba moralmente a Manolo y en breves instantes volvía a reconstruirlo.

Con una sonrisa más bien de pena y de burla que de afecto, con una migaja de su atención era suficiente para tener a Manolo comiendo de su mano.

Manolo tan solo veía tristemente como estaba siendo absorbido por Andrea sin poder hacer algo a su favor causando la pena y el enojo de Karina y Graciela que no comprendían el excesivo amor del joven, si es que ese era el término correcto a emplear.

Días después, Andrea llegaba a casa luego de hacer ejercicio con Nersy, estaba bañada en sudor; como siempre, entró silbando y luego luego se dirigió camino a la sala al visualizar ahí a la familia reunida charlando alegremente.

— ¡Qué hubo perdedores!— exclamó burlona Andrea al no pasarle desapercibido que los tres ahí presentes temblaron al oírla y verla.

Andrea se echó encima de Manolo que se encontraba solo en un mueble; en el de enfrente descansaban Graciela y Karina. Andrea se recostó ofreciéndole los pies a Manolo.

— ¡Descálzame Manolito, debo tener los pies muy sudados!— le indicó bostezando, intentando relajarse.

Todos hicieron de verdad un gran esfuerzo por continuar la charla pero resultó imposible; Manolo tras descalzar a Andrea, le pidió con la mirada suplicante que se comportara, que no arruinara la tranquila tarde pero ésta, maliciosamente ante la vista de Karina y Graciela comenzó a acariciarle la cara a Manolo con sus sudados pies.
— ¡ANDREA, HAZ EL PUTO FAVOR DE CALMARTE!— le exigió amablemente su madre con la cara de asco al ver como su hija no paraba prácticamente de limpiarse el sudor de sus pies en la cara roja de Manolo que nada mas no hacía nada, estaba absolutamente quieto.

— ¿Por qué? ¡Si está acostumbrado! ¿Verdad Manolo?— hablaba Andrea en un plan chocante, molestoso, hiriente— Yo creo que hasta le gusta pues desde pequeña él ha sido quien me calza, me descalza, mima mis pies; en fin.

— ¿Te gusta como me huelen los pies Manolo? ¡Anda, habla coño y así salimos de dudas!— le decía riendo, encaprichada en continuar restregándole las plantas de los pies en la cara al joven que ante todo, luchaba con la terrible erección que sentía.

— ¡ANDREA!— gritó su madre pero Andrea no se detuvo.

Karina miró enérgicamente a Manolo pero éste ni se percató pues Andrea le había ocultado el rostro con ambos pies. Graciela abandonó la sala y Karina dos segundos después la siguió.

— ¿Y qué Manolo? ¿Te gusta como huelen mis pies? ¡A Mauricio le fascina! Anda coño, confiesa y en la cena le damos la sorpresa a mamá de que te encanta el olor de mis pies jajajajajajajaja— fue lo último que alcanzó a escuchar Karina al subir las escaleras sin entender como diantres, Manolo le soportaba tanto a aquella odiosa muchacha de quien se cuestionaba, a quien había heredado ese maldito carácter.

— ¡Basta ya Andrea!— la cortó Manolo apartándole los pies de su rostro rojo de vergüenza y excitación interna.

— ¿Pero por qué Manolo? Digo, sería lo mas natural, si desde niña me besas los pies a éstas alturas debería no gustarte, fascinarte como me huelen los pies— insistía Andrea en ofenderlo al restregarle los pies en el rostro.

— ¡Anda Manolo! Es más; ¿Por qué no me das mi masaje con los labios en vez de las manos? ¡Es fácil, solo me los besas! Múa múa múa jajajajajajajajaja;

— ¡Venga Manolo bésame los pies; Mauricio me los lame hasta entre los dedos cuando me pican!— se burlaba sin consideración alguna Andrea.

Manolo, lejos de otra reacción, se limitó a separar de su rostro los pies de la joven y hacerle cosquillas en sus plantas y luego por todo el cuerpo.

— ¡Jajajajajajajaja basta maldito Manolo!— se dio por vencida Andrea no sin antes sorprenderlo al acercarle una vez mas el pie a la cara, bajarlo velozmente y con ello golpearle directo en su miembro.

— ¡Auccccccchhhhhhh eso debió doler….poooooobre!— se rió Andrea hablándole en un tono que pregonaba lástima, solo ella sabía si la sentía y en qué cantidad. La chica se marchó a su habitación abandonando a Manolo que tallaba y tallaba su adolorido miembro.

Manolo y su adicción no se vieron satisfechos hasta que éste no terminó por correrse como el pervertido que era en el baño; fue cuestión de esperar que Andrea se cambiara, se bañara y abandonara el baño para que éste entrara armado con las bragas que Andrea se había quitado apenas instantes y las calcetas blancas que al igual había utilizado.

Manolo respiró las prendas con frenesí, el éxtasis se había apoderado de él y no se detuvo hasta eyacular como un loco y empaparse de la esencia de las sudadas y olorosas prendas.

Mas tarde, fumando un cigarrillo meditaba, se cuestionaba con sumo detenimiento en las palabras de Andrea, en su ironía al hablar, al expresarse.

— ¿Se me notará acaso?— se discutía Manolo— ¿Seré tan obvio? ¿Se me verá tan descarada mi atención en sus pies? ¡No lo creo! ¡Soy muy cauteloso! ¿Pero? ¿Y si se ha dado cuenta la vez cuando eyaculé oliéndole los pies?;

— ¡No! ¡Imposible, ella dormía! Pero igual y se supone que dormía cuando le robé el beso la vez que llegó borracha— continuaba atormentándose el joven— Mmmm… ¡No, definitivamente no sabe nada! Andrea es tan maldita que de sospechar algo ya me lo hubiese gritado a la cara en compañía de Nersy aun así, debo evitar mirarle los pies cuando estamos juntos. ¡Demonios, tanto a ella como a Nersy le huelen divinamente bien los pies!; en fin— concluyó Manolo sus profundos pensamientos cayendo en cuenta de que Andrea no sabía nada acerca de su fetichismo pero debía ser aun mucho mas precavido pues con Andrea el mayor pecado que se podía cometer era la confianza aunque la chica con su expresión había logrado confundir a Manolo.

Había logrado que se debatiera un buen rato atormentándose en descifrar si acaso le había descubierto algo pero por otro lado; Andrea, no había dicho mas que la verdad y lo que sabía; Manolo en cierta forma le adoraba los pies besándoselos desde muy niña, entonces, a estas alturas, el pensar de Andrea era lógico, si a Manolo no le agradaba el olor de sus pies al menos ya debería estar identificado con ellos y seguro que podría reconocerlos hasta con los ojos cerrados.

Pero el tema no quedaba ahí; a Manolo no solo le agradaba el olor de los pies de Andrea. ¡Moría por ellos! Como prueba resaltaba el apropiarse de sus prendas íntimas y su calzado y satisfacer encerrado en el baño sus ya citados raros placeres.

Esa era la mayor preocupación de Manolo; una cosa era admitir con Andrea que le gustaba besarle los pies, otra era confesarle todo aquello que hacía a sus espaldas con sus prendas, mención aparte de que le gustaba pero igual se sentía ofendido y si Andrea se enteraba segurito y se la pasaría burlándose de él, humillándolo junto con Nersy.

Manolo estaba confundido. Andrea le había sembrado la duda y lo mejor era lo que había decidido; ser más precavido, no ser tan descarado en especial cuando se dedicaba a espiar y admirar los bien cuidados pies de Andrea y de Nersy.

Continuará……………………………………………

miércoles, 26 de septiembre de 2012

LA DIOSA, LA BESTIA Y EL BASTARDO 5

DE LOS 14 A LOS 17 AÑOS.

Andrea Mendoza no podía tener una vida mas placentera de la cual gozaba claro está, en la medida de sus posibilidades. Su belleza era su mejor arma en complicidad con esas hechizantes miradas y seductoras sonrisas que no dejaban otra opción que entregarse con el alma a la santa voluntad de la joven.

Lo cierto era que Andrea en compañía de su amiga Nersy continuaban destrozando corazones, amargando la existencia de muchos y muchas. Las chicas gozaban en extremo ser las causantes de tantas reacciones y consecuencias en multitud de admiradores que las seguían fielmente para adivinarles el pensamiento.

Con 14 años, Andrea mostraba al mundo lo que había anunciado desde niña, desde su nacimiento, con el cual había nacido una auténtica Diosa. Ya de niña era la sensación en donde sea que se paseara; maestros y demás personas adultas nunca negaron la absoluta belleza de la niña.

¡No es normal, no es de éste mundo!; bromeaba uno que otro de sus profesores. ¡No es mortal!; había comentado uno de ellos.

Ahora una jovencita de 14 años arrancaba el triple de suspiros que de niña. La gran mayoría se rendía a los pies de Andrea Mendoza.

Todos estos acontecimientos que se iban dando en la vida de la niña, lejos de ser motivo de orgullo para su madre Karina lo era de tristeza, de pena y amargura pues con gran sentimiento veía la evolución de la belleza de Andrea y la lastimosa y ofensiva fealdad de su otra hija: Graciela.

Graciela físicamente era un desaire grosero, un insulto ante la belleza de Andrea.

— ¡Eres menos que basura a mi lado!— le repetía todos los días Andrea a su hermana. Era su manera de darle los buenos días.

Karina se sentía morir y no digamos Graciela ante el insultante comentario y lo peor o lo mejor, la hermosa sonrisa de Andrea que el ir cargada de desprecio y burla no le quitaba lo hermosa; mención aparte de que presumía sus perfectos dientes blancos ante los cuales, los dientes chuecos de Graciela nada podían hacer mas que seguir ocultos en su boca cerrada.

Andrea era insoportable en verdad, insoportable. Su belleza lo era todo y ella bien lo sabía a lo que siendo una jovencita de 14 años no solo significaba el haberse convertido en una aun mas hermosa señorita sino que también había aumentado lo altanera en ella, lo grosera y despectiva.

Andrea Mendoza era una arrogante, soberbia y altiva señorita pero lo más peligroso en ella eran esos rasgos de sadismo gratuito hacia los demás que había mostrado desde su infancia, dichos rasgos no solo continuaban en ella sino que también habían evolucionado.

Andrea disfrutaba lastimando emocionalmente a los demás y si se le presentaba la oportunidad de destrozar a alguien físicamente la idea no le disgustaba.

— ¡Es una belleza de los pies a la cabeza!— pensaba muy seguido Manolo, orgulloso de la chica y triste a la vez al comprobar que Andrea era en verdad odiosa en carácter y si de niña siempre había tenido a Manolo con el pie sobre su cuello ahora digamos que le tenía ambos pies sobre la cara.

Lo sometía con absoluta facilidad, lo trataba con la punta del pie. Manolo parecía el sirviente de Andrea y Nersy y no el hermano que añoraba ser y sentirse para aquella chica.

Manolo entristecía enormemente al pensar que estaba perdiendo a la niña, él personalmente puesto que era quien mas la adoraba y quien mas daño recibía por parte de Andrea que se carcajeaba ante lo fácil que era manipular al joven ocho años mayor que ella.

Andrea desarmaba y volvía a armar a Manolo a la medida de su gusto. La joven ya no estudiaba, tan solo contaba con su educación primaria; la escuela la hartó y ahora tan solo se dedicaba a matar el tiempo de holgazana, tenía muy claro que con su belleza lograría algo definitivo en términos económicos, se conseguiría alguien a quien manipular como a Manolo y que le sirviera para obtener una estable posición económica.

Ese alguien no era Mauricio que sufría cuando oía hablar así al amor de su vida.

Mauricio continuaba hecho una auténtica pelota y también seguía siendo el perrito faldero de Andrea que se había acostumbrado a él pero no lo apreciaba y se lo dejaba muy en claro.

Karina fiel a su costumbre ya no intervenía en la vida de Andrea. Era un caso perdido. La señora solo enfrentaba a Andrea en cuanto ésta se excedía con Graciela o con Manolo aunque Graciela sola se bastaba para seguir otorgándole numerosas palizas a la chica pero Manolo continuaba con la tristeza por dentro al leer claramente en la mirada de Andrea que añoraba una caricia de su madre pero el fuerte orgullo y el todavía mayor desprecio gratuito hacia su hermana, le impedía sincerarse con su madre.

Por mas que Manolo le insistía, Andrea se rehusaba a ocupar su tiempo en algo productivo; quizás después tomaría algún cursillo de algo o haría alguna prueba como modelo profesional, en fin, no tenía prisa y no la tenía por que Manolo continuaba partiéndose el lomo para complacerle todos sus berrinches y caprichos al igual que Mauricio por lo cual se sentía mas que confiada y libre para seguir disfrutando su placentera vida la cual enfocaba en amargarle la existencia todavía mas a Graciela quien lo contrario a Andrea, su fealdad era lo que había evolucionado en ella, su joroba había aumentado.

La chica a los 16 años se sentía infeliz y frustrada; por mas que su madre le infundiera ánimo, Andrea se encargaba de matarlo y hacerla sentir miserable. Lo único que hacía sentir mejor a Graciela eran las palizas que le propinaba a Andrea cuando aprovechaba la ausencia de Manolo o cuando su madre castigaba a su hermanita al gritarle que si no se buscaba algo en qué ocuparse no tenía derecho a televisión ni comida.

Por influencias de Graciela; Karina obligó a Andrea a tomar una decisión: o buscaba un trabajo para cooperar con los gastos del hogar o se encargaba ella de las labores domésticas. Andrea lloró amargamente. Manolo le ofreció volver a estudiar pero no aceptó y Manolo no pudo hacer más por ella ante su madre.

Andrea quedó obligada por su madre a ser la sirvienta sin sueldo de su propia casa; se oía desolador pero no lo era. La chica se reía. Manolo era quien como siempre terminaba haciéndolo todo, ingeniándoselas para burlar la vigilancia de Karina y Graciela que tontas no eran pero preferían callar al ver que el amor de Manolo por Andrea era en verdad inquebrantable. La defendería inclusive si se diera el caso, con su propia vida.

Por Manolo, Andrea podía seguir de holgazana, matando el tiempo con Nersy que siguiendo el ejemplo de Andrea andaba en las mismas. Su hermano Francisco era otro Manolo y los padres de Nersy al ser la niña de la casa no sabían decirle que no a nada que ésta deseara.

Sin duda alguna nuevos acontecimientos se iban dando así como se habían dado a lo largo de todo éste tiempo.

La carga mas pesada la llevaba Manolo quien recurría al alcohol para escapar de su realidad cuando se sentía en verdad asfixiado pero el alcohol aunque era un gran colaborador no lograba del todo aliviarlo.

Manolo necesitaba algo que no solo le calmara su ser, que lo relajara; requería algo que también le tranquilizara sus nervios, sus miedos, sus oscuros pensamientos, su excitación a final de cuentas que le producía mirar a cada rato a Andrea descalza y con minifaldas por la casa.

Manolo aun se negaba a aceptarlo y a comprenderlo pero Andrea en sí era el mayor de sus vicios.

Todo acto trae consecuencias y Manolo estaba cargando con todo lo que había vivido y acostumbrado a Andrea en su infancia. Ahora los resultados saltaban a la vista y Manolo sentía miedo y vergüenza de sí mismo.

Si había algo que no podía negar Manolo era que se había acostumbrado a Andrea; mas exacto, a su esencia; mas profundo, a la esencia de sus pies. Aquello transportaba a Manolo a otro mundo, al paraíso.

Si algo había evolucionado en el joven era sin duda su fetichismo por los pies femeninos. Él no fue consciente cuándo se desarrolló del todo, el pobre siempre actuó ingenua e inocentemente durante la infancia de la niña pero el acostumbrarla a besarle los pies desde recién nacida le estaba pasando factura.

Andrea, toda una jovencita seguía siendo la misma berrinchuda y caprichosa niña con Manolo y lo obligaba a que la calzara y descalzara y a que le besara las delicadas y suaves plantas de sus pies antes y después de calzarla o descalzarla.

Era algo normal para ella. Así la habían crecido. Para Manolo ya no lo era, el joven sufría unas terribles erecciones cuando respiraba a centímetros el olor de los pies de Andrea y lo que mas le mortificaba era la risa maliciosa de la chica que le divertía ver cómo se adueñaba con facilidad de la voluntad del joven.

Manolo evitaba y evitaría por todos los medios que Andrea se percatara de que a él le agradaba el olor de sus pies; fingía haciéndose el ofendido cuando ésta le acercaba los pies a la cara pero lo cierto era que se moría por devorárselos a besos.

Deseaba como un loco restregar el rostro, enterrarlo entre aquellas suaves plantas y ahí morir de felicidad, placer y pasión.

Andrea era el vicio, la obsesión y la perdición de Manolo, solo que él no lo aceptaba y tampoco lo comprendía.

Manolo se secaba las lágrimas y el miembro. Se encontraba en el baño, había llorado por que los fantasmas de la moral le atormentaban la mente gritándole que era un depravado, que no tenía salvación. Remordimiento tras remordimiento le producían el llanto.

Pero también se limpiaba el miembro pues había eyaculado. Al final, aceptando muy a su pesar que el placer, su placer era lo primero; optó en lugar de salir sigiloso del baño por volver a arrodillarse y llevarse a la altura de su boca y nariz el interior del zapato de Andrea.

Un zapato color arena, cerrado, de piso; lo había llevado puesto la noche anterior. Manolo se masturbaba respirando el interior de aquel zapato y él mismo se sorprendía de la cantidad de semen que expulsaba, en verdad que aquello era lo suyo.

La chica nunca sospecharía puesto que Manolo continuaba siendo su lustrador personal de calzado a lo que el joven se sentía en su derecho de cobrarse con aquello el sueldo que no recibía de manos de Andrea.

Era su actividad favorita. Encerrarse en el baño con alguna prenda íntima o un zapato de Andrea y desahogarse masturbando.

Manolo volvió a eyacular, quedó acurrucado en el piso mandando por un momento al averno sus putos remordimientos que mas tarde regresarían para seguir jodiéndolo y se abandonó a llenarse del olor bendito de aquel zapato.

Lamió aquella zona que tenía el privilegio de hacer contacto con la planta del pie de Andrea. Manolo lamió el zapato para de paso limpiarlo; se levantó, tomó al igual unas braguitas amarillas de Andrea; lo mismo, respiró con fuerza la parte que hacía contacto con el divino sexo de la joven. Escondió ambos artículos entre sus ropas, abrió cuidadosamente la puerta del baño y se retiró.

Al pasar rápido por la sala observó a Graciela recostada y pudo al igual mirar a sus anchas los pies de ésta; Manolo arrugó la cara, la quería pero por nada del mundo se arriesgaría a olerle los pies. Ahí moría su fetichismo, ahí no llegaba su perversión.

Todo lo encantador que le resultaba poder adorar los pies de Andrea, desaparecía de tan solo imaginarse oliendo un zapato de Graciela. Aquello sí era una pesadilla. ¡Preferible oler los de mi madre!— pensaba Manolo internamente.

— ¿Dónde andabas?— lo tomó por sorpresa Andrea.

Manolo brincó de susto y suerte que no tiró el zapato y las bragas, se dio la vuelta y miró con cara de tonto a la hermosa muchacha.

— ¡Buuuuuuuuuu!— se burló Andrea de él regalándole una de sus exclusivas sonrisas, de aquellas que esclavizaban al muchacho y lo convertían en presa fácil de sus encantos.

— En el baño— respondió finalmente Manolo un poco cortante.

— ¡Ahhhhhhhh!— comentó Andrea con desgano.

— ¿Tiene rato que llegaste?;

— Apenas minutos— contestó la chica más interesada en acariciarse su largo cabello que en mirar a su hermano.

— ¿Y no te cansas de no hacer nada?;

Andrea miró a Manolo con una pícara sonrisa, lo miraba fijamente, frunció la ceja y volvió a sonreírle encantadoramente.

— Para tu información me harté de esperarte y yo solita me quité los tenis— comentó muy orgullosa— Ahora voy a cagar, espero me alcances para limpiarme mi hermoso trasero, si lo haces bien, tendrás mi permiso para besarlo. ¿Te gustaría besarme el culo Manolo?— le habló con toda la intención de burlarse de él y también buscando coquetearle.

Manolo la ignoró. Le molestaba que la chica lo tratara como a un pelele a lo que optó por cambiar de tema.

— Es bueno saber que ya dominas algunas labores. ¿No te quebraste la uña por desatarte los cordones de tus tenis?;

— ¡Cobarde! ¡Anímate, Mauricio me lo ha besado infinidad de veces y si vieras cómo le gusta al desgraciado jajajajajajajajaja me da las gracias por dejarlo besarme y olerme el culo, incluso cuando acabo de cagar jajajajajajajajajajaja!— se carcajeó alegremente camino al baño.

Manolo aprovechó la ausencia de Andrea para poner en su respectivo sitio las bragas y el zapato de la joven.

En la habitación se topó con los tenis que acababa de quitarse, no perdió tiempo; tomó las calcetas blancas, respiró profundamente, se restregó con ellas la cara. Luego se llevó a la boca los tenis, no los separó de su rostro hasta que de nuevo, con esfuerzo, había eyaculado. Besó los tenis y alcanzó a Andrea en el baño para no perder la costumbre de limpiarle el trasero.

La chica de vez en cuando podía dignarse a descalzarse por ella misma pero jamás a tomar papel higiénico y limpiarse el culo tras defecar. Sus delicadas manos no estaban fabricadas ni creadas para tan horrible labor, mas aun cuando nunca lo había hecho y podía correr el ligero riesgo de realizarlo mal y tener contacto con su sucio traserito.

— ¡Muy buenos días querido Manolo, aquí tienes tu desayuno en la comodidad de tu cama!— expresaba una sonriente Andrea acomodando el plato en la mesita que se encontraba a un lado de la cama para disponerse a darle un hechizante beso en la mejilla izquierda al joven.

Andrea deslizó los labios por la mejilla de Manolo hasta lograr sobresaltarlo producto de que había terminado por rozar con los suyos los labios del joven.

— ¿Ves que sí puedo ser muy educada? ¡No puedes ahora negar que te estoy consintiendo Manolete!— le comentó divertida al leer claramente el nerviosismo que reflejaba el semblante del joven.

— Aummmmm— bostezó Manolo para ganar tiempo y de paso ocultar, desaparecer sus nervios.

— Es raro en ti pero admito que es una agradable sorpresa, ojalá y fuera todos los días.

Andrea aumentó la hermosa sonrisa plasmada en su rostro. Ambos sabían que ese repentino cambio no duraría por siempre, tan solo el tiempo que faltaba para su próximo cumpleaños; ese era el motivo por el cual la astuta chica andaba tan melosa con el joven.

Sus quince años se encontraban a la vuelta de la esquina y se estaba aplicando a fondo con tal de lograr un magnífico regalo por parte del joven.

Andrea se lanzó a la cama encima de Manolo. Su largo cabello cubrió el rostro del muchacho que una vez mas se desesperó ante la cercanía de la chica, ante su esencia y el contacto de su divina piel. Con extrema y cuidada cortesía la hizo a un lado y pasó a examinar su desayuno, el mismo que una orgullosa Andrea le había llevado.

— ¡Yo solita los preparé!— le confesó Andrea recostada y apoyada por el codo en la cama.

El joven le sonrió. La intención era lo que tenía validez para él y esta era que su hermanita, la hermosa Andrea le había preparado y llevado el desayuno a la habitación pero dicho desayuno no se veía tan apetecible.

Se trataba de dos sándwiches mal embutidos; Andrea los rellenó con jamón y trozos de queso y cebolla hasta no poder caber ya más en los panes.

— ¡Come!— le sugirió la chica.

Manolo sabía que no podía ni siquiera en broma comentarle lo mal que le habían quedado aquellos sándwiches a lo que se aplicó a desaparecerlos y para ello tuvo que tragárselos.

— ¿Y ya pensaste en mi regalo de cumpleaños Manolete? ¡Tiene que ser algo sensacional, algo que en verdad logre sorprenderme!;

— Recuerda que ya no soy una niña o sea, no puedes ya engañarme Manolín. Cumpliré quince años Manolo. ¡Quince!— comentaba muy emocionada la jovencita mientras su hermano luchaba con el prototipo de sándwich.

— Recuerda que solo dispongo de unos ahorros y de mi sueldo. Ten en cuenta que aunque lo deseo, no podré regalarte un palacio— le aclaraba el chico mientras observaba con disimulo a la hermosa Andrea y se repetía internamente— ¡No, claro que ya no eres una niña!;

— ¡Cierto!— contestó Andrea— Pero tampoco me quieras ver la cara. Siempre me haz dicho que soy tu adoración así que demuéstralo. Tiene que ser algo que deje con la boca abierta a Nersy por que ella sí va a tener fiesta de quince años, en cambio, yo no— comentó desilusionada.

— ¡Y es tu culpa Manolo, por tu culpa no tendré fiesta!— añadió responsabilizando al joven.

— ¡No comiences de nuevo Andrea!— le advirtió Manolo— Ambos sabemos que la única culpable eres tú. Si no le hubieses gritado a Graciela: “Bestia” en plena calle, si no le hubieses arrojado huevos podridos junto con Nersy, si no le hubieras restregado en la cara lo hermosa que eres y lo horrible que ella es ante ti, si no le….

— ¡Ay yaaaaaaaaa Manolo no te arruines tu desayuno!— lo cortó Andrea.

— Si no hubieses hecho eso y mas, quizás estaríamos hablando de la organización de tu fiesta— complementó Manolo.

— ¡Bah!— se expresó Andrea subiendo con gracia los hombros— No dije más que la verdad. ¡Graciela es una Bestia y yo soy una Diosa! ¡Debería pasarse todo el día adorándome, postrada a mis pies, besando el suelo que yo pise!— dijo con un sorprendente orgullo.

— ¡Entonces no te quejes!;

— ¡Sí me quejo por que no es justo, mamá no quiere gastar dinero en mi fiesta, esa es la puta razón por la que no tendré una digna festividad y tan solo se valió de estupideces de la Bestia para suspender mi fiesta y joderme!;

— Que yo recuerde te ofreció que si te disculpabas ante tu hermana habría fiesta.

— ¡No digas tonterías Manolo! ¡Andrea Mendoza nunca pide perdón por nada ni a nadie y menos por decir la verdad! ¡Graciela es una Bestia y yo soy una Diosa! Su sola presencia me ofende. Además no necesito el apoyo de mamá. Tú podrías costear mi fiesta, solo es cuestión de que te animes y te arriesgues.

— ¡Vamos amor, tú bien sabes que eso no es posible, qué mas quisiera poder pagar la fiesta de tus sueños!— habló Manolo con la voz entrecortada, acariciándole la mejilla a una resentida Andrea.

— ¿No tendré fiesta Manolo?— preguntó la chica sin poder evitar las lágrimas.

— Solo si te disculpas con tu hermana. Es lo que impuso mamá, lo siento en el alma y tú lo sabes bien.

— ¡DEBISTE INTERCEDER POR MÍ MANOLO!— le gritó llorando.

— ¡Vamos Andrea, sabes que lo hice hasta morir en ello! Mamá ha sido clara y firme y aunque yo quisiera pasar sobre ella y festejarte a lo grande, no me alcanza, teníamos un trato; mamá daría la mitad o más y yo el resto y tú te portarías bien. ¡Fuiste tú la responsable de tus actos!;

Andrea se refugió en los brazos del joven y rompió a llorar amargamente.

— ¡Venga preciosa!— la consoló el joven con un tierno beso en su cabello— Una disculpa no te va a deshacer y aun podemos ganarle al tiempo y organizar algo digno para ti.

— ¡Noooooooooo no no no no y no Andrea Mendoza nunca se disculpa!— se sostuvo Andrea en su postura.

— Entonces no hay más que hablar.

La chica subió los hombros y le dijo a Manolo— ¡Mas te vale regalarme algo que valga la pena o te odiaré por siempre, solo tu regalo me alegrará o me entristecerá mas en mi día, no lo olvides Manolo!;

El chico le besó sus suaves y delicadas manos.

— Ya verás que mamá tampoco se olvida de ti a pesar de lo mal que te comportas.

— ¡Me importa un cacahuate lo que piense y haga mamá! Seguro y me saldrá con su estúpido pastel de todos los años a modo de consolación pero sabes qué. ¿Sabes qué Manolo?;

— ¿Qué?— preguntó con cierto miedo el joven ante la intimidante mirada de la chica.

— ¡Sé que mamá me saldrá solo con su puto pastel, se lo arrojaré a la cara para que llore junto con su Bestia y si lo que tú me regalas no es de mi agrado, también te lo arrojaré o te lo estrellaré en tu cabezota y encima te gritaré: Bastardo! ¿Y SABES QUÉ?;

— ¿Qué?;

— ¡Termínate ya tu puto sándwich o no te vuelvo a preparar ni madres!;

— ¡Sí hermosa Andrea!— contestó Manolo llevándose a la boca lo que le restaba de su sándwich.

Ante aquella determinación de la chica, nada había que hacer ni opinar, tan solo complacerla y fue lo que hizo Manolo con una sonrisa en la cara al tiempo que meditaba preocupado qué obsequiarle a su afectada hermanita.

Tendría que conseguir el préstamo en el trabajo o donde sea pero él tenía que darle una sorpresa en verdad a su hermanita, algo que satisfaciera totalmente a la controvertida Andrea.

El día del tan esperado cumpleaños llegó. Andrea caminaba nerviosa por su habitación; Manolo ya debía estar ahí con su regalo.

Dos días antes la chica había tenido otro enorme pleito con su madre producto como siempre por insultar a Graciela, en resumen, Andrea había ofendido a su madre gritándole que no deseaba un estúpido pastel de cumpleaños.

— ¡MÉTETELO POR EL CULO!— le había gritado la chica corriendo y parando detrás de Manolo para que su madre no la golpeara pero aquella vez, Karina quedó atónita ante el descaro y la rebeldía de la menor de sus hijas.

La señora lloró ante la crueldad mostrada por su hija hacia ella.

— ¡Bah, ya verás como al final me sale con el puto y clásico pastel! Yo fingiré que me agrada y zas, se acabó— le comentó risueña a Manolo en cuanto éste la reprendió.

— No estoy seguro Andrea, ésta vez la haz afectado demasiado, no te mediste y a final de cuentas será lo que tú tanto has pregonado. No tendrás tu puto pastel de cumpleaños.

— ¡A que sí!— lo retó Andrea, confiada en que su madre ignoraría y olvidaría la discusión por fuerte e intensa que haya sido y al no hacerle fiesta, le saldría finalmente con el pastel como cada año.

— ¡Vaya por fin! ¡Donde demonios andabas!— exclamó excitada Andrea al ver aparecer a Manolo.

— ¿Por qué no tienes mi regalo eh? ¿Es parte de la sorpresa?— lo interrogó silbando al final.

— ¡No, mira, pasa lo siguiente…!

— ¡MI REGALO MANOLO QUIERO MI REGALO!— lo cortó Andrea golpeando el piso con su sandalia y cruzada de brazos haciéndole entender que no estaba para bromas.

Manolo no tuvo otra opción que hablarle sin rodeos.

— ¡No lo tengo pero lo que sí tengo es el dinero!— se apresuró a responderle ante el claro enfado de la chica.

— ¡Se suponía que me darías mi regalo no el dinero! ¿Por qué no lo compraste?;

— Seré sincero. No supe qué comprarte y mi temor por entregarte algo que no sea de tu completo agrado se apoderó de mí así que ten, toma el dinero y podemos ir cuando gustes y comprar algo que te fascine.

Andrea silbó de admiración al romper el sobre y comprobar que la cantidad era más que considerable.

— ¡Buen chico!— bromeó con él revolviéndole el cabello.

Manolo respiró aliviado. Andrea no estaba enojada.

— Aunque Manolito, me decepciona tu limitada imaginación, mira que no atreverte a comprar algo para mí. ¿Es que no me conoces? ¿Qué no te sabes mis gustos? En fin, es comprensible. Siendo tan solo un hombre….Te encierras fácilmente— le dijo con aparente lástima.

— ¿No entiendo?;

— ¡Nunca entienden!— se burló Andrea.

— ¿Qué quieres decir?;

— ¡Naaaaaaaada Manolín naaaaaaada!— bromeó la chica abrazándolo coqueta— ¡Gra…..!— estuvo a punto de agradecerle tal gesto.

Manolo la miró conforme y tan solo opinó— ¡Ya sé, Andrea Mendoza nunca da las gracias!;

— ¡Jajajajajajajajajajaja!— se rió la chica con ganas— ¡Bien Manolo bien dicho!;

— ¿Y qué, iremos de compras?;

— ¡Ahhhhhhmmmmmm después, no tengo prisa, lo que me mataba era la curiosidad por saber qué te decidirías a comprarme pero dándome el dinero mataste el suspenso! Ahora ya no tengo prisa.

— ¡Lo siento!— se disculpó el joven. Andrea le dedicó una de sus mejores sonrisas.

— ¡Esperaremos a mamá y su puto pastel!— le comunicó Andrea su plan para la tarde— Ya después o mañana iremos a comprarme algo muy chido.

— No quiero desanimarte ni estropearte la tarde pero creo que ésta vez no habrá pastel.

— ¿Apuestas?;

— ¡No!— le dejó en claro Manolo.

Transcurrida la tarde y la noche, Andrea se encontraba sentada sobre el centro de su cama con las piernas cruzadas entre sí. Su madre había llegado y vuelto a salir con Graciela; para Karina fue un día mas de rutina y mas parecía ser el cumpleaños de Graciela que de Andrea pues centró mucho mas sus atenciones en la primera que en la segunda y menor de sus hijas.

No felicitó a Andrea en su día. No hubo pastel de cumpleaños. La señora le dio una dura lección a su hija y le demostró que si la quiso, ya lo había superado y ahora ese amor había quedado para el olvido. Karina ignoró a Andrea en su día de cumpleaños.

— ¡Ja, lo está haciendo de emoción, seguro y en nada que me sale con su: feliz cumple hijita!— le comentaba Andrea nerviosa a Manolo. Éste tan solo le sonreía. No fue así.

— ¡Venga Manolo, vamos para el cuarto, seguro y ahí golpea y en cuanto le abramos zas, aparece con todo y pastel! No fue así.

Ahora Andrea se encontraba tratando de ocultar que en verdad le dolía ser ignorada por su madre. Manolo entró a la habitación, ya era hora de dormirse; su cumpleaños había pasado totalmente desapercibido para su madre.

Andrea no resistió mas, ocultó su rostro entre sus manos y rompió a llorar. A Manolo se le partía el alma verla en ese estado. Él le había suplicado a su madre que no fuera tan dura con la chica pero fue ésta quien le había declarado la guerra a su madre a lo que no hubo quien hiciera cambiar de opinión a Karina quien en sus sueños y despierta aun recordaba los crueles comentarios de Andrea: ¡NO QUIERO TU PUTO PASTEL DE CADA AÑO! ¡NO SABES LO RIDÍCULA QUE ERES TÚ Y TU RIDÍCULO PASTEL, SON PATÉTICOS DE VERDAD!;

— ¿No hubo pastel Manolito?— habló Andrea muerta en llanto.

Manolo la abrazó fuertemente y permitió que la chica se desahogara. Ambos ignoraban que en la otra habitación, Karina al igual lloraba intensamente y era consolada por Graciela.

— ¡Pues al demonio, no lo quería, a dormir Manolo que mañana será otro día!— dijo finalmente Andrea refugiándose en el único en el que podía y quería confiar en esa casa, en su fiel Manolo.

Ambos se quedaron dormidos, abrazados en la misma cama pero Manolo lo hizo después de velar por un buen rato el sueño de la hermosa Andrea.

Evidentemente Andrea no quedó del todo satisfecha en cómo había transcurrido su cumpleaños y aprovechó que tan solo en unos días, Nersy al igual festejaba sus quince años.

Fue una fiesta muy emotiva la cual Andrea disfrutó tanto como Nersy y para cerrarla con broche de oro, descuidando a los padres de Nersy; ésta, Andrea y unas cuantas mas tuvieron su primer encuentro con el alcohol y sus efectos.

Manolo estaba con la boca abierta. El brusco ruido que producía una Andrea que caminaba de lado a lado lo avisó de que había llegado.

Manolo la contempló a medio camino entre la diversión, el asombro y el pánico de que su madre la vaya a descubrir. El hipo, el aspecto, su mirada un tanto perdida y despistada; todo la delataba. ¡Andrea estaba completamente borracha!;

— ¡Pero qué demonios, coño Andrea estás borracha!— exclamó visiblemente alterado Manolo.

— ¡Ahhhhhhhh sólo tantito….Hip!— respondió una atontada Andrea que de no ser por Manolo hubiese rodado las escaleras.

— ¡ANDREA!— exclamó Manolo— ¡Carajo, mamá te va a matar!;

— ¡Ahhhhhhhhh sólo tantito!— era lo único que alcanzaba a pronunciar la chica de manera mas que graciosa al brincar al hablar y señalarle a Manolo a la altura de su cara con los dedos de la mano, haciéndole ver que solo había tomado un poquito.

— ¡DÉJAME COÑO DÉJAME!— gritaba al ser sujeta por Manolo que cargando con ella le tapó la boca y se la llevó a su habitación. Para Andrea todo daba vueltas.

— ¡SUÉLTAME!;

— ¡Coño no grites y quédate quieta!;

— ¡Pero si la puta habitación gira Manolo! ¿Por queeeeeeeeee?;

— ¡Coño Andrea cállate!;

De pronto Andrea infló las mejillas y al mismo tiempo que rompió a llorar vomitó abundantemente. Manolo la tuvo que auxiliar para que no se ahogara con sus propios vómitos ni manchara con los mismos su largo y hermoso cabello.

— ¡Duele Manolo me dueeeeeeeleeeeee!— lloraba la chica tocándose el estómago— ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh ayyyyyyyyyyyyyyyy!— se quejaba con tristeza Andrea doblada sobre sí misma.

Una vez más Manolo no permitió que la afectada chica terminara revolcándose sobre sus propios vómitos en el piso. La levantó y al hacerlo Andrea giró bruscamente quedando de frente a Manolo. Andrea volvió a vomitar ésta vez encima de su hermano.

El joven no le dio mayor importancia a los repulsivos vómitos; la prioridad, su prioridad era Andrea y tenía que auxiliarla, cuidarla hasta lograr tranquilizarla.

— ¡Andrea por Dios recuéstate, anda mi cielo, solo recuéstate!— le suplicaba tiernamente el joven.

— ¡PERO LA CAMA SE MUEVE MANOLO, SE MUEVE LA PUTA CAMA!— gritaba histérica la chica.

— ¡Sí, claro, la cama, la habitación; solo tú no te mueves, venga coño, ya acuéstate!— dicho esto Manolo optó por empujarla con tan mala suerte de que la pobre al estar de todo menos quieta, tan solo y giró por su cama para terminar en el piso.

— ¡MALDITO HIJO DE PUTA!— proclamó bendiciones Andrea sin comprender exactamente lo que decía y a quien se lo decía.

El joven no pudo evitar reír al verla quizás por el impacto del golpe un tanto mas calmada, al menos callada. Se quitó la playera y entonces la levantó del piso, con sumo cuidado la depositó en la cama, la descalzó y estaba a punto de apartarse para dejarla dormir en cuanto Andrea lo sorprendió.

De un brinco, la chica quedó sentada sobre su cama, sujetó a Manolo por el cuello, se lo rodeó con las manos aprisionándoselo. Sus miradas se cruzaron por momentos, la distorsionada de Andrea y la confundida de Manolo; Andrea lo besó en los labios.

Un perplejo Manolo luchó por liberarse pero Andrea no se lo permitió al afianzarse con mas fuerza de su cuello y atraerlo para sí misma al cruzar sus piernas y con éstas colgarse prácticamente de la espalda de Manolo.

El joven terminó en la cama encima de la chica pero solo fue por un instante. Andrea lo hizo girar una vez mas para ser ella quien terminara sobre Manolo, lo besó profundamente en los labios, el chico lejos de percibir el cítrico y amargo sabor proveniente de los labios de Andrea producto de haber vomitado; se sintió indefenso, desarmado.

Muchas reacciones se pudieron haber generado de su parte pero lo único que sucedió es que Manolo permaneció paralizado ante el encanto de Andrea. Manolo quedó a la santa voluntad de la chica aunque la moral y la integridad del joven se vieron guardadas y refugiadas gracias al alcohol quien fue su aliado pues Andrea se quedó dormida con sus labios sobre los de Manolo.

La hermosa chica como por arte de magia ahora roncaba e hipaba al mismo tiempo encima de un todavía asustado Manolo que al intuir que Andrea no despertaría ni con bomba no se lo pensó mucho y le robó un último beso para saborear de nuevo ese mágico contacto con los labios de la chica.

Lejos quedaba para él cierta repulsión que se podía crear al haberla visto vomitar. El joven la dejó descansar y la apartó de su cuerpo al recordar y temer vagamente que Andrea inconscientemente pudiera volver a vomitar.

Manolo apartó el fugaz y a la vez profundo contacto con Andrea por dos razones: su moral lo atacaba y los repulsivos vómitos plantados obscenos en el piso y presentes en su playera que al igual yacía en el suelo le recordaron que solos no iban a limpiarse ni mucho menos a desaparecer a lo que se aplicó a la limpieza y a no dejar rastro de que su madre y hermana descubrieran a Andrea en tal estado.

— ¡Buenos días señorita, aquí su desayuno! ¿De tomar, cerveza o tequila?— saludó Manolo irónicamente a Andrea al día siguiente señalándole su desayuno.

— ¡Ahhhhhhhh Manolo no hables tan fuerte y no abras la ventana!— se quejó Andrea con el cabello revuelto y cara de pocos amigos, prisionera de una señora resaca.

— ¿Pero por qué? Si la abrí— Manolo hizo una pausa y acercándose a la chica le hizo una seña con los dedos juntos, similar a la manera de expresarse de ésta y burlándose de ella añadió— ¡Sólo tantito!;

— ¡Imbécil!— contestó la chica indignada— ¡Llévate eso, no quiero nada de comer!— dijo Andrea eructando y escupiendo al piso al sentir aun una sensación amarga en la boca.

— ¡No no no no no nada de eso, necesitas recobrar fuerzas y yo te necesito lo mejor posible para que mamá no se de cuenta de nada!;
A base de ruegos, cosquillas y demás Manolo consiguió que la chica terminara su desayuno.

— ¡Venga Andrea traga, sigue tragando y no se te antoje vomitar, no fue agradable que lo hicieras encima de mí!;

Andrea se echó a reír y dejó de inflar las mejillas pues se la había pasado jugando con el joven haciendo ademan de vomitarle o escupirle el desayuno.

Manolo consideró que justo ahora era el momento de reprenderla; eso sí, suavemente, a modo de consejo, de charla.

— ¡No quiero que se vuelva a repetir!— le dijo casi rogándole.

Andrea le dedicó una de sus clásicas sonrisas y al final contestó— No te puedo asegurar nada; además, se que cuento con tu apoyo; además— la chica frunció la ceja y entonces enfrentó a su hermano— ¿Y cómo tú Manolo? ¿Sólo tú puedes emborracharte?;

— ¡Por Dios Andrea, te llevo ocho años!— se defendió Manolo.

— ¡NO SOY UNA NIÑA!;

— ¡No, no lo eres pero ocho años son ocho años mas de experiencia! ¿Es que no te das cuenta del peligro que corres al andar por ahí toda trastornada?;

— ¡Ahhhhhhh bájale Manolo!— contestó Andrea riendo, haciendo un gracioso gesto con su mano al subirla y bajarla.

— ¡No Andrea, esto es serio, pudieron atropellarte, pudieron lastimarte, muchas cosas lamentables pudieron sucederte; no siempre vas a correr con suerte!;

— Atropellarme no porque me trajeron grandísimo bobo.

— ¿Quién te trajo?;

— ¡No lo se pero me trajeron!;

Manolo se le acercó aun mas, le tomó las manos y se las besó suplicándole— ¡Por favor cariño, te lo ruego, no vuelvas a hacerlo por favor!;

— ¡Yaaaaaaa Manolo no seas patético no es para tanto!;

— De seguro te engañaron, le echaron algo a tu bebida sin que te percataras— insistió Manolo en responsabilizar ahora a cualquiera excepto a su hermanita.

— No Manolo, nada de eso. ¡Con Andrea Mendoza nadie juega!;

— No te confíes Andrea, de seguro y una misma de tus disque amigas te gastó una mala broma y te emborracharon a propósito.

— ¡Que no Manolo, a mí nadie me engañó!— contestó la chica alzando la voz— Todas bebimos parejo y todas quedamos igual incluso Nersy no alcanzó a llegar ni a su cama; yo como soy muy comprensible me preocupé por llegar a casa, es todo, no hay a quien culpar Manolo; además no me arrepiento de nada, solo de vomitar porque se siente horrible— confesó divertida.

— ¡Y además te gustó!— le comentó bromista a su hermano.

— ¡No digas tonterías, cómo va a gustarme admirarte en tal estado!;

— ¿Y el beso? ¿No te gustó que te besara?;

Manolo quedó como una hoja de papel, blanco y frágil. La chica se acordaba.

— ¡Dios!— pensó Manolo— ¿Y si también recuerda que la besé cuando según yo, ella dormía?;

Ante tal reacción de Manolo, Andrea echó a reírse mirándolo con picardía y burla.

— ¡Ayyyyyyy Manolo creo que aquí tú fuiste el único que no durmió pensando en mi beso jajajajajajajajajajajajaja!;

— ¡No es gracioso Andrea, somos hermanos, no vuelvas a jugar conmigo de esa forma!;

— ¡No somos hermanos pendejo, te encontramos; bueno, mamá dio contigo en el basurero y tu cara lo dice todo, no te gustó, te encantó que te besara y a mí digamos que no me disgustó aunque te hago responsable de lo que hayas podido hacerme!;

— ¡Yo estaba bajo los efectos del alcohol y solo recuerdo darte un inocente besito, de ahí quedé fulminada así que no sé, quizás por ahí y me seguiste besando o fuiste mas lejos y me desvestiste o te salió lo pervertido que llevas dentro y abusaste de mí!— se burlaba Andrea haciéndose la asustada y sembrando aun mas dudas en el joven.

— ¡BASTA ANDREA!— fue todo lo que Manolo contestó dada por finalizada la charla. Era lo mejor para él pues se encontraba sumamente nervioso ante la chica.

— ¡Eyeyeyeyeyeyeyeyeyey! ¿A dónde diablos vas?— le preguntó riendo al ver que éste optaba por abandonar la habitación.

— Por ahí, no eres mamá para que te brinde explicaciones.

— ¡Pues por ahí nada, te quedas conmigo para que me acaricies los pies, eso me relaja; áaaaaaaaaaaaaandale Manolo!— insistió berrinchuda al no ver a éste tan convencido.

Finalmente Andrea permaneció recostada bocabajo, hojeando una revista de moda: “Vanidades”. La chica de vez en cuando miraba riendo a su nervioso hermano que se encontraba sentado en el piso junto a la orilla de la cama por donde se situaban los pies de Andrea.

Manolo se los acariciaba con tanto mimo que hacía sentir dichosa y orgullosa a la altanera chica que jugando maliciosamente con el joven, se hacía a la descuidada para rozarle una que otra vez, las mejillas con los dedos de sus pies a un aparente ofendido Manolo que tenía la cara encendida de vergüenza pero que lejos de ofenderse por el contacto y la esencia de los pies de Andrea, luchaba por ocultar y controlar su excitación. Suerte que Andrea no lo miraba fijamente.

Andrea se quedó dormida y Manolo respiró aliviado pues por fin se podía retirar. Lo que tenía al joven tan preocupado era que en uno de esos contactos entre su nariz, mejillas y los pies de Andrea; no resistió más y había eyaculado.

Andrea lo observó extrañada por un segundo al sentir y mirar a Manolo temblar pero no se percató de que el joven acababa de eyacular. Pensó que aquella cara roja era producto de la incomodidad y ofensa que ella le ocasionaba al estarle restregando intencionalmente los pies en el rostro.

Manolo al levantarse respiró con profundidad entre las plantas de los pies de Andrea que dormía profundamente y se retiró del cuarto.

La adicción de Manolo por los pies de Andrea era cada vez mas fuerte a lo que no satisfecho mandó al demonio a sus fantasmas de la moral, se encerró en el baño con unas zapatillas plateadas de Andrea; las mismas que había lucido en la fiesta de Nersy.

Se arrodilló pegado a la pared, se adaptó a la cara unas bragas color rosa. ¿De quien? ¡Pues de Andrea! De manera que la zona que hace contacto con el divino tesoro de la chica quedara a la altura de su boca y de su nariz, haciendo espacio para enterrar el rostro en el interior de la zapatilla y ahí Manolo, en el silencio y la intimidad se desahogó eyaculando potentemente.

Cómo siempre terminó sollozando al sentirse sucio moralmente, al sentir que traicionaba a su querida Andrea al comportarse como lo hacía, al satisfacer sus bajas y extrañas pasiones pero ante todo lloraba por que cada día que pasaba deseaba como un loco devorarle los pies a Andrea a besos a lo que sin control se dispuso a besar y lamer el interior de las zapatillas de Andrea hasta lograr calmar su ansiedad. Entonces con cuidado se retiró del baño acomodando las braguitas y zapatillas en sus respectivos lugares.

Acechó a Andrea y ésta dormía como un angelito, se sintió miserable por sus inmorales y raros placeres, le pidió perdón en silencio y decidió salir a fumarse un cigarrillo.

Continuará……………………………………….

viernes, 17 de agosto de 2012

SOBRE NUEVAS PUBLICACIONES

Ante todo un cordial y sincero saludo a todo aquel que se tome su tiempo para leer éstas líneas y mi eterno agradecimiento por el interés hacia este sitio y por lo tanto mis historias.

Se que ya he mencionado esto antes pero creo necesario e importante retomarlo de nuevo. RelatosBlack no está muerto!!! Pero tampoco de parranda, la ausencia ha sido larga y de nuevo agradezco a quien se muestre aun interesado en la continuación de mi última historia publicada: La Diosa, La Bestia Y El Bastardo.

Nuevamente no voy a describir mucho menos afirmar una fecha exacta para regresar a la acción pero en verdad que ese momento se encuentra mas cerca que nunca, prueba de ello es que ya tengo listo cuando menos el primer capítulo de la segunda etapa de dicha historia, es poco pero es algo, en breve espero ya ir reorganizándome por completo para continuar en transcribir los siguientes capítulos por que la historia está concluida mas no transcrita.

Motivos de salud, familiares y personales me han mantenido apartado del mundo BDSM que forma parte de mi vida y del FEMDOM que se desprende de tal pero ya ni al caso viene lamentarse sino a trabajarle con pasión por lo que me emociona y atrapa.

Sin mas quedo pendiente con todo aquel que aun espera la continuación de ésta historia.

BLACK. 

sábado, 17 de diciembre de 2011

LA DIOSA, LA BESTIA Y EL BASTARDO 4


— ¡Dale Manolo apúrale!— le exigía Andrea medianamente divertida, medianamente con una expresión de asco.

La niña a sus once años no hacía muchas cosas por sí misma; entre ellas, no se limpiaba después de ir al baño si no era con la ayuda de Manolo que siempre era quien terminaba haciendo todo pues la niña no cooperaba pero ni moviendo un solo dedo.

¡Bendita cruz con la que cargaba Manolo! Pero la resistía y se llenaba de dicha con una sola sonrisa siquiera de burla por parte de Andrea que cruzada de brazos apresuraba a su hermano.

— ¡Que te apures Manolo, cómo eres lento!;

El joven ni siquiera hablaba; limpiarle el culo a una niña de once años por mas que se le quiera, no es una labor ni fácil ni divertida y Manolo así lo entendía pero ni en sueños se le pasaba dejar de realizar tal labor con su hermanita a quien acompañaba hasta el baño; así las cosas.

Manolo se mantenía por deseos de Andrea, de espaldas a ella mientras defecaba o meaba y le divertía ver el rojo rostro de incomodidad, vergüenza y asco en el joven que se controlaba para que las náuseas no lo traicionaran.

Enseguida que Andrea terminaba con sus necesidades tan solo y se limitaba a cruzarse de brazos y darle entonces ella, la espalda a Manolo y era el turno de éste para arrodillarse y limpiarle el trasero a la niña que el solo pensar en un ligero contacto entre sus heces, el papel higiénico y sus delicadas y suaves manitas la volvía loca pero claro; el permanecer de pie mientras el joven lo hacía por ella, mientras le dejaba impecable su trasero; se le hacía muy divertido.

Por ese día Manolo culminó su labor de limpieza, sonrió un tanto sangrón y sorprendió a una despistada Andrea que se entretenía chiflando.

— ¡Listo niñita!— le dijo riendo al momento que le propinaba una cachetada en sus blancas nalguitas.

— ¡ATREVIDO!— gritó Andrea graciosamente al mismo tiempo que brincaba asustada tallándose sus nalguitas.

Siempre era lo mismo, terminaban jugando de aquella manera; a Manolo lo mataba la risa que le producía el sorprender a la niña cacheteándole las nalgas y mas aún le divertía la expresión de ésta, la cara roja que ponía y el cómico salto que daba para centrarse en frotar sus nalgas que mostraban ligeramente la marca de los dedos de Manolo.

— ¡ATREVIDO!— volvió a gritar Andrea ligeramente indignada sin dejar de tallarse las nalgas. Siempre trataba de evitar la cachetada y siempre Manolo terminaba descuidándola y sorprendiéndola.

En ese momento llamaban a la puerta. Manolo se puso en pie, se lavó las manos y salió apresurado a ver de quien se trataba, no sin antes bromear con Andrea.

— Descuida niñita, no tardo y con gusto también te visto.

— ¡Ja-ja-ja!— se rió de mala gana la niña mientras se ajustaba su ropa interior y su faldita.

Andrea aprovechó la ausencia de Manolo para molestar a Graciela; observó sus heces flotando en el inodoro, escupió y las miró con asco unos segundos más. Entonces llamó a gritos a su hermana.

— ¡Graciela Graciela rápido veeeeeeeen, por fa!;

Graciela escuchó desde la cocina los gritos de su hermanita y al mirar que Manolo continuaba en la puerta platicando interesado con un vendedor, decidió averiguar que diantres quería su odiosa hermanita.

— ¿Qué demonios quieres?— le preguntó asomando la cabeza desde la puerta del baño.

A Graciela se le hizo hasta cierto punto raro el que no la haya llamado “Bestia” y le pidiera que por favor acudiera a su llamado.

— ¡Pasa Graciela pásale!— le dijo Andrea invitándola a acercarse junto a ella.

— ¡Qué quieres!— insistió Graciela cortante.

— Mira, observa— le respondió señalándole el interior del inodoro donde continuaban flotando sus heces.

— ¿Qué, te volviste loca?— se burló Graciela de ella— ¿O es que ni siquiera girarle a la llave puedes? Conmigo no van las estupideces que divierten a Manolo. ¡Déjame en paz si no quieres que te haga chillar!— dicho esto optó por retirarse pero Andrea insistió.

— No, ya en serio, acércate, solo obsérvalas.

— ¿Qué coño tengo que observar?;

— ¡Pues mis heces; qué mas haz de observar!;

— ¿Te sientes bien?— la interrogó Graciela que a final de cuentas había mirado con repulsión los soretes flotantes de Andrea en el inodoro.

— ¡Ese sorete, míralo bien, es el que mas se parece!— le comentaba Andrea muy divertida, a nada de romper a carcajadas. Graciela la miró sin comprender.

— Míralo bien. ¿Qué no te das cuenta Graciela? ¡Pero si ese sorete es idéntico a ti jajajajajajajajajajajaja!— estalló la cruel niña en una serie de carcajadas. La cara la tenía roja de tanto reírse.

Graciela permaneció sin lograr articular palabra por unos instantes, los cuales Andrea utilizó para ofenderla aun más.

— Le he dado vueltas y vueltas y no tengo duda, ahora que a Manolo se le pasó girarle a la llave me he convencido mucho mas.

— ¡Eres igualita a mis heces, eres taaaaan fea Graciela que si mis heces hablaran, creo que me reclamarían por compararte con ellas o sea, eres tan fea o mas fea que mis heces, incluso mis heces son mas lindas que tú, mira ese sorete, el mas feo y arrugado, ese sí que se parece a ti!;

Andrea centró su mirada por un momento en su hermana y su sonrisa fue en aumento, la había hecho llorar. Graciela sin poder evitarlo sentía correr por sus mejillas lágrimas y más lágrimas. Su hermanita la había humillado.

Graciela trataba de asimilar como era posible que aquella niña, su hermanita, no solo la detestara sino que al paso del tiempo, ideara más y más maneras de declararle su odio y su desprecio.

Las crueles carcajadas de la niña hicieron reaccionar a Graciela. Sus lágrimas se transformaron en rabia y sin previo aviso se le fue encima a Andrea.

— ¡Ma…!— Manolo había intentado gritar Andrea pero no le dio tiempo.

Graciela la castigó con un rodillazo en el estómago. Andrea se dobló sobre sí misma quedando de rodillas ante su fea hermana.

— ¡Vamos a ver si después de esto te sigues riendo, vamos a ver si después de esto te van a quedar ganas de seguir hablando de heces!— dicho esto Graciela arrastró a Andrea por los cabellos y la sujetó firmemente, a nada de distancia del inodoro.

La niña luchaba por no llorar del fuerte golpe, cortesía de su hermana y por liberarse de ella. Graciela no se lo pensó más; estaba decidida a meterle la cabeza a Andrea en el inodoro.

Su madre le daría la razón, siempre se la daba; le hundiría la cara entre sus propias heces, ese sería su castigo.

— ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!— gritó Andrea aterrada al leer la clara intención de su hermana que empujándole la cabeza con ambas manos, por poco y logra su objetivo pero Andrea logró reaccionar muy a tiempo. Se logró zafar de Graciela y gateando huyó pasando entre las piernas de ésta y ridículamente pretendía salir gateando del baño.

Graciela la interceptó en segundos y de nueva cuenta arrastrándola por su cabello pretendía hundirle la cara en el inodoro. Graciela estaba fuera de control y no se detendría hasta lograrlo.

— ¡Déjame déjame maldita; MANOLO MANOLO!— gritaba histérica Andrea dándole batalla a su hermana, forcejeando con ella.

Graciela no hablaba; todo indicaba que lo único que la calmaría era humillar a su hermanita de la aberrante manera en que había decidido hacerlo.

— ¡TE ODIO TE ODIO!— gritaba Andrea sin lograr zafarse de las garras de su hermana.

Graciela una vez más intentó su objetivo pero una vez mas falló. Andrea le mordió el brazo y logró conectarle un puñetazo con todas sus fuerzas en el estómago. Andrea creyó que era suficiente, cantó victoria y remató escupiéndole en la cara a Graciela; se dio la vuelta para marcharse tranquilamente pero no contaba que tan solo había logrado enfurecer aun más a su hermana.

Andrea pasó de la sonrisa burlona de victoria a un gesto de dolor y llanto en su hermoso rostro. Su hermana la abofeteó un par de veces y la niña no resistió el impacto de los golpes. Se desplomó al piso y al hacerlo se golpeó la cabeza en la pared.

— ¡YA YA YA YA YA DÉJAME ME DUELE MUCHO ME DUELE!— gritó Andrea revolcándose de llanto.

Graciela no se detuvo; comenzó a apretarle el cuello. Andrea la miró aterrada, su mirada perdida, no podía respirar; intentó balbucear que se detuviera, imposible; no podía hablar. Sus manos dejaron de tratar de lograr que Graciela la soltara.

Andrea sentía que no podía más y Graciela no se detenía, continuaba estrangulándola; sus ojos inyectados de furia y rabia estaban clavados en la mirada perdida y derrotada de la niña que se estaba despidiendo de su mundo.

Graciela la soltó justo a tiempo de que llegase a ahogarla, a nada estuvo de matarla; continuó dándole suaves cachetadas en el rostro para asegurarse de que seguía con vida.

Andrea estaba viva pero era como una muñequita de trapo, le costaba respirar. Graciela la contempló en el piso, a sus pies y no se conmovió. La tomó por el cabello con una asombrosa facilidad; Andrea en verdad que parecía de trapo y su hermana la situó frente al inodoro, sonrió maliciosa y la detuvo a centímetros del inodoro.

Andrea no se sentía en éste mundo, no opuso resistencia alguna, solo hacía falta que Graciela la soltara para que su tierno rostro terminase entre sus propias heces.

— ¡PERO QUÉ COÑO HACES!— gritó enérgicamente Manolo que en un dos por tres arrebató a Andrea de las garras de Graciela.

Manolo se alteró al ver a la niña respirar con dificultad. Graciela se le fue a golpes a su hermano intentando tomar a Andrea para de una maldita vez, terminar lo que había estado desde hacía un buen rato tratando de realizar. Manolo la empujó.

Graciela enfureció al sentirse y saberse incapaz de lograr su objetivo con la intervención de Manolo. Entre llantos histéricos Graciela le contó a Manolo todo lo que Andrea le había dicho y rabiosa salió del baño.

Manolo miró fijamente a Andrea. La niña se había recuperado; estornudaba y levemente sonreía. Manolo sintió pena por Graciela y le dolió en el alma asimilar los crueles sentimientos de la niña hacia su hermana.

— ¿Es cierto, es cierto todo lo horrendo que asegura que le gritaste?;

La niña asintió. Manolo la soltó y ésta volvió a golpearse aunque suave, la cabeza en el piso.

— ¡Ayyyyyyyyyyyyyy idiota ten cuidado que la Bestia me dejó un poco débil, necesito recobrar fuerzas!;

— ¡Oye oye oye qué haces!— le dijo impidiendo que el joven le gire a la llave.

— ¡Basta Andrea, basta por favor!— le advirtió Manolo. Andrea se abrazó a él.

— ¡Vamos Manolito, tú eres incapaz de pelear conmigo, por eso te quiero mucho!;

— ¡Eres una maldita tramposa!— le recriminó Manolo que nada podía hacer ante una caricia de la niña.

— ¡Míralas Manolo! ¿A poco no es cierto?;

— ¿Qué?— preguntó torpemente el joven.

— ¡Pues qué mas burro, que mis heces se parecen a Graciela! Aunque estoy confundida; ¿Son mis heces mas bonitas que Graciela? ¿Graciela es más fea que mis heces? ¿Tú que opinas?;

Manolo le giró a la llave ante la desilusión de la niña.

— ¡Adiooooooooooooooooossssss Gracielaaaaaaaaaaaaa!— gritó muerta de risa girando la cabeza mientras veía desaparecer el último de sus soretes.

— ¿Sabes Andrea?— le habló Manolo.

— ¿Qué?;

— Si Graciela hubiera logrado hundirte la cabeza, nadie se lo hubiese reprochado.

La niña frunció la ceja enojada.

— ¡No digas estupideces, me muero solo de pensarlo!;

— ¡Pero es que no puedo creer que seas tan mala con tu hermana Andrea, será posible que…!

— ¡Yaaaaaaaaaaaa Manolo!— lo cortó la niña volviéndolo a abrazar— ¡Tú siempre me salvas Manolo, ándale, hazme caballito y piénsale qué le vas a decir a mamá para que no me castigue!;

Andrea montó sobre la espalda del joven y se dirigieron a la sala. No hubo necesidad de enfrentar a su madre. Tal fue la humillación que sufrió Graciela que ella misma pidió a Manolo no decir una sola palabra a su madre, tal fue su trauma que lo único que deseaba era no volver a hablar de aquel punto.

Así marchaba el tiempo en aquella casa y sus habitantes. Andrea cada vez se ensañaba más y más con su hermana. En algunas ocasiones Manolo la salvaba pero en otras tan solo llegaba a consolarla después de que Graciela le diera una buena paliza.

Andrea repitió la burla a Graciela de compararla con sus heces; una vez más Graciela intentó golpearla y una vez más Manolo lo impidió. Graciela se la pasó llorando en su habitación y Manolo permaneció muy molesto en el mueble de la sala. Andrea se dirigía a él con la clara intención de fastidiarlo.

— ¡Sigue tu camino, no estoy de humor, ésta vez sí que te haz pasado!;

— ¿Por qué, por decir la verdad? ¡Así es! Graciela se parece cada vez más a mis heces. Manolo la ignoró.

Andrea hizo ademán de marcharse para terminar sorprendiendo al joven echándose sobre sus piernas a tiempo que se subía la falda y se golpeaba burlona sus nalgas.

— ¡Tienes razón Manolo, soy una niña muy pero muy mala! ¡Adelante Manolo, castígame, no tengas piedad, edúcame para ser una niña buena!— le decía entre risas.

— ¡ANDREA!— exclamaba Manolo empujándola al piso para que bajara de él.

— ¡Jajajajajajajajajajaja! ¿No querías reprenderme? ¡Pues ya está! Por qué no darle unas cuantas nalgadas a ésta niña mala— le comentaba burlona.

El joven optaba por alejarse de ella. A Andrea le divertía mucho esa escena pues claramente notaba en Manolo un enorme nerviosismo y excitación cuando se le tiraba en sus piernas.

A la niña no le pasaba desapercibido los apuros y la incomodidad por las que pasaba Manolo al entrar en contacto con su suave piel.

Andrea muy despierta y adelantada a su edad, le había confesado a Nersy que Manolo se mostraba nervioso cuando ella lo acariciaba y así lo seguía comprobando, en especial cuando se echaba sobre sus piernas y lograba notar la erección en el miembro del joven.

Manolo hasta temblaba cuando se daba aquella escena pues sabía que sin control o explicación alguna, simplemente no podía resistirse a los encantos y caricias de la niña Andrea.

Lo que mas le molestaba a Manolo era intuir que la niña estaba muy consciente de lo que provocaba en él. Andrea lo hacía cada vez con mayor frecuencia y picardía, lo hacía a propósito y con toda la intención de burlarse y provocar a su hermano. Inclusive lo había hecho en compañía de Nersy.

A Andrea le divertía bastante comprobar la excitación y el nerviosismo que provocaba en Manolo con el suave contacto de su piel.

Mas tarde, por la noche; Andrea no lograba conciliar el sueño, daba vueltas y vueltas sobre su cama quejándose conmovedoramente. Manolo la observaba con atención desde su cama que se situaba justo a lado de la de la niña.

Tales eran los quejidos de Andrea que Manolo había encendido la luz de la habitación centrando su atención en la niña.

— ¡Yaaaaaaa yaaaaaaaa por favoooooor!— hablaba Andrea inconscientemente sin dejar de girar sobre su cama.

Manolo bostezó; intuía que la niña de nueva cuenta sufría una de sus clásicas pesadillas.

De pronto pareció calmarse; el joven apagó la luz disponiéndose a entregarse al arrullo de Morfeo.

— ¡Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyy ya nooooooooooooooooooooo!— gritó Andrea histérica.

Manolo presuroso dio un brinco y encendió la luz; nada mas hacerlo Andrea se abrazó a él llorando potentemente.

— ¡Ya Andrea ya pasó amor, cálmate!;

— ¡Nooooooooo Manolo ayúdame, sálvame Manolo, no me sueltes!;

El joven estuvo a punto de reírse de ella pero se abstuvo al comprobar cómo la niña temblaba, se estaba muriendo de puritito miedo.

— Ten, toma un poco de agua— le ofreció Manolo.

Andrea respiraba aceleradamente, se acabó el agua y se acurrucó temblorosa entregándose al refugio de los brazos del joven.

— ¡Ya hermosa princesita, no pasa nada, venga, vamos a dormir!;

— ¡Nooooo Manolo es horrible, no puedo dormir!— le decía lloriqueando.

— ¡Bueno bueno, venga, cuéntame lo que te pasa para desahogarte!;

Andrea se acomodó sentadita a lado de Manolo sin dejar de abrazarse a él y le confesó el mismo relato de la misma pesadilla de siempre.

— Es horrible Manolo, no se por qué pero en mis sueños siempre aparece esa odiosa de Rebeca Padilla; todo es confuso pero al final, la imagen que siempre me queda presente es que una señora me obliga a arrodillarme ante Rebeca y a besarle los pies. ¡Los pies Manolo!— exclamó alterada— ¿Lo puedes creer? ¡Yo arrodillada ante la odiosa Rebeca Padilla besándole los pies ahhhhhhhhhhhhhhhh!— rompió de nueva cuenta a llorar amargamente.

Manolo la consoló sonriente mientras le acariciaba su cabello.

— Es solo eso Andrea, un sueño, bueno, una pesadilla pero nada más; los sueños buenos, malos o amargos no dejan de ser sueños; venga, no te alarmes.

— ¿Me lo juras Manolo? Tú nunca permitirías que alguien me hiciera daño. ¿Verdad?;

— ¡Claro que no hermosa!— le respondió el joven besándole las manos— ¡Venga chiquita a dormir!;

— Déjame dormir contigo— le susurró con ternura la niña, con los ojos llorosos.

— No— la cortó el joven nervioso.

— ¡Por favor!— casi le suplicó.
Manolo se extrañó. Si la niña le pedía “Por favor” solo indicaba una cosa: la niña en verdad se estaba cagando de miedo y Manolo se cagaba de nervios pues cada vez le costaba mas esfuerzo controlarse e ignorar la excitación que le provocaba el contacto con su hermanita. Pero cómo explicárselo a la niña.

A Manolo lo mataba la pena y cierta vergüenza. ¿Cómo podía ser posible que se excitara con aquella niña? Al final decidió joderse con sus nervios con tal de complacer a su adorable hermanita. Antes bromeó con ella.

— ¡Dale Manolo, déjame dormir contigo!— insistió melosa Andrea.

— ¿Qué pasa, tienes miedo?— la interrogó burlón.

— ¡Claro que no, solo quiero dormir ésta noche junto a ti, me apetece!— se defendió Andrea.

— ¡Qué bueno, por que Andrea Mendoza no le teme a nada, ni siquiera a una tonta pesadilla! ¿No es así?— continuaba con su broma.

— ¡Así es Manolo, no le temo a nada!;

— ¡Entonces duerme sola!— sentenció Manolo haciendo la intención de apartarla de su cama. Andrea se aferró a su hermano, de nueva cuenta temblaba y lloraba.

— ¿No que Andrea Mendoza no le teme a nada?— insistía Manolo en burlarse de ella.

La niña lo miró fijamente. ¡Yaaaaaa Manolo!— le dijo entre llanto. No quería aceptar una derrota frente al joven pero tampoco se sentía capaz de regresar sola a su cama.

— ¡Bueno coño vamos a dormir ya!— comentó el joven invitándola a acomodarse junto a él.

A Andrea le regresó el alma al cuerpo y una sonrisa se plasmó en su rostro.

— ¿Sabes por qué te pasa esto seguido?;

— No— contestó tímidamente Andrea. Después de unos segundos Manolo le respondió.

— ¡Por ser tan maldita con tu hermana!;

Al instante Andrea endureció la mirada. ¡Sucio Bastardo!— le dijo con rencor retándolo.

— ¡Sal de mi cama!— le ordenó Manolo. Andrea volvió a bajar la guardia, levemente inclinó su mirada clavándola en el piso.

— ¡Sal!— repitió Manolo.

— ¡Yaaaaaaaa Manolo!— volvió a lloriquear la niña.

Manolo bostezó y decidió que lo mejor sería dormirse.

— ¿Te portarás mejor con Graciela?; la niña asintió de mala gana.

— ¿Dejarás de llamarme como lo haces?; Andrea asintió de nuevo.

— Un besito de buenas noches, ¿No?— remató Manolo risueño.

Andrea se abrazó a él, lo besó; más bien lo mordió en el cuello y no se le despegó. Manolo respiró un tanto aliviado aunque sabía que Andrea podía jurarle mil y una vez mas que se comportaría mejor con todos; ambos también sabían que no sería así.

— ¡Otra vez Manolo otra vez, no puedo dormir!— le decía un poco mas tarde abrazada temblorosa a su hermano.

— ¡Cálmate ya Andrea, deja de portarte mal con Graciela y conmigo y verás como desaparecen tus pesadillas!;

— ¡DEJA DE MOLESTARME COÑO!— le gritó Andrea en plena oscuridad golpeando al joven en su 
pecho para terminar de nuevo llorosa y temblando, refugiada entre los brazos y el pecho de su protector.

— ¿Otra vez soñando con Rebeca?;

— ¡Sí Manolo! Cierro los ojos y la veo riéndose de mí, intento golpearla y una señora me lo impide, me hace arrodillar y me obliga a besarle los pies a Rebeca. ¡Ahhhhhhhhhhh es horrible Manolo!;

— ¡Venga, abrázate mas a mí, es solo un sueño, una pesadilla!— la consoló el joven.

Media hora después Andrea roncaba. Manolo continuaba velando su sueño acariciándole el cabello. La niña no había dejado de temblar ni de permanecer abrazada a Manolo hasta que logró conciliar el sueño. 
Había vuelto a prometerle a su hermano que no volvería a llamarlo Bastardo ni a molestar a Graciela.

Manolo se sonreía. Andrea dormía plácidamente abrazada a él. Manolo sabía que al otro día todo volvería a ser igual; nada cambiaría, la niña era odiosa con ellos cuando se lo proponía y eso era casi a diario y a todas horas pero el temor que invadía a Andrea cuando sufría aquellas raras pesadillas la hacía jurar lo que le impusieran.

Manolo se quedó dormido, abrazado tiernamente a la niña. Tenía que terminar de acostumbrarse a compartir su lecho con Andrea controlando su excitación cada vez que la niña sufriera con sus pesadillas.

Así transcurría el tiempo el cual por misteriosas razones, nunca se detiene y en su curso Andrea culminaba su educación primaria. Al final de cada ciclo escolar, la generación que egresaba ofrecía a padres y autoridades un sencillo pero digno festival como recuerdo de dicha generación y cierre del presente ciclo.

En coordinación con uno que otro profesor, el grupo de Andrea participó en dicho festival el cual no fue nada de otro mundo. Algunos bailables por aquí y allá, una sencilla obra de teatro; en fin, algo con qué matar el tiempo y cumplir con el aburrido protocolo de cada año.

Por Andrea solo acudió Manolo representando a su familia; el pobre casi se arrodilla ante su madre y Graciela con tal de que aceptaran acudir al festival de clausura de la niña pero Graciela dijo: ¡No! Y su madre Karina la apoyó.

A Manolo le dolía por que veía que aunque Andrea se hacía la fuerte y gritaba a los cuatro vientos que no le interesaban las atenciones de su madre, no era así. Manolo la había pillado una que otra vez llorando desconsoladamente en su habitación tras sufrir un rechazo por parte de su madre.

Karina por proteger a Graciela rechazaba a Andrea y eso a Manolo no le gustaba nada pues tristemente veía sufrir a Andrea y veía como el odio hacia Graciela y el desprecio y el desamor para su madre iban en aumento en el corazón de la niña que sí, era odiosa y egoísta pero a Manolo lo tenía secuestrado en cuerpo y alma.

Andrea no paraba de reír y posar para las fotos que Manolo y muchos mas le tomaban; todo un mundo de niños y niñas deseaban la foto del recuerdo a lado de la hermosa niña Andrea que lucía como una auténtica reina y que de hecho era la reina de aquella generación y como reina se encontraba presenciando dicho festival en un exclusivo lugar previamente acondicionado sobre un entarimado con una escenografía conformada por diversos paisajes dignos de mostrar de la ciudad.

Nersy era quien no estaba disfrutando del todo la clausura. La niña se resentía ligeramente al no haber quedado electa como reina pero no podía quejarse, la contienda había sido mas que justa.

Ambas eran las candidatas para ser reina de la generación pero las niñas para no ver amenazada su profunda amistad, desistieron en competir y acordaron dejar todo en manos de la suerte; un volado lo decidiría todo y el volado decidió que Andrea fuera la reina.

Los maestros respetaron la decisión de las niñas y las felicitaron por no desear competir ni rivalizar entre ellas; lo que estos no sabían era que también habían acordado que la perdedora sería la doncella de la reina. Nersy había perdido y por lo tanto se encontraba a los pies de la reina con la cara roja y los ojos llorosos.

Andrea estaba gozando de lo lindo y le divertía bastante observar a una apenada y ofendida Nersy a quien Andrea había responsabilizado de cuidar sus sandalias.

A lo lejos no se podía apreciar lo que acontecía desde lo alto del escenario que era en donde se encontraba la reina, de hecho, los padres de Nersy ni Manolo se percataron pero ahí en el escenario, Andrea permanecía cómodamente sentada en su improvisado trono y a sus pies sentadita en el piso alfombrado se encontraba Nersy que por deseos de Andrea, sostenía entre sus manos las sandalias de la reina.

— ¡Descálzame esclava, me apetece descansar los pies sobre mi escabel!— le había dicho Andrea muerta de risa.

— ¡Doncella suena mas decente!— se quejó berrinchuda Nersy.

— ¡Bien doncella!— continuó Andrea en plan chocante— Acaríciame los pies para disfrutar mejor del festival.

— ¡Ni lo sueñes!— le advirtió Nersy— Que te los acaricie tu escabel. ¡Que te los bese si así lo deseas pero a mí ya deja de molestarme!— concluyó la niña a nada de llorar.

Ilusionada con el festival de clausura jamás soñó en pasarlo a los pies de su amiguita Andrea pero habían apostado y había que cumplir y eso estaba haciendo.

Andrea le acarició el cabello a Nersy en plan reconciliador y alegre le susurró al oído— ¡Dale no te enojes es solo un juego, venga, no discutamos!;

— ¡Pues no te pases con tus burlas!— le reclamó Nersy apartando bruscamente su cabeza del acceso de las manos de la reina Andrea que muy divertida le ofreció el premio de consolación a la doncella.

— ¡Venga, no te di mis sandalias solo para custodiarlas… Puedes divertirte con mi escabel, adelante, dale un buen uso a esos taconcitos!— se rió Andrea a gusto al ver que había logrado contentar a su amiguita.

Manolo no perdía detalle alguno del festival ni de sacarle cuanta foto podía a su preciosa hermanita. Los padres de Nersy sin comprender muy bien qué papel desempeñaba su hija, al igual se la estaban pasando de maravilla pero del que no se tenía noticia era de Mauricio, de aquel niño gordísimo pero simpático que no parecía mas nada que lo que era, el perrito faldero de Andrea y por lo tanto también de Nersy.

Sus padres solicitaban inquietos por él mas aun cuando éste se negó a revelarles su papel a interpretar; les dijo que sería secreto y así en secreto quedaría.

Manolo había preguntado a Andrea por el niño para sacarle una que otra foto pues de verdad que la sola presencia del gordito era sinónimo de risa. Era un niño muy apuesto pero pasado enormemente de peso.

— ¡Ahhhhhhh no lo sé creo que se atragantó de tanto comer el infeliz jajajajajajajaja!— contestó divertida Andrea, riendo en complicidad con Nersy.

— ¡No seas mala con ese niño que te adora Andrea!— la reprendió Manolo.

— ¡Claro que me adora, para eso nació, para adorarme!— respondió grosera la niña— ¡Sale Manolo, te veo después del festivalucho!— concluyó partiendo a toda prisa en compañía de su amiguita.

Todos desconocieron el paradero de Mauricio y a muchos mas que desconocerlo, no les interesó saberlo. Solo Nersy y Andrea sabían en donde encontrarlo y ese sitio era justamente a los pies de Andrea, más exacto, Mauricio se encontraba debajo de las plantas de los pies de Andrea. Era su escabel.

El niño se cagaba de miedo pues por órdenes de Andrea; entre la mayoría de niños ajustaron con cuerdas a Mauricio por debajo del entarimado, lo aseguraron muy bien por debajo del trono de la reina, de manera que su cabeza era lo único que sobresalía y precisamente había quedado con la cara acondicionada como cojín al exclusivo acceso de Andrea que tan solo tenía que dignarse a levantar los pies y dejarlos caer para descansarlos en la cara del niño.

Nunca nadie se percataría del niño pues su cabeza estaba cubierta de los lados por un ingenioso cojín, tan solo dejándole libre, su frente, todo el centro de su rostro. La única manera de verlo era estar junto a Andrea y junto a ésta solo se encontraba Nersy.

Andrea y Nersy terminaron disfrutando como unas locas de su propio festival, el cual se resumió en torturar a Mauricio.

Andrea descansaba indolente las suaves plantas de sus pies sobre la gorda cara del niño; tragaba y tragaba bocadillos y después de que masticaba una que otra botana, apartaba tantito sus pies, se inclinaba, golpeaba en la mejilla al niño con la planta de su pie indicándole que abriera la boca y a continuación le escupía los asquerosos restos de botana.

Lo mismo hizo con el refresco; tomaba tantito, lo demás lo mantenía en su boca y al final se lo obsequiaba al niño escupiéndoselo directamente al interior de la boca de éste.

Nersy se entretuvo y se desahogó golpeando al niño en su rostro con los tacones y las suelas de las sandalias de Andrea hasta hacerlo llorar intensamente. Los chillidos del niño se vieron tapados por la música de los bailables y la algarabía de los presentes.

Andrea y Nersy como siempre, no se apiadaron del niño. Andrea lo cacheteó con las plantas de sus pies, le escupió comida en la cara al igual que también lo hizo Nersy, lo mantuvo besándole las plantas de sus pies y al final ignorando los lamentos de éste, se calzó las sandalias y se pasó el resto del festival restregando las sucias y rasposas suelas de sus sandalias sobre el lastimado y adolorido rostro del gordito que aun lloraba por los taconazos que Nersy le había propinado para quitarse el dolor de cabeza que le producía ser la doncella de Andrea siquiera sea como un juego.

Mauricio se la pasó perdidamente llorando como el niño que era pero fiel a los crueles deseos de la niña Andrea que le apeteció disfrazarlo como cojín, utilizarlo como su escabel y eso hizo; descansar en él las suaves plantas de sus pies y mas tarde las suelas de sus zapatos en el rostro del niño.

Cada quien sin duda recordaría de distinta manera aquel festival de clausura donde dijeron adiós a la primaria. Ahora Nersy y Andrea se preparaban para iniciar una nueva etapa en sus cada vez mas lejos infantiles y mas cerca juveniles vidas y Mauricio tan solo se encomendaba con ruegos y súplicas a Andrea para que ésta decidiera si algún buen día se dignaba a regalarle siquiera una migaja de su amor.

Una pizca de su amable atención y seguro que el gordito podía descansar eternamente feliz y rendido a los pies de su Diosa Andrea, la dueña de su hasta ahora corta vida.