sábado, 10 de abril de 2010

EL ENGAÑO 4

Gustavo permanecía totalmente indefenso, de rodillas y con los ojos cerrados ante la imponente presencia de Andrea quien con una malévola sonrisa le ordenó alzar los brazos y sin abrir los ojos el joven percibió como su amada Andrea lo despojaba de su camiseta al igual que después lo hiciera estirarse sobre el frío piso y cooperar para que pudiera sacarle los pantalones y zapatos, al final dejándolo completamente desnudo y de nueva cuenta a su merced, arrodillado ante ella y con los ojos cerrados, no hacía falta inmovilizarlo con esposas ni nada, Andrea a cada día que pasaba era mas consciente del poder y control que ejercía sobre Gustavo a lo que confiaba plenamente en que éste la obedecería así le ordenara que caminara sobre vidrios sin necesidad de utilizar ningún tipo de presión mas que una de sus hechizantes sonrisas y su maravillosa voz ordenándole en lo que deseara ser obedecida.

Al momento entraban de nueva cuenta a la oficina las otras tres bellezas, todas con guantes protegiendo así muy bien sus manos pues las malvadas chicas sin dejar un solo instante de sonreír en complicidad con Andrea habían llegado muy bien armadas llevando sujetas en sus manos unos cuantos bejucos, sí, unas enredaderas que se dan en climas cálidos y que es el nombre con que se les conoce a los pelos que cubren la parte exterior de los frutos de la planta y son amarillo-rojizos, rígidos, puntiagudos y algo brillantes y que para variar llegan a emitir un olor muy desagradable.

Un arma letal y un tanto ingenioso para castigar y hacer pasar un rato en verdad angustioso y de lo cual fue Andrea quien tuvo la brillante idea y quien se encargó de conseguirlos todo con tal de divertirse a sus anchas junto con las otras chicas a costa del sufrimiento y de la humillación de Gustavo pues éstas se partieron de risa al momento en que Andrea les comunicó su genial idea que no era otra mas que recibir a Gustavo, bautizarlo oficialmente como su mascota a base prácticamente de chicotazos con los bejucos, castigándolo sin consideración alguna al saber perfectamente Andrea que al pegarle con los bejucos Gustavo totalmente desesperado por la comezón que esto le produciría sin dudarlo se rascaría lo cual tan solo le produciría mucha mas comezón y desesperación pues si uno se lo rasca se lo entierra mas y da mas comezón y esa era justamente la cruel intención de Andrea, hacerlo sufrir y a medida de dicho sufrimiento aumentaría su cruel diversión.

Las chicas no tuvieron piedad de Gustavo al momento de utilizar los bejucos en su desnuda piel y que dichos pelos hacían el efecto letal del polvo pica pica. El pobre infeliz se retorció desde el primer contacto de su piel con dicho instrumento de castigo ideado por Andrea quien cómodamente observaba sentada toda desparramada en su reconfortable sillón cruzando una pierna de una manera tan sensual y disfrutando de un cigarrillo mientras se carcajeaba al ver a Gustavo arrastrándose y gritando patéticamente por toda la oficina mientras era perseguido por las chicas quienes se la estaban pasando en grande.

¡Piedad, por lo que mas quieran piedad!— imploraba el desgraciado de Gustavo arrinconado en una esquina de la oficina rascándose desesperadamente, gritando, aullando por la terrible comezón, espantado al percibir de lo que se trataba su dichoso bautizo.

¡Ay Gustavo pues fíjate que eso es lo que queremos!— se burló de el cruelmente Alejandra con un brillo especial en sus ojos, ese brillo que solo se lo podía otorgar la malicia y la perversión en la que se sentía envuelta en ese momento al tener a su merced llorando como un niño a su ex jefe que tantos ratos bochornosos la había echo pasar y ahora justamente era su venganza, una dulce y placentera venganza, la despiadada muchacha le sonrío con descaro y le reafirmó— ¡queremos joderte y verte arrastrarte a nuestros pies!;

Gustavo se sintió morir y no tuvo de otra más que rezar para lo cual no era muy bueno. Intentó soportar con dignidad lo que restara de su castigo pero fue imposible a lo que contribuyó notablemente para lograr que las chicas se carcajearan hasta más no poder. Se encontraba acurrucado en un rincón, llorando tristemente, inútilmente intentó de nuevo implorar piedad ésta vez a su Diosa Andrea quien lo ignoró por completo; Gustavo trató aún así de insistir una vez mas pero tan solo se oyeron unos tristes lamentos de desesperación pues Alejandra ya no le permitió hablar; teniéndolo frente a ella en el piso y a sus pies, levantó una pierna mostrándole a un aterrorizado Gustavo la latente amenaza de propinarle un brutal pisotón en plena cara y así lo hizo.

Gustavo tan solo fue testigo de cómo la bella Alejandra le sonreía con un desprecio absoluto mientras dejaba caer sobre su cara el pie intimidándolo aún mas con la sucia suela y el fino tacón de su sandalia para que al final le aplastara cubriéndole casi en su totalidad el rostro con la suela de su sandalia impidiéndole hablar y tan solo permitiéndole emitir un sin fin de lamentos pues Aceneth sin quedarse atrás le pisoteó la palma de su mano derecha con suma crueldad y sin otra intención mas que la de lastimarlo, se la aplastó con el tacón de su sandalia mientras se daba gusto en seguir atormentándolo con los bejucos por todo su cuerpo al igual que Liliana quien dio muestra de su crueldad al embarrarle los bejucos en los testículos y el pene al pobre Gustavo carcajeándose en verdad de una manera infame, cruel.

Las chicas dejaron de divertirse con Gustavo hasta que se cansaron, mas bien hasta que se fastidiaron hasta de reírse de el solo así se dignaron a dejarlo en paz.

¡Felicidades Gustavo ya eres nuestra mascota!— se burló Alejandra de el acompañando su lastimoso comentario dándole una patada en su estómago y riendo se marchó con las otras dos dejando a un maltrecho Gustavo en la oficina en compañía de Andrea quien tan solo participó en su tortura con su bella sonrisa aunque todo el plan fue ideado por ella.

¡Ay Gustavo pero que malas son esas niñas!— le comentó Andrea entre risas al ver retirarse de su oficina a las tres chicas y mirando burlonamente al joven que continuaba retorciéndose en el piso y llorando como un niño tratando de asimilar las crueles sonrisas que las chicas le obsequiaron dándole a entender lo satisfechas que estaban por el recibimiento que le habían dado a su querido ex jefe y reafirmándole lo que le esperaba.
Gustavo no tenía para cuando parar de quejarse; Andrea lo contemplaba a sus pies con desprecio y harta de sus lloriqueos le dijo en un tono seco y cortante— ¡ya no seas tan patético!— al momento le arrojó al piso a un lado de el un uniforme de limpieza color azul marino.

A ver Gus, para que veas que si pienso en ti aquí tienes algo para que te cubras— le dijo dulcificando un tanto su tono de voz pero sin dejar de hablarle irónicamente.

Gustavo le dio una rápida inspección al uniforme y contempló tristemente que la camisa llevaba bordado en la parte de atrás con letras muy grandes “GUS” justo en la parte de en medio y un tanto mas arriba llevaba “NUESTRA MASCOTA”, pero lo peor como también observó era que por delante la camiseta llevaba muy bien escrito, en letra no tan grande pero fácil de leer: “VIVO PARA DIVERTIRLAS Y SERVIRLAS MIS BELLAS AMAS, YO NO SOY MAS QUE SU PERRO, UN PERRO A SUS PIES”.

¡Sí, serás nuestra mascota!— procedió a explicarle una risueña Andrea al ver que Gustavo aún no asimilaba lo que se le venía mención aparte de que continuaba sufriendo las consecuencias de su bautizo— pero comprenderás que no vamos a pasarnos todo el día divirtiéndonos con tu desgracia, ¡hay prioridades mayores!; por lo tanto en cuanto no te ocupemos pues harás lo mismo que en mi casa o sea fregar pisos, paredes y baños y por lo pronto quiero ésta oficina como nueva sin un solo indicio de suciedad ni olores desagradables— concluyó la chica no sin antes añadir y compadecerse por fin tantito de su maltrecho ex novio al añadir— ¡puedes ducharte para terminar de aliviarte la comezón e inmediatamente te quiero ver trabajar!— dicho esto se marchó por un momento de su oficina dejando a Gustavo solo y sin darle chance a que éste se desahogara con ella que era lo que el pobre hombre deseaba, no reclamarle, ya no hacerla cambiar de opinión, no, tan solo hubiese deseado que le permitiera llorar a sus pies hasta calmarse y lograr siquiera una caricia al menos de lástima y de pena, pero la cruel Andrea no se lo concedió.

El pobre Gustavo se encontraba hecho un guiñapo física y moralmente, su mente era un caos total atormentada por su penosa situación pero mas que eso lo que verdaderamente le dolía hasta en lo mas profundo de su ser era que a pesar de que por determinados momentos intentaba vagamente de odiar a Andrea por ser a final de cuentas la causante de toda su desgracia, ¡era incapaz de hacerlo!; Gustavo percibía mas no entendía ni mucho menos comprendía en su totalidad que sencillamente el había nacido para servir y adorar a Andrea, no para odiarla ni siquiera para entenderla, mucho menos para juzgarla. Su mente era a cada instante bombardeada por los poderosos y mas bellos pensamientos y recuerdos de caricias y coqueteos por parte de su amada cuando el era el respetable Gustavo y aquello le causaba mucho mas sufrimiento y desolación al comprobar que la cruel muchacha se aprovechaba de ello jugando sin piedad con sus sentimientos, intuyendo y utilizando a su favor ese loco y quizás enfermizo amor que el sentía por ella todo con la infame intención de verlo sufrir y humillarse ante ella y su belleza.

Ese mismo día tan solo un rato transcurrido luego de su ya mencionado bautizo comenzó para Gustavo otra fase de su penosa y nueva rutina ahora en la compañía; después de dejar impecable la lujosa oficina de Andrea, enseguida se puso o mas bien se vio obligado a ponerse a las ordenes de las chicas que estaban mas que deseosas en comportarse despiadadamente con el tal y como lo hicieron pues en ese momento le fueron indicando sus ocupaciones aparte de encargarse de la limpieza en general lo utilizaban como mensajero para llevar carpetas y demás documentos de escritorio a escritorio obligándolo a desplazarse a cuatro patas como un perro. Le acomodaban la carpeta o documento en turno en la boca protegido con una servilleta para que éste las llevara sujetas con los dientes y así no babeara los papeles y después de darle una bofetada lo mandaban a entregarlo para que la chica correspondiente lo recibiera y lo despidiera por igual con otra dulce bofetada a modo de cumplido que tristemente el pobre de Gustavo debía agradecer.

Penosamente fregaba el piso justo a los pies de Liliana que felizmente lo contemplaba como el desgraciado se esmeraba a la vez ofendido a la vez miedoso en dejar más que reluciente el piso. Enseguida tomó el cubo de basura para lo cual se levantó y se disponía a retirarse cuando Liliana le habló en el tono mas educado que le era posible— ¡espera imbécil que aún no está limpio!— le dijo insultantemente; ¡al diablo con la educación!— habría pensado seguramente la hermosa huerita Liliana.

Gustavo la miró temeroso al inspeccionar rápidamente su trabajo y percatarse de que el piso brillaba de limpio. En ese momento Liliana asquerosamente escupió en el piso un pedazo de torta que había estado masticando y con una cínica sonrisa se lo señaló diciéndole— ¡ahí queda por limpiar!;

El joven Gustavo que a pesar de temerle no podía ocultar el odio y la pena de someterse a los crueles caprichos de ésta chica y sus otras dos compañeras le sostuvo la mirada a lo que Liliana inmediatamente se levantó de su lugar y acercándosele le propinó una espectacular bofetada gritándole— ¡baja la mirada perro, si no aprendes a comportarte te juro que yo te enseñaré!— Liliana le habló con seguridad y sobre todo con superioridad y con un descaro total dejó extendida groseramente su mano con la que lo había abofeteado esperando burlona a que Gustavo se humillara besándosela.

Liliana esperaba cínicamente a que Gustavo le besara la mano con la que le había propinado la humillante bofetada, algo que Gustavo no hizo no por que se opusiera o se negara sino por que inocentemente no interpretaba ni siquiera se imaginaba el deseo tan déspota y ofensivo de la señorita que al ver que éste no reaccionaba para cumplirle dicho deseo lo humilló dándole otra bofetada y otra mas hasta que Gustavo por instinto escuchó a su voz interior, bueno, mas bien creyó escuchar a su voz interior pues lejos de ser tan interior se trataba de Aceneth que se encontraba detrás de el y al momento que le daba un golpe en la cabeza con la palma de su mano le había dicho con una expresión maliciosa— ¡bésale la mano estúpido, eso es todo lo que mi amiga quiere!;

El infeliz de Gustavo lo hizo, se humilló ante el injusto capricho de Liliana quien le sonrió altanera y con la única intención de restregarle en la cara y dejarle aún mas que clara su posición ante ella se deleitó dándole otra bofetada ya por puro placer, por puro gusto, por la sola y cruel diversión de humillarlo y pisotearlo moralmente, por enseñarle quien era la dueña de su situación en ese momento y a quien debía obedecer ciegamente y para ello le volvió a dejar extendida la mano pasando de una leve sonrisa perversa a una gran carcajada al ver que el humillado joven se apresuró ésta vez a besarle la mano.

Apenas Gustavo y sentía las mejillas encima de que luchaba por hacerse el sordo ante las carcajadas de Liliana apoyada por Aceneth en cuanto justamente Liliana le recordó los restos asquerosos de torta que lucían insultantes sobre el piso. Gustavo dispuesto a no llevarse mas golpes se arrodilló con la cara roja de vergüenza aunque lo rojo también era producto de tantas bofetadas que había recibido y de nuevo con un trapo se disponía a recoger y limpiar los restos de comida cuando Aceneth mirándolo maliciosamente y considerándolo en verdad un animal, alguien tan inferior a ella le dijo— ¡no lo limpies!— hizo una pausa y carcajeándose le ordenó mientras miraba con asco los restos de alimentos— ¡jajajaja, cómetelos, debes tener hambre!— esa fue la humillante orden de la señorita Aceneth.

El joven Gustavo se sintió morir y apenas y lograba controlar sus náuseas al contemplar tal asquerosidad pero una patada en su estómago cortesía de Liliana le hizo ver que no estaba como para tomar sus propias decisiones y sintiendo pena de si mismo hizo un esfuerzo sobrehumano para tragarse aquella inmundicia cuidándose de no vomitar y haciéndose una vez mas sordo a las carcajadas de las chicas que en ese momento le hicieron saber que a partir de ese día lo alimentarían con las sobras de sus desayunos pero eso no fue lo peor para Gustavo en ese momento, eso no fue lo que lo hizo llorar de nueva cuenta como un niño o aullar tan tristemente que a cualquiera hubiese logrado compadecer excepto a esas desalmadas muchachas.

Gustavo no paró de quejarse en todo el tiempo que se empleo a fondo en tragarse aquel maldito pedazo de torta y otra ración mas que le había sobrado a Aceneth y que gentilmente se la obsequió, no, lo que lo hizo llorar fue que la perversa de Aceneth se comportó en verdad cruel y sádica con el al clavarle sus finos y afilados tacones de sus sandalias en sus blancas nalgas mientras el se esmeraba en tragarse los restos de comida, esto después de que entre ella y Liliana le bajaran los pantalones de su tan prestigioso uniforme; Gustavo clamó piedad, imploró pero lo único que el desdichado logró fue que Aceneth al tenerlo a su merced con el trasero expuesto frente a ella le metiera el tacón en su culo, la muchacha sin un solo indicio de misericordia le clavó el tacón en el culo a Gustavo; cabe mencionar que no lo hizo con la intención de destrozarlo y en efecto no le hizo un daño extremo pero fue suficiente para hacerlo chillar pues no retiró el tacón hasta que Gustavo no dejó reluciente el piso sin una sola migaja de alimento.

Gustavo sufrió al sentir dentro de su trasero la punta del tacón de la sandalia de Aceneth pero mas bien sufrió de humillación que de dolor pues en sí la muchacha midió bien lo que quería lograr con el y era precisamente humillarlo al recordarle que pensara tantito en lo que se sentía que le dieran por el culo como el tantas veces había echo con infinidad de chicas, ahora experimentaba aunque vagamente la otra cara de la moneda sintiendo su trasero amenazado por un fino y afilado tacón y su cabeza prisionera, inmovilizada bajo la suela del zapato de Liliana que se la aplastaba firmemente para impedirle moverse. Lo dicho Gustavo lloró por la humillación y no por el dolor que en realidad no fue tanto pues las malvadas muchachas estaban aprendiendo a la perfección como atemorizarlo y hacerlo temblar cada vez mas ante ellas y precisamente lo que Aceneth le había dado era un susto ejemplar al clavarle ligeramente el tacón en su trasero con la amenaza latente todo el tiempo de destrozárselo clavándole por completo el tacón lo cual nunca hizo pero con la simple amenaza hizo chillar desesperadamente a Gustavo, lo hizo implorar y suplicarles piedad y con ello las hizo carcajearse hasta mas no poder a ellas.

Apenas habían transcurrido unos días del calvario de Gustavo en la compañía y éste aún tenía en su mente como si le acabase de ocurrir el recuerdo de cómo Aceneth había jugado sin piedad con el, como se habían carcajeado ella y Liliana ante sus patéticos lamentos y Gustavo penosamente aún se tallaba las nalgas tratando de olvidar aquel infame incidente y rogando por que terminara de pasar un nuevo día mas en aquel maldito lugar, el mismo que antes lo hubiese considerado su palacio.

Pasaba ya más del medio día en una mañana calurosa de la rutina diaria de Gustavo en la compañía, observaba tristemente junto a la ventana como se avecinaba la tarde, una tarde agradable y cálida perfecta para salir a echar una caminata con ropa cómoda y en compañía de su amada ¡como en los viejos tiempos!, algo que el propio Gustavo reconoció que muy pero muy difícilmente se volvería a repetir a lo que haciendo a un lado esos pensamientos y percatándose de que tan solo faltaban unos instantes para que pudiera retirarse de ahí y marcharse junto a su amada aunque sea a continuar con sus mismas labores de criado se desplazó desolado gateando por el pasillo principal aguardando tan solo la hora para poder marcharse por ese día y precisamente avanzaba a gatas pasando junto al escritorio de Alejandra cuando apreció con tristeza como ésta lo llamaba silbándolo como a un vulgar perro.

Gustavo se detuvo ya tan solo por inercia y aunque tan solo levantó ligeramente la mirada fue suficiente para poder observar la belleza de la chica que ese día no había llevado el uniforme tipo ejecutiva sino que se había presentado con unos jeans azules oscuros súper ajustados, una blusa negra muy elegante y lo mejor, unas preciosas zapatillas negras cerradas de altos y finos tacones; la chica estaba en verdad un derroche total de belleza y seducción, Gustavo no pudo evitar un cosquilleo y una evidente erección ante tal monumento que aunque el era devoto y fiel a Andrea asimiló que nada podía hacer para resistirse por igual ante una belleza como Alejandra pero por si acaso luchó con todas sus fuerzas por controlar su erección y excitación pues al igual y recordó que de Alejandra lo único que podía obtener era desprecio y un daño inmisericorde si la desobedecía o incluso se atrevía a ofenderla y justamente la chica le mostró su desprecio al ordenarle secamente y sin siquiera voltearlo a ver— ¡acomódate en el piso bocarriba, quiero un masaje en los pies!;

Gustavo luchó de nueva cuenta tratando de no intensificar su sufrir y su indignación y lográndolo obedeció. Alejandra alzó las piernas y el joven se acomodó por debajo de su escritorio quedando sus piernas debajo del asiento de la chica y su cara al otro extremo, hacia fuera junto a los pies de la muchacha. Enseguida Alejandra dando muestra como si estuviera acostumbrada a comportarse de tan arrogante forma le acomodó los pies en su pecho clavándole a propósito los tacones en sus pezones al joven y sonriendo con malicia al escuchar un triste quejido de éste, tras unos segundos lo pateó ligeramente en la cara a lo que Gustavo interpretó que la bella muchacha deseaba que la descalzara y así lo hizo sintiéndose al instante ofendido al verse impregnado por el característico olor mezcla de sudor y piel y una ligera esencia natural femenina que provenía de los bonitos pies de la joven los cuales Gustavo tenía casi sobre su rostro y que ésta tras estar todo el día y ya parte de la tarde calzada con esos zapatos cerrados pues era natural que tuviera los pies sudados y olorosos.

Gustavo no sabía que hacer, nunca en su vida había proporcionado un masaje a alguien y menos en los pies y a decir verdad nunca siquiera se imaginó verse envuelto en esa situación pero si algo tuvo que agradecerle a Alejandra fue que precisamente no tuvo que hacer nada pues ella misma gentilmente lo fue guiando conforme lo que deseaba de el pues sin pudor alguno descansó sobre la cara de Gustavo las sudadas y olorosas plantas de sus pies cubriéndosela y humillándolo por completo. Se restregó en la cara del joven el sudor de sus pies hasta sentirse satisfecha para después ordenarle con una naturalidad y a la vez desfachatez tan increíble— ¡lámeme las plantas y entre los dedos de mis pies!— esa fue la humillante orden de la joven expresada con una cínica sonrisa sin detenerse a pensar tantito lo miserable y degradante que debía ser cumplirla por otro ser humano en éste caso por el infeliz de Gustavo.

¡Es todo lo que tienes que hacer!— continuó explicándole con una sonrisa cruel en su rostro— ¡mientras esté a gusto no te pasará nada pero en cuanto no me satisfagas te lo haré saber con una patada en tu cara de perro!— de ésta manera tan degradante Gustavo se limitó a complacer a una de sus antiguas empleadas y por supuesto que se llevó infinidad de patadas e insultos por parte de la bella Alejandra que no escatimó hasta sentirse en verdad satisfecha y humillar a su ex jefe obligándolo a que le chupara los dedos de sus pies y se tragara hasta la mas insignificante partícula de suciedad que pudo encontrar en ellos.

Así seguía su curso la penosa rutina de Gustavo al servicio de esas chicas en la compañía quedándole aún las largas tardes al servicio de su adorada dueña de su vida, Andrea.

El joven llegó molido como cada tarde a la casa de Andrea pero eso a la señorita la tenía sin cuidado pues enseguida le ordenó limpiar todos sus zapatos y limpiárselos con la lengua, esa había sido exactamente la orden de su ama llevando a Gustavo patéticamente jalándolo por una oreja, clavándole la uña en ella, disfrutando en hacerle daño; así hasta empujarlo con violencia hacia su habitación y dejándolo por un momento solo para que se empleara a fondo a cumplir con sus ordenes.
Fue en ese momento en el que Gustavo encontrándose solo en la lujosa habitación de su ama Andrea no pudo evitar mirar hacia un gran espejo que se encontraba justo al centro de la habitación y sintió náuseas y hasta cierta repulsión de sí mismo al verse reflejada en dicho espejo su triste realidad; en segundos recordó gran parte de lo que había sido su vida y el cambio tan abismal que había dado y ahora al verse tan triste y patético con unos harapos de ropa que su ama le autorizaba usar por las tardes en casa pero eso no era lo mas lamentable para el alguna vez orgulloso Gustavo, ¡oh, no!; lo verdaderamente lamentable fue el mirarse al espejo ¡lamiendo unos zapatos de Andrea!; sí, el ahora derrotado Gustavo se encontraba lamiendo los zapatos de una jovencita unos años menores que el, arrogante, déspota, caprichosa y berrinchuda como solo ella misma podía serlo y que encima lo había traicionado pero que a pesar de todo la amaba con todas las fuerzas de su ser; ¡que complicada situación la que estaba viviendo el pobre hombre!;

Inevitablemente las lágrimas se hicieron presentes apoyándolo con la limpieza justo en el momento en el que le daba otra gran lamida a una elegante zapatilla plateada, la misma que Andrea había lucido en su bello y delicado pie ese día en la compañía. Gustavo no soportó mas, se derrumbo aún más y en ese instante rompió a llorar de tal manera que en verdad movía a la compasión, arrodillado en el piso y aferrado abrazando el par de zapatillas plateadas de Andrea como si se tratara del mayor tesoro de su vida y para el lo era, se llevó los zapatos hacia su cara respirando profundamente su esencia, buscando quizás perderse en esa esencia, buscando quizás que esa esencia lo transportara a un mundo mejor en el cual Andrea se dignara por fin a mirarlo con amor. Con el rostro bañado en lágrimas y con las zapatillas de su dueña afianzadas sobre su pecho Gustavo las limpiaba a fondo con su lengua y sus lágrimas, justamente respiraba y lamía el interior de una zapatilla sin dejar de llorar en cuanto Andrea entró a la habitación con dos platillos exquisitos de carne asada y ante tan conmovedora escena no pudo evitar y representar lo que sentía: una sonrisa perversa y un placer sin igual al ver el sufrimiento que con su desprecio provocaba en el pobre infeliz de Gustavo y sin dudarlo se burló de el a sus anchas.

¡Mmmmm!, ¿a que huelen rico verdad Gustavo?, ¡ay amor yo pensando en ofrecerte carne y tu disfrutando como un pervertido oliendo mis zapatos jajajaja!— se burlaba de el y no contenta continuó— ¿pero por que lloras Gus?, ¿acaso te he golpeado?, ¿te he tratado mal?; ¡venga sécate esas lágrimas y ven a almorzar conmigo, mira que la carne está deliciosa mmmm— le dijo llevándose precisamente un bocado a su boca— ¡yo no soy como esas malvadas mira que escupirte la comida y hacer que te la tragues desde el piso como un perro, ay no, ay que malas!— concluyó entre risas y haciéndose la graciosa incluso dejando los platos sobre una mesita y llevándose las manos sobre su corazón mostrándole a Gustavo su comprensión, comprensión que solo ella sabía si en verdad la sentía o tan solo se estaba burlando aún mas del pobre joven.

Gustavo se quedó mirando fijamente a Andrea por unos instantes con la expresión mas tierna y a la vez triste que se pudo dibujar en su rostro, la miraba precisamente con esa expresión de cachorro llorón e indefenso que a Andrea le causaba mucha gracia, respiró profundamente y en cuanto fue capaz de articular palabra se dirigió a ella con la voz llorosa— ¿Por qué Andrea?, ¿Por qué me haces esto?, ¡es tan inhumano el trato que me das!;

¡Pues vieras que ni tanto!— le respondió entre risas la descarada Andrea quien tomando de nuevo su plato y acomodándose sobre su cama añadió— y ya Gustavo no sigas eh y dale ven a almorzar y por última vez deja de llorar, ya te servirán esas lagrimillas en cuanto continúes con la limpieza de mis zapatos jijiji— concluyó alegremente la chica señalándole al joven el otro plato que había quedado en la mesita y al ver que éste no reaccionaba Andrea decidió ponerse un tantito dura con el.

¡Bien Gustavo sabes que en la hora feliz te permito almorzar junto a mi pero si te pones en éste plan siempre terminas por hartarme así que toma el maldito plato de carne y devóratelo en el piso junto a mis pies ya, mira que si arruinas la hora feliz ya me conoces y te juro que te va a pesar!— lo amenazó Andrea algo irritada.

Éstas palabras hicieron reaccionar por fin a Gustavo pues si había un momento que siempre añoraba que llegara todos los días era precisamente la hora feliz como le llamaba Andrea y era una hora que ésta cariñosamente le dedicaba a su antiguo novio, permitiéndole comer a su lado como a una persona decente, lo escuchaba atentamente y hasta le obsequiaba algunas caricias a modo de pena al verlo siempre llorar mientras le relataba sus pesares en especial en la compañía. Ahora Gustavo en su afán de abordar a Andrea con sus ya clásicas letanías había logrado tan solo irritarla y hacer que ésta le permitiera comer pero en el piso echado a sus pies a lo que el joven optó por limitarse a obedecer pues como siempre se moría de hambre y Gustavo adoraba y hasta bendecía a Andrea pues ésta nunca lo alimentaba con sus sobras ni nada de asquerosidades por el contrario siempre le ofrecía exquisitos manjares que eran en verdad momentos dulces para el afligido joven.

Por fin Gustavo se encontraba devorando su almuerzo a los pies de Andrea y esto pareció calmar a la bella joven. El silencio que de pronto se había producido entre ellos se vio interrumpido al momento que Andrea se rió con ganas al llevarse un pedazo de carne a la boca masticarlo tantito y por estar observando a Gustavo se distrajo y el pedazo de carne lleno de sus babas terminó en el piso justo frente a la cara de Gustavo y los bonitos pies de Andrea.

Andrea se quedó mirando burlona por unos segundos a Gustavo al ver que éste no apartaba la mirada de dicho pedazo de carne a lo que la muchacha maliciosamente jugó con el— ¡vaya si que te ves con hambre que hasta lo que cae en el piso no lo pierdes de vista!;

Graciosamente Andrea estiró tantito el pie y después de algunos intentos logró sujetar y levantar la carne entre los dedos de su pie y así se la ofreció riendo a Gustavo— ¡dale Gus no esta tan babeada y no estas como para despreciar alimentos!— le comentó apenas conteniendo su risa.

Gustavo contra todo pronóstico no se sintió humillado mucho menos ofendido pues en el rostro de Andrea y en su bella sonrisa pudo interpretar que increíblemente la muchacha no tenía la intención de humillarlo sino de jugar con el, sí, muy a su manera, pero en ese momento esa era la intención de la hermosa Andrea, jugar y divertirse con su ex novio y ahora esclavo, divertirse lejos a su parecer de toda intención de humillarlo a lo que el joven sin sentirse presionado coopero gustoso en complacer a su adorable ama y avanzando tantito tomó el pedazo de carne directamente con su boca del pie de Andrea.

¡Jajajajaja, ya, me haces cosquillas!— le dijo Andrea muy divertida al contemplar como Gustavo se había tragado la carne y por iniciativa propia ahora le chupaba los deditos de su pie para limpiárselos producto de haber tomado la carne con ellos.

¡Ay Gus solo me los babeaste mas!— se quejó Andrea para que al final se limpiara el pie en el cabello del joven que sumisamente se postró ante ella para facilitarle el acceso a su cabello.

¿Me amas Gustavo?—le preguntó inesperadamente Andrea muy picarona y dispuesta a seguir probando el grado hasta el cual lo tenía sometido.

¡Con toda el alma mi Diosa, eres mi Diosa Andrea eres…!

¡Sí coño ya entendí, no sigas Gus era solo curiosidad!— lo cortó Andrea acomodándole los dedos de su pie sobre sus labios los cuales el joven beso con devoción. Andrea trataba de no carcajearse por la gracia que le había echo el comprobar lo absorbido que tenía al joven que con tan solo una inocente pregunta éste había dado inicio a toda una serie de declaraciones de amor las cuales Andrea no le dejó culminar.

La muchacha miró su reloj y fiel a su costumbre al ver que aun restaban unos minutos para que la hora feliz llegara a su fin por ese día decidió aprovecharlos y al mismo tiempo darle utilidad a Gus y como plus jugar aún mas a confundirlo y hacer que se rompiera la cabeza pensando en lo que en realidad ella sentía por el.

¡Venga Gus hazme el amor!— le soltó de pronto una risueña Andrea haciendo que el joven se sorprendiera por completo que aunque la escuchó perfectamente no pudo asimilar al instante dichas palabras.

¿Qué no oíste?— le reclamó la chica burlonamente acomodándose en la cama y haciéndose ella misma a un lado lo que le estorbara de ropa.

Gustavo no habló fue suficiente para su entender al ver la invitación de Andrea que continuaba esperándolo en la cama con las piernas abiertas de par en par mostrándole su divino sexo. Gustavo se lanzó como un poseído hacia ella pero justo al querer hacer contacto con sus pechos a los cuales extrañaba mucho siquiera palparlos Andrea cerró las piernas y lo recibió acomodándole un pie sobre el pecho al joven lográndolo intimidar— ¡uy Gustavito no debí darte tanta carne, mi amor recuerda que hacerme el amor es sinónimo de complacerme y de hacerme gozar a mi no a ti!— le explicó la chica sonriéndole con lástima— ¡o sea que nada de tocarme los pechos a menos que yo te lo exija condenado cabron, tu no cambias Gus!— en ese momento lo empujó con el pie y añadió— ¡venga Gus ya sabes lo que quiero cuando me refiero a que me hagas el amor!;

El joven algo apenado por no tener acceso como hubiese querido al templo que le representaba el cuerpo de Andrea, recobró el ánimo y se esmeró en complacerla para lo cual era muy bueno a lo que se arrodilló, se llevó las manos atrás pegándoselas a la espalda y dirigió su cara hasta pegarla, hasta postrarla sobre el sexo de Andrea quien ya lo esperaba de nuevo con las piernas abiertas y cada vez mas excitada pues la condenada disfrutaba como una loca sintiéndose estimulada con la lengua de su fiel Gustavo.

¡Sí Gus, así, eeeso Gus, venga!— le gritaba Andrea agitadamente mientras que el joven se esmeraba en verdad en lamerle y estimularla hasta hacerla llegar a un poderoso orgasmo mientras que Andrea lo jalaba violentamente del cabello y le restregaba la cara sobre su sexo disfrutando así Gustavo de todo cuanto a fluidos se refiere de la chica.

La hora feliz ya había culminado pero no así el momento de desenfreno y pasión que Andrea estaba disfrutando por lo que le importó una mierda que el tiempo pasara y respirando cada vez mas agitada y si cabe excitada disfrutó como nunca al sentir ahora el placer de tener metida dentro la polla de Gustavo que se encontraba al borde de un ataque de nervios por la excitación que sentía al ver los gestos de locura y gozo reflejados en el rostro de Andrea al estarle proporcionado tal placer pero mas que nada Gustavo se encontraba a punto de eyacular, de terminar por correrse dentro de ella a lo que Andrea percatándose por los gestos de éste haciendo una ligera pausa pero sin liberarle la polla lo animó a resistir como un valiente guerrero— ¡Gus si te corres dentro te juro que te castro!;

¡Pero amor!— exclamó Gustavo respirando agitadamente— ¡por piedad amor te juro que no puedo mas!;

¡Podrás!— le respondió Andrea sonriéndole perversamente al añadir— ¡a menos de que quieras que te castre!;

La amenaza a modo de juego, ¿fue juego?, funcionó a medida de que el tiempo pasó volando y Andrea se sintió mas que satisfecha, exhausta y orgullosa de que su Gus haya resistido a lo que empujándolo hacia el piso descansaba en la cama pensando en aquel placentero momento que tanto había disfrutado pero no así Gustavo quien aún seguía en el piso deseando desahogarse.

¡Nooooo Gustavo te lo prohíbo!— lo amenazó ésta vez mas irritada Andrea que al parecer así sin mas se le había esfumado el buen humor al ver que Gustavo al no tener otra opción se acariciaba el mismo la polla pretendiendo masturbarse.

¡Por fa Andrea no seas tan cruel!— le suplicó angustiado y aún excitado Gustavo— ¡tan solo quiero masturbarme maldita sea es todo lo que te ruego, deja que yo me masturbe aquí adorando tu presencia!— gritó al final el joven perdiendo los estribos.

Andrea sonrió ante el último comentario y levantándose se le acercó sorprendiéndolo al pisarle un tanto fuerte la polla— ¡no se me da la gana mejor te quito la calentura a pisotones!, ¿Cómo ves?;

¡Ahhhhhhhhh!— se quejó Gustavo retorciéndose en el piso y haciéndole señas a su amor que había captado ya que la hora feliz había terminado por ese día.

Andrea lo miraba con burla y con malicia a sus pies y quisquillosa le habló con el afán de joderlo mas— ¡veo que aún de vez en cuando se te sigue soltando la lengua así que mejor mantenla ocupada y por lo que recuerdo estabas muy bien dedicado lamiendo mis zapatos antes de que entre a la habitación!— concluyó con una mayor sonrisa.

¡Dale, apúrale con mis zapatos!— le exigió Andrea de nueva cuenta sorprendiéndolo y pateándolo en la polla aunque no fuerte pero sí con la intención de que Gustavo asimilara tal como lo hizo de que efectivamente la hora feliz hacía unos instantes que había finalizado.


Continuará…………………………..

EL ENGAÑO 3

Gustavo no se lo pensó mucho para recurrir a Andrea, ya casi caía la noche justo cuando se encontraba tocando el timbre de la lujosa propiedad que previamente la chica había adquirido y que Gustavo conociendo los gustos y caprichos de su ex novia no tardó en dar con ella. Apenas la misma Andrea le abrió la puerta Gustavo se arrodilló a sus pies a llorar desconsoladamente tal y como lo hiciera un niño ante la perversa sonrisa de la malvada muchacha pero, aquí la pregunta del millón sería ¿porqué?, ¿Por qué Gustavo continuaba aferrándose quizás ya no al amor sino mas bien a la compasión de aquella joven?, ¿Por qué a gratis continuaba divirtiéndola con su desgracia?; por que en ese momento eso era lo único que estaba haciendo, ¡divirtiéndola! Y Gustavo lo sabía ¡pero no parecía importarle!, aunque el que no pareciera importarle no quería decir que no le doliera. Gustavo percibió tristemente el desprecio y la burla por parte de Andrea desde el momento en que le abrió la puerta al igual que fue consciente como su sonrisa fue cada vez mayor a medida que lo contempló humillarse ante ella entonces regresamos a la pregunta ¿Por qué?, para la cual no hay una respuesta exacta pues el único que podría darla era el propio Gustavo y precisamente el era el menos indicado para responder pues no la sabía al menos no para darla a conocer verbalmente, la verdad era que la respuesta la tenía su corazón, sus sentimientos y su mente y no era otra mas que el amor, sí, Gustavo se encontraba perdidamente enamorado de Andrea, para su desgracia no se podría interpretar realmente lo que la chica sentía o pensaba de el; Gustavo iría entendiendo el porqué a veces se menciona de que amar duele y duele mucho.

Cabe resaltar de que por un momento Gustavo pensó en marcharse al ver la expresión despectiva plasmada en el hermoso rostro de la joven pues aunque no suene creíble a pesar de todo el joven también tenía su orgullo o lo que quedaba de el, ¿increíble no?, ¡pero así era!; Gustavo no podía negar que aunque en un porcentaje insignificante pero sentía un mínimo reproche y rencor hacia Andrea por la forma tan vil en que lo había utilizado y mas aún después de que el se había sincerado con ella lo cual no le sirvió de nada a lo que al enfrentar de nuevo su expresión de desplante a punto estuvo de marcharse pero sencillamente no pudo hacerlo, sus piernas no le respondieron para darse la vuelta y marcharse porqué su mente le ordenó quedarse ahí en complicidad con su corazón justo en el momento en que la miró y no le quedó de otra mas que joderse y aceptar que lejos de aquel mísero porcentaje de reproche lo que predominaba era el amor, el amor loco y enfermizo que el sentía por ella y por el cual con tal de estar a su lado cada vez se sometía mas a los crueles deseos de la hermosa Andrea quien encantada estaba dispuesta a hundir por completo el orgullo y la dignidad de Gustavo hasta hacerlos añicos, hasta verlo echo una piltrafa bajo sus pies y entonces exponerlo orgullosa como a un trofeo como aquel arrogante joven que había sucumbido ante ella, ante su belleza por que Andrea era muy consciente de que Gustavo le estaba permitiendo que lo destrozara por amor, se estaba dejando pisotear con tal de arrancarle siquiera una caricia, un beso, ¡bueno sin mas rollo, el pobre Gustavo se sentía en el cielo estando en el infierno con tan solo rozar y gozar con el contacto siquiera por un segundo de su mortal cuerpo con la fina y delicada piel de la hermosa Andrea, de su Diosa Andrea!, por lo cual la chica se sentía muy orgullosa ¡pero no estaba conforme y se había dispuesto a explotar y exprimir al infeliz de Gustavo hasta que ella no cabiera en dicha y orgullo!, pues no había nada mas que hiciera bailar de alegría a una vanidosa Andrea que ver a alguien arrastrándose a sus pies, humillándose ante ella, ante su belleza y juventud.

Mientras que el pobre Gus como solía llamarlo Andrea según ella con cariño le contaba sus penas cada vez mayores la chica se hizo acompañar por el hasta el jardín y ahí se sentó junto a el guardando un momento de silencio aunque sin disimular su maldita risita burlona, aquella que a Gustavo le dolía mas que llevar clavada una daga en el pecho, contempló silenciosa el triste llanto del joven hasta que rompió aquel silencio empleando un tono a la vez meloso y conmovedor y a la vez sarcástico— ¡vaya que pena Gus!— la chica le había hablado mostrándole una expresión de cierta pena que enseguida la cambió por una mirada dura y de rechazo al decirle—¡pero tu te lo buscaste!;

El pobre Gustavo se consternaba cada vez mas, nadie dudaría que terminara por enloquecer ante los cambios tan bruscos y a veces incoherentes que Andrea aplicaba con el pues ahora apenas unos instantes le había mostrado una expresión de dureza y de nueva cuenta volvía a hablarle con cierta dulzura, la cruda verdad era que Andrea tan solo jugaba con el, la hermosa muchacha sin ninguna consideración estaba jugando de una manera tan cruel con el joven en donde las únicas victimas eran precisamente Gustavo y el sincero amor, mas que amor, la adoración que Gustavo profesaba por ella, por que la adoraba como a una verdadera Diosa.

¡A ver!— se expresó Andrea de pronto hacia Gustavo precisamente hablándole con dulzura— ¿Qué quieres que haga por ti?;

¡No tengo a donde ir, por piedad no me abandones a mi suerte!— le imploró entre llantos y de nueva cuenta arrodillándose ante ella. La cruel Andrea a punto estuvo de carcajearse pero no lo hizo ante la sorpresa mayor que se llevó por parte de Gustavo pues el joven haciendo a un lado el poco orgullo que le quedaba mezclado con su dignidad se humilló aun mas ante su amor arriesgándose de ser objeto de una burla mayor; Andrea tan solo observó muy divertida mas que el acto de entrega y sumisión, el triste espectáculo que Gustavo le ofrecía al momento en que estando de rodillas juntó las manos a modo de orar y le gritó con el corazón en la mano— ¡TE AMO PRECIOSA ANDREA, TE AMO, NO ME ABANDONES, PRIMERO MÁTAME, MÁTAME CON TUS PROPIAS MANOS ANTES DE ABANDONARME, TEN PIEDAD DE MI ANDREA Y DE ESTE INMENSO AMOR QUE TE TENGO!— dicho esto Gustavo se abandonó a lo que la chica quisiera hacer con el, se arrojó a sus pies y comenzó a cubrirlos de besos. Andrea estaba descalza y con los pies ligeramente sucios revolviéndoselos en el pasto del jardín.

Andrea se cubría la boca con las manos para evitar soltarse a reír, para ella la escena no podía ser más chistosa contemplando a aquel pobre hombre entregarle su vida mientras lo tenía a sus pies adorándoselos. Gustavo estaba haciendo un verdadero ridículo ante esa chica pero no le importaba y Andrea por mas que trató no pudo evitar reírse a gusto pero ésta vez no se carcajeó de Gustavo por malicia ni por despreciarlo, Andrea se reía por mera diversión, a ella le parecía tan cómico y chistoso todo el espectáculo que el pobre joven había montado con tal de ganarse su atención y su comprensión porqué a final de cuentas esa era la intención de Gustavo, lograr conmover a la chica aunque eso lo llevaba a comportarse tan degradantemente y a mostrarle que ante ella valía menos que un trapo usado y aunque no logró por completo su objetivo sí consiguió hacer pasar un rato divertido a la malvada Andrea y eso era bueno para Gustavo aunque el no lo sabía pero la chica no pudo lidiar ni negar que se sentía mas que alagada y adorada por aquel joven que de feo no tenía nada y que a Andrea nunca le fue indiferente, pero lo dicho, eso Gustavo lo ignoraba pues Andrea lo había trabajado todo a la perfección manteniéndolo siempre al margen de la confusión y sin saber realmente lo que ella había sentido y sentía hacia el.

¿No se que opinas abuela?— le preguntó Andrea aún riendo muy orgullosa de sí misma a doña Graciela que se había acercado a su lado al momento de oír los gritos de angustia y súplica por parte de Gustavo; de nueva cuenta Andrea se ocupó de contemplar la figura humillada del joven que aún continuaba con el rostro postrado en el piso, mas exacto, se encontraba con la cara pegada sobre los pies de la chica, besándoselos, casi bañándoselos con sus lágrimas. Andrea lo miraba altiva y arrogante; doña Graciela también lo miró pero ella lo hizo con pena y compasión.

Doña Graciela observaba hasta cierto punto conmovida a aquel infeliz pues para ella y su sensible corazón la cuenta estaba mas que saldada, la señora era en verdad un derroche de dulzura y buenos sentimientos a lo que a su parecer Gustavo ya había sufrido y padecido suficiente y ella en su interior ya lo había perdonado pero no así su perversa nieta a quien decir verdad el asunto de su abuela le importaba muy poco y tan solo lo tomó como el pretexto perfecto para inmiscuirse en la compañía y destruir a Gustavo a quien conoció por fotos que su misma abuela le había mostrado de reuniones y juntas laborales, desde ahí que Andrea se interesó por el apuesto joven y terminó de convencerse y tramar su plan en cuanto su abuela le contó todas las groserías y humillaciones que sufría por parte de éste. Para Andrea, Gustavo representaba el blanco perfecto para demostrar su poder y demostrarse a sí misma que tanto era capaz de ganar con su belleza y sus encantos. Gustavo era arrogante, orgulloso y guapo; ella igual y desde conocerlo en fotografía se sintió atraída por el pero mas que nada se sintió excitada imaginándolo humillado ante ella a sus pies por amor, era una batalla de orgullos encontrados o al menos para ella eso era y en este momento la chica se proclamaba vencedora al contemplar al todavía apuesto Gustavo tan humillado ante ella, al varonil y orgulloso Gustavo denigrado, casi un guiñapo por amor ante ella, a Andrea le excitaba ver a un joven tan apuesto como Gustavo que fácilmente podía enrolarse con alguna señora mayor, inclusive de sus antiguas clientas que habían estado mas que interesadas en el y que sin duda lo apoyarían para que no terminara en prisión, ¡pero no!; el terco de Gustavo prefería arrastrarse ante los pies de aquella caprichosa y cruel jovencita mas bien por recuperar su amor que por temor de ir a prisión y volviendo a Andrea, a ella le excitaba ver a tan apuesto joven humillarse por su amor.

¡Lo dejo a tu elección hija, ya me conoces!— fue la respuesta de su abuela dándole a entender que ella no deseaba ser parte de toda ésta cruel venganza ideada en su totalidad por su nieta y así se lo hizo ver— aceptaré lo que decidas pero por favor, ¡no quiero participar ya en esto!— y dicho esto la señora se marchó directo a su habitación concluyendo por parte de ella la charla y su participación en la destrucción física y moral de Gustavo. Andrea groseramente le subió los hombros a su abuela a modo de demostrarle que le importaba una mierda lo que ella pensara y que contra todo pronostico seguiría adelante con sus planes, eso sí, subió los hombros con una gracia encantadora aunque no mas que su sonrisa, Andrea se comportó grosera y graciosa a la vez, era una mezcla perfecta y peligrosa que siempre le salía a la perfección; era como un embrujo y casualmente así había embrujado a Gustavo, la chica sabía en verdad combinar perfectamente su belleza y su crueldad, su despotismo y su sonrisa coqueta, su comportamiento soberbio y vanidoso y el resultado era casi siempre el mismo, nadie le podía reprochar nada ni siquiera su abuela que a punto estuvo de reñirla ante su expresión grosera pero enseguida se retractó al no poder evitar sonreír y mucho menos lidiar ante tan encantadora sonrisa de su nieta. Sí, parece y suena difícil de creer ¡pero por el Maestro Universal que es verdad y que existen mujeres como ella como Andrea!, capaces de hacer con uno lo que se les antoje, quizás sean pocas, quizás muchas, no lo se pero Andrea era y es una de ellas una maquinaria perfecta, una obra maestra, una Diosa y como Diosa ¡perfecta de los pies a la cabeza!, la mas bella flor, una belleza enigmática, una…., ¡bueno ya, carajo!, el caso es que como trato al menos de darme a explicar es algo quizás difícil de creer pero a la vez posible de entender al menos para quien experimenta y se ve envuelto en tal escena y para testimonios el propio Gustavo que la estaba viviendo en carne propia, sí, a Gustavo le ha pasado, a mi me ha pasado, ¿a ustedes estimados lectores les ha pasado?; piénsenlo un instante en su interior y seguro que muchos de los cuales confío en que ya hayan plasmado en su mente la imagen y creación de su propia Andrea me darán la razón y los que no, ¡no se preocupen!, ni piensen lo contrario por que mas tarde que nunca experimentarán algo así en ésta vida que aunque es tan solo un soplo y tomando en cuenta que apenas nacemos comenzamos a morir pero aún así tiene de todo solo hay que saberla administrar.

Ya para culminar al menos de momento en vanagloriar aún mas la belleza hechizante de Andrea pues concluir precisamente en expresar de nueva cuenta que la chica era una mezcla extraña y perfecta, todo en ella era elegancia y clase y a la vez soberbia y arrogancia, Andrea era una hermosa chica que te escupía a la cara con una sonrisa tan natural en ella que ya no sabías si indignarte o darle las gracias por tan amable gesto y encima por dedicarte una sonrisa; Andrea es una de esas chicas que a punto de cruzar una calle se topa con un charco de lodo justo cuando tú vas pasando junto a ella entonces sin pensarlo te arrojas sobre el charco con la firme intención de evitar de que aquella belleza se ensucie—valga la redundancia— siquiera las suelas de sus zapatos. ¿Y porqué cometer tal acto tan loco cuando tan solo basta con quitarse la camisa y tenderla sobre el charco o mas arriesgado aún proponerle llevarla sobre tus hombros?; pues justo ahí está el encanto, ¡por que te enloquece, por eso uno actúa así y esa locura no te permite razonar! Y con tal de lograr un contacto con ella te arrojas sobre dicho charco obteniendo la simple recompensa de que ella camine sobre ti y que aún queda la posibilidad de que si uno no se arroja al charco y la chica se ensucia el calzado no faltará alguien que se ofrezca a limpiárselos así sea con la lengua, pues bien así era Andrea y ahora de nueva cuenta a tratar de sumergirnos en la historia, ah y perdón por tanto rollo.

¡Bueno Gus, depende de mi!— se expresó una muy divertida Andrea hacia el joven después de ver marchar a su abuela— mmmm, a ver, a ver, déjame pensar— le decía mirándolo y hablándole coqueta y burlona, llevándose una mano a la cara a modo de pensar y hacerse la interesante ante la angustiosa expresión en el rostro de Gustavo, así hasta que con una sonrisa añadió al momento que se tronaba los dedos— ¡claro pues ya está!— enseguida hizo una ligera pausa y sin dejar de sonreír sorprendió a Gustavo al preguntarle— ¿Gus, te gustaría vivir conmigo?;

El joven carraspeó, la miró inquieto, con una ligera sonrisa más bien de bobo que de otra cosa, por un momento su autoestima y la alegría quisieron invadirlo, Gustavo interpretó de todo menos lo que la chica había querido decirle. Andrea se dio cuenta de la terrible confusión de Gustavo a lo que se pegó una alegre carcajada.

¡Jajajajajaja, no, no es lo que estás pensando Gus!— le dijo Andrea después de reírse alegremente y mirándolo con lástima— ¡digo que si quieres puedes vivir conmigo pero como mi criado!— le soltó sin mas preámbulo y sin dejar de mirarlo con burla— pues estaba precisamente en busca de uno y quien mejor que tú que presumes adorarme, ¿Qué dices?, ¿quieres ser mas que mi criado, mi esclavo?, digo, con eso de que aún te mueres por mi te sería mucho mas fácil obedecerme, ¿no crees?— concluyó la perversa jovencita esperando respuesta por parte de Gustavo y sin dejar un solo momento de sonreírle con superioridad y por instantes con desprecio, mirándolo arrogante, muy pero muy por encima de el y sin un solo indicio de preocupación aún siendo consciente del daño moral y emocional que bien sabía que le hacía a aquel desdichado.

Gustavo reaccionó al menos por un momento como debía hacerlo un ser común y presumiblemente racional, ¡indignado!; esto producto de tantas confusiones que atormentaban su mente y no le permitían pensar con claridad a lo que por momentos lo llevaban a reaccionar de la forma menos esperada incluso para el.

¡NO PUEDO CREER QUE TE PORTES ASÍ CONMIGO DESPUÉS DE TODO LO QUE HICE POR TI!— le reclamó de pronto Gustavo sumamente confundido más que enojado elevando considerablemente el tono en su voz.

¿Aceptas o no?— lo cortó Andrea al momento que percibió que el joven tan solo daba inicio a otra serie de suplicas y que tan solo se había callado por un momento con tal de contener sus lágrimas. Andrea continuaba mirándolo muy tranquila, sin inmutarse, con una seguridad impresionante en ella de creer firmemente de que el joven aceptaría eso y mas, que el joven aceptaría todo lo que a ella se le antojara imponerle.

¡Sí tuvieras tantita piedad podrías dejarme vivir unos días aquí o si no quieres verme puedo vivir en el departamento que te compré!— insistió Gustavo aferrado en conmover a la chica para su favor y ya con un semblante mas tranquilo al igual que hablando en un tono suave y de nueva cuenta suplicante; miró a Andrea con esa expresión perruna que había aprendido a interpretar solo con la firme intención de buscarla enternecer y continuó— ¿Qué te cuesta?; ¡incluso tu abuela ya me ha perdonado!— concluyó el joven angustiado y esperando respuesta.

¿Aceptas o no?— fue todo lo que de nueva cuenta le respondió Andrea con una expresión de fastidio en su rostro mientras continuaba mas interesada en jugar con los pies en el húmedo pasto que en oír a Gustavo y que en consecuencia había ignorado todo lo dicho por éste.

¡Sí!— contestó temeroso al final Gustavo sin razonar una vez más las decisiones que venía tomando últimamente mas bien fue un acto de desesperación al momento en que vio que Andrea claramente aburrida de la situación se levantaba para marcharse invitándolo también a el a hacer lo propio y a correr su propia suerte.

Una malévola sonrisa se dibujó al instante en el bello rostro de la muchacha, se volteó altanera y arrogante para contemplar la triste expresión que invadía a Gustavo que sin duda alguna se sentía de nueva cuenta acunado entre los brazos de la derrota y el fracaso, eso sí, muy de cerca de su gran amor quien era la causante de toda esa derrota y de su fracaso. En un acto grosero y con la única intención de hacerlo probar de nuevo el amargo cáliz de la humillación, Andrea restregó repetidas veces buscando enterrar por un momento su bonito aunque sucio pie en el pasto para después levantarlo ligeramente y ofrecerle la sucia planta de su pie al joven.

¡Bésame la planta de mi pie esclavo Gus!— fue la humillante orden, la primera de muchas que Gustavo recibió por parte de su ahora ama Andrea, quien lucía radiante y altanera en espera de ser obedecida.

Al joven Gustavo se le escapó una lágrima, una más, justo en el momento en el que por igual se humillaba una vez más ante aquella hermosa y despiadada jovencita. Andrea decidió al final bajar la pierna y apoyar el pie en el pasto tan solo lo levantó ligeramente apoyándose en su talón, todo con tal de hacer que Gustavo tuviera que postrarse en el piso y hacerlo quedar, si cabe, en una postura mucho mas degradante; Gustavo se postró y se arrastró como un vil gusano al quedar tantito separado del bello pie de su ama, se arrastró hasta lograr pegar el rostro en aquella sucia planta; entonces selló su inminente esclavitud con un beso y algo mas. El joven Gustavo en su afán de lograr ganarse a la chica a base de sus constantes humillaciones le beso con devoción la sucia planta de su píe, la besó con pasión y sin prisa alguna, no por que disfrutara de ello, sino porque quería hacerle ver que no era nadie ante ella y que no era nada sin ella, Gustavo se humilló ante Andrea lamiéndole la planta del pie sin orden alguna, no le importó tragarse aquella suciedad y no se detuvo hasta dejar perfectamente limpia aquella planta del pie de la muchacha para lo cual tan solo utilizó su lengua.
Andrea permanecía con los brazos cruzados y con una enorme sonrisa de satisfacción en su rostro, la muchacha cada vez mas se sentía complacida y ya no digamos halagada ante el sumiso comportamiento del pobre Gustavo que a leguas se notaba destrozado moralmente. Andrea sonreía en verdad muy orgullosa en especial porque al sentir los besos y las caricias con la lengua que Gustavo le obsequiaba a modo de ofrenda a sus pies pudo apreciar que el joven se estaba entregando por amor y que a pesar de que ligeramente al igual se pudo apreciar cierta repulsión en su rostro no se detuvo ni un solo momento, nunca dejó de lamerle la planta y de besarla con auténtica devoción, entrega y sobre todo humildad. Andrea se sintió complacida al ver que a Gustavo le dolía humillarse lo cual quería decir que aún quedaba orgullo y dignidad en el, pero a pesar de eso el joven no daba un paso atrás y se le veía dispuesto a continuar adelante por ese loco amor y así se lo demostró a la bella Andrea al momento de restregar prácticamente su cara en la planta de su pie tal y como lo haría su mas fiel cachorro.

Enseguida, tras el acto de humillación y entrega de Gus; Andrea lo hizo pasar a su lujoso hogar, fueron directo a la cocina y ahí le obsequió una buena ración de una exquisita carne asada. Andrea lo miraba burlona y por segunda ocasión no pudo evitar mirarlo con pena al contemplar la miserable expresión del joven que incluso babeaba inmóvil ante tan exquisito manjar; Andrea le sonrió aun mas y al menos por ésta vez no le mostró su desprecio sino que de nueva cuenta le reiteró su pena y muy escasa compasión y con unas muecas graciosas le señaló la silla invitándolo a ponerse cómodo para que acto seguido riéndose se apuntara la boca con su mano burlonamente haciéndole ver que dicha comida era toditita para el, invitándolo a devorársela, Andrea a su modo jugaba con Gustavo quien no pudo evitar dejar correr otra lágrima por su mejilla a modo de agradecimiento ante tal gesto que aunque en realidad no era nada para Gustavo fue un momento de felicidad en su negra existencia y que sin duda se la reservaría entre sus pocos y cada vez mas escasos buenos recuerdos.

En un parpadeo Gustavo tomó asiento y sin perder ni un segundo se dispuso a devorar toda la comida que le habían ofrecido como si fuera la última vez que le permitieran probar alimentos aunque su comportamiento era justificable pues si Andrea no lo hubiese aceptado a su lado siquiera como su esclavo, quizás no hubiese muerto de amor sino de hambre. El joven estaba prácticamente partiendo las raciones de carne con sus manos y llevándoselas rápidamente a su boca ante la divertida presencia de Andrea.

¡Mi amor!, ¿para algo se inventaron no?— bromeó alegremente Andrea con el al momento que le ofrecía los cubiertos los cuales Gustavo había ignorado completamente producto del hambre atroz que lo invadía, el joven haciendo caso omiso de la broma de la muchacha continuó devorando y partiendo la carne con sus manos como con miedo de que en algún momento le arrebataran los alimentos. Curiosamente la chica se indignó.

¡Yaaaaaa Gustavo!— gritó de pronto Andrea chillonamente a modo de berrinche golpeando el piso con la planta de su pie— ¡no comas como un cerdo ni te comportes como tal porqué entonces comenzaré a tratarte y a alimentarte como a un cerdo!— le amenazó con expresión caprichosa y berrinchuda para que añadiera al momento que le extendía la mano ofreciéndole de nuevo los cubiertos— ¡usa los malditos cubiertos por que me das asco y me repugna verte comer de esa manera!— concluyó la chica con una expresión mucho mas seria.

En un principio a Gustavo le causó gracia el comportamiento y las palabras de Andrea por que recordó los momentos felices que había pasado a su lado cuando eran novios y la hacía enloquecer de coraje cuando sin previo aviso eructaba asquerosamente en la calle junto a ella o cuando justamente se negaba a usar los cubiertos en algún lujoso restaurante tan solo por hacerla enojar, pero ahora era distinto, ahora era su criado, mas que eso, su esclavo como bien le había hecho entender y si algo bien sabía Gustavo era que con Andrea no se jugaba ni mucho menos con su perversa mentecita de la cual podrían nacer los mas crueles y sádicos instintos y comportamientos a lo cual optó correctamente tomando los cubiertos y usándolos con los alimentos ante una increíble sonrisa por parte de la chica quien a su parecer ahora comenzaba con la educación de Gustavo. El joven al ver tan contenta y relajada a Andrea intentó entablar conversación con ella.

¿Me aceptarán en la oficina?— le preguntó inesperadamente Gustavo comportándose al igual bromista al cruzar una pierna sobre la otra y llevarse finamente un bocado a la boca luciendo como el mas fino y educado joven, sobre todo luciendo un tanto alegre que era lo que lo caracterizaba mención aparte de su orgullo y arrogancia, Gustavo trataba de recordar y comportarse en ese momento como aquel joven de antes del cual ya quedaba muy poco.

¡Ahí si no se, dependerá en verdad de las chicas!— le respondió Andrea con una expresión de lástima seguida de una bella y alegre sonrisa— ¡pero tu tranquilo, por lo pronto date por satisfecho al considerarte mi esclavo!— concluyó hablándole burlonamente a modo de broma con tal de no afligirlo mas al menos por ese día incluso acariciándole y revolviéndole su cabello. Gustavo en un acto de respeto le tomo la mano y humildemente se la besó.

¿Por qué Andrea, por qué?— la confrontó de nueva cuenta el joven dejando de comer y mirándola lloroso mientras continuaba tomándola de la mano y besándosela repetida y pausadamente— ¡reconozco que no soy tan buena persona pero vaya que me haz dado una dura lección, podríamos ser felices, muy felices, podríamos…!— Andrea no le permitió seguir hablando, poniéndole un dedo sobre sus labios le dijo burlona— ¡noooo Gustavo, no otra de tus angustiosas y patéticas letanías ándale mejor sigue comiendo mira que solo con la boca ocupada dejas de decir tonterías!;

Gustavo aprovechó el momento, sabía que era la oportunidad ideal al observar a Andrea tan alegre, le bajó la mano y de nueva cuenta comenzó a besársela y a morderle delicadamente sus deditos y entre estudiadas pausas intentó de convencerla de que le diera una nueva oportunidad en su vida pero la joven se lo impidió.

¡Vaya ahora eres un caníbal maldita sea!— se burló Andrea de el al momento que lo miraba extrañada como éste le mordía suavemente sus dedos; Gustavo intentó jugar con ella pero la chica fue mas rápida al pescar con el cubierto un pedazo de carne y metérsela en la boca al buen Gustavo riéndose de el.

¡Jajajajajaja, trágatela burro, eso es, he dicho que comas!— se divertía de lo lindo la chica observándolo tragar el bocado. Gustavo de nueva cuenta insistió— ¡solo una oportunidad te pido mi hermosa Diosa, solo una mas!;

MMMMMMMMM, ¡NO!— fue la respuesta de Andrea al momento que acercándosele lo abrazó por el cuello y le mordió juguetonamente una oreja para acto seguido apartarse y limpiarse los labios con su blusa.

¡Guacala, apestas Gustavo!, ¿en donde se quedaron tus fragancias Náutica y Lacoste?— le habló ahora con cierto desprecio y en verdad con una expresión de asco— ¡he decidido conservarte a mi lado como mi esclavo y eso es justo lo que vas a ser y ahora termínate tu comida antes de que escupa en ella y te la arroje al piso y apúrate para que puedas darte un baño por que en verdad que apestas!— concluyó la señorita Andrea clavándole una fija mirada de absoluto desprecio al joven.

Gustavo humilló la mirada, a punto estuvo de continuar en su intento de ablandar a la joven pero la conocía a la perfección y leyó claramente en el rostro de ésta que la charla había terminado y que lo único que esperaba de el en ese momento era obediencia a lo que en silencio se dedicó a terminarse su almuerzo y a dirigirse hacia el baño para ducharse.

¡Ve gateando Gustavo, no camines, gatea hasta encontrar el baño!— fue la orden seca y cortante de su ama, Gustavo la miro y al ver esa dura mirada en ella penosamente se puso a cuatro patas y gateó en primera instancia hacia ella para besarle los pies lo cual fue un error pues tan solo fue recibido con una patada en la cara.

¡Que vayas a ducharte estúpido esa ha sido mi orden no que vengas a babearme los pies!— lo reprendió duramente Andrea al momento que le propinaba una insultante patada en plena cara. Ante el impacto del golpe Gustavo terminó en el piso, intentó ponerse a cuatro patas al instante pero la despiadada muchacha sin consideración alguna lo pateó con todas sus fuerzas en sus costillas tratándolo peor que a una bestia y haciéndolo aullar de dolor.

¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhh!— se lamento tristemente Gustavo retorciéndose de dolor en el piso; Andrea avanzó hacia el y así sin misericordia continuó pateándolo cuanto quiso, ¡que humillante!, la cruel Andrea lo hizo avanzar dándole de patadas hasta hacerlo llegar al baño sin parar de insultarlo— ¡avanza bestia que te voy a enseñar en donde está el baño!— el pobre Gustavo se fue arrastrando muerto de dolor y llanto hasta llegar al baño guiado cortésmente a patadas por la malvada Andrea que se carcajeaba sin parar de golpearlo; al llegar al baño Gustavo se encontraba bocabajo a lo que Andrea con otra patada en su costado le indicó que se volteara.

¡Que tan humillado y hundido se encontraba el miserable de Gustavo ante esa chica!, pues a pesar de tan bestial trato en ningún momento pasó por su mente rebelarse, no estaba esposado, doña Graciela no significaba ningún peligro a lo que muy fácilmente le hubiese resultado propinarle una paliza a aquella muchacha aparentemente sin sentimientos y largarse de ahí ¡pero no!, Andrea no solo tenía controlado impresionantemente a Gustavo, sino mas bien parecía tenerlo hipnotizado o incluso hechizado pues en verdad que lo trataba sin piedad y el pobre hombre tan solo se acurrucaba resignado a recibir tan inhumano trato.

Andrea le acomodó el pie sobre el cuello a Gustavo y éste tembló de miedo al sentir que la chica fue ejerciendo cada vez más presión hasta impedirle considerablemente la respiración al estarlo prácticamente estrangulándolo con la planta de su pie pisándole el cuello— ¡vas a aprender a adivinar mis pensamientos Gustavo o de lo contario te va a ir muy mal!— lo amenazó mientras le pisaba el cuello mirándolo con una arrogancia y soberbia impactante, mirándolo en una actitud tan déspota comparándolo como si fuera un insecto al cual justamente mantenía por debajo de la planta de su pie, Gustavo tan solo la miró con temor pero también con esperanza y amor.

¡Te aseguro que llegarás a interpretar muy bien lo que espero de ti a cada momento!— continuó Andrea sin dejar de hacerle daño en el cuello— vas a saber perfectamente cuando desee que me beses los pies y cuando no, te lo garantizo Gus, esmérate por que ya me conoces y sabes que si de algo carezco es precisamente de paciencia y piedad— concluyó la chica liberando el cuello de Gustavo que apenas intentó recuperarse en cuanto Andrea rápidamente levantó el pie y sin pensarlo le pisoteó la cara, ¡se la aplastó prácticamente al pisarle cruelmente los labios!, fueron dos pisotones despiadados y brutales que Andrea le propinó en la boca con la planta de su pie, Gustavo ni siquiera gritó, ante tal impacto ahogó el grito y se encontraba bocabajo cubriéndose la cara con sus manos limpiándose la sangre, Andrea le había roto la boca.

La cruel muchacha le pateó suavemente la cabeza y dejó justo enfrente de su cara su pie, lo miraba insolente y riendo con malicia, Gustavo entendió, se arrastró ligeramente y le besó el pie, manchándoselo con su sangre; Andrea no habló tan solo aumentó su cruel sonrisa, descansó un pie sobre su cabeza mientras que el desdichado joven continuaba besándole el otro pie. En cuanto se sintió complacida con otra leve patada le indicó que se hiciera a un lado, se limpió la sangre del pie de los labios de Gustavo en la espalda de éste y lo mandó a duchar dándole a entender de esa forma tan ruin lo que sería su nueva vida a su lado, le había echo entender que viviría según su humor y el capricho de ella, de eso dependería la vida y la tranquilidad o el sufrimiento de Gustavo que tristemente cerraba la puerta del baño para asearse. Extrañamente al verlo entrar al baño Andrea de nueva cuenta le dedicó una mirada tierna y de pena, solo ella sabía lo que sentía realmente hacia Gustavo y desafortunadamente para el joven que la amaba con locura, así era ella, incomprensible y cruel pero hermosa como nadie, una obra perfecta de los pies a la cabeza.

Al otro día Andrea en compañía de su abuela partieron desde muy temprano rumbo a la compañía pues doña Graciela se estaba encargando de continuar en dejar todo en orden en poder de su nieta. A Gustavo le dejaron ropa económica pero al menos limpia y decente y la orden de que igual partiera a la compañía lo cual hizo casi al mismo tiempo que su ama aunque el demoró mucho mas en llegar tomando en cuenta de que a el lo hicieron ir a pie no quedándole otra opción mas que caminar una distancia considerable mientras que Andrea y su abuela lo hicieron en el reconfortable automóvil deportivo de la hermosa muchacha.

Así dio inicio una nueva fase del infierno de vida que llevaría Gustavo pagando con creces por sus errores del pasado pues por unos días las chicas en la compañía se limitaron a humillarlo y hacerlo sufrir, lo dejaban por ratos en verdad eternos postrado a los pies de ellas suplicándoles su ayuda para que siempre al final lo apartaran con una patada y lo echaban de ahí entre todas propinándole bofetadas y empujones. Por las tardes continuaban sus pesares en la casa de Andrea a quien Gustavo casi ni veía y cuando la chica se dignaba a mostrarse frente a el era solo para limitarse a ordenarle y comprobar que cumpliera con sus labores de criado, ya mas adelante lo entrenaría como esclavo pues según ella todavía quedaban en el joven algunos detalles por pulir.

Así transcurrieron dos semanas hasta que Gustavo tal y como ya se le estaba haciendo costumbre se presentó por la mañana en la compañía resignado a sufrir su calvario de ese día con la diferencia de que esa vez fue requerido para presentarse a la oficina de su ama Andrea y así lo hizo, Gustavo entró penosamente gateando a la lujosa oficina pues solo así de esa humillante manera le tenían permitido desplazarse por toda la compañía, nada mas hacerlo pudo observar que ahí se encontraban las tres chicas presentes en compañía de Andrea quien le permitió gentilmente permanecer de rodillas y mirarlas, el joven las miraba asustado y las malvadas chicas le sonreían burlonas. Andrea le habló a Gustavo.

¡Bien Gus, las chicas por fin han tomado su decisión la cual he aceptado y por ello hemos llegado a la conclusión que tu eres como un icono, como un símbolo de ésta compañía por todo el tiempo y el cargo que has ocupado!— le comunicó Andrea con cierta emoción y tratando de sembrar aún mas la incertidumbre en el joven, después de una pausa continuó— ¡por lo tanto no podemos echarte!— concluyó una risueña Andrea apoyada al igual con las sonrisas de las otras chicas. Gustavo respiró aliviado pero ese alivio le duró muy poco pues enseguida la malvada Andrea le comunicó lo que faltaba decirle de la cruel decisión que habían tomado con el.

¡Sí, podrás quedarte Gustavo!— de nueva cuenta la chica hizo una pausa, miró en complicidad a las otras y sin poder evitar la gracia que le causaba todo lo que le estaban haciendo padecer al joven terminó por comunicarle a Gustavo diciéndole, casi gritándole entre risas— ¡FELICIDADES GUSTAVO ERES LA NUEVA MASCOTA DE LA EMPRESA!— al momento todas se carcajearon cruelmente de el pero al joven tan solo parecía importarle las carcajadas y las burlas de Andrea y de nadie mas a lo que tan solo se limitó tristemente a mirar con el rostro desencajado a su ama esperanzado una vez mas en encontrar siquiera unas migajas de compasión y pena hacia el.

¡Así es Gus, hemos decidido que para pulir tu orgullo por completo te vendrá muy bien hacer las labores de algo completamente inferior, degradante pero a la vez cómico y que mejor que tomarte como nuestra mascota!— le explicó amablemente Andrea con una bella sonrisa en su rostro sin importarle como siempre los sentimientos del joven.

¿No te alegra mi amor?— continuó burlándose a sus anchas la hermosa joven haciendo reír de nuevo a todas por los gestos tan graciosos que a Andrea le salían al natural en especial cuando se trataba de burlarse de Gustavo— ¡en mi caso serás mi perro tanto en mi hogar como en mi trabajo jajajajaja!— concluyó riendo alegremente.

Gustavo no pudo evitar sentirse en verdad destrozado moralmente pues no contaba con que éstas chicas no dejaban de sorprenderlo a cada instante y justamente en ese momento cuando apenas asimilaba el mas reciente cambio que se daba en su vida ahora en poder de Andrea y compañía, su hermosa dueña se tronó los dedos mirando con malicia a las demás chicas quienes le sonrieron cómplicemente marchándose de la oficina pero tan solo por un momento. Mientras Andrea le habló de nuevo a Gustavo haciéndolo tan dulcemente que nadie sospecharía que lo hacía con burla y con sarcasmo.

¡Aguarda mi amor que viene lo mejor del día!— la cruel chica hizo una pausa para soltar una de sus ya habituales risitas burlonas y enseguida añadió aún entre risas— ¡tu bautizo como nuestra mascota!; ¡tú tranquilo, no tienes que hacer nada solo quedarte así como estás, quietecito y de rodillas, ah, y cierra los ojos ya!;

Gustavo obedeció, ¿Qué mas le quedaba sino resignarse a esperar lo que viniera por parte de estas perversas muchachas?; Andrea lo miraba sonriente mientras el joven permanecía con los ojos cerrados invadido una vez más por los nervios y el miedo mientras que Andrea se frotaba las manos aguardando la entrada de las otras chicas.


Continuará……………………….


EL ENGAÑO 2

Una vez dentro de la lujosa oficina, la dichosa y misteriosa nieta de doña Graciela se encontraba sentada cómodamente en su reconfortable mueble de modo que les daba la espalda al momento de oír los pasos y la llegada de su abuela y Gustavo; enseguida se fue volteando muy lentamente, Gustavo que en verdad se encontraba invadido por el pánico y los nervios había entrado con la mirada totalmente clavada al piso por lo que fue alzando el rostro como si en verdad no deseara hacerlo, pausadamente a lo que pudo apreciar en primer plano unas finas zapatillas negras cerradas de altos tacones, una pierna cruzada sobre la otra, piernas perfectas, muy bien formadas, una falda negra corta y un saco y corbata al igual negros con blusa azul oscuro por debajo del saco, mirada perversa mezcla entre demonio y ángel, hermosa morena, delgada, de ojos negros, cabello lacio y largo en un tono rojizo, ¡oh por Dios!, Gustavo se fue para atrás totalmente petrificado, fulminado por la impresión,¿era imposible?, no, no lo era; ¡era Andrea!;

Era Andrea quien estaba sentada al frente del negocio, radiante y tan elegante quien con una bella sonrisa los saludó— ¡hola abuela!, enseguida hizo una pausa continuó con la bella sonrisa plasmada en su rostro pero ésta vez se expresó con lástima— ¡hola Gustavo!;

¡Hola preciosa!— le respondió excitada doña Graciela para que al instante se dirigiera mas que burlesca hacia su temeroso acompañante— ¡Gustavo, mi única y hermosa nieta, mi mayor tesoro, Andrea!; ¿se conocían verdad?, jajajaja— doña Graciela había dejado de hablar por un momento, lo justo para carcajearse a su antojo y a continuación darse respuesta ella misma a su interrogante— ¡por supuesto que se conocen, ay Gustavo caíste como el mas perfecto imbécil ante los encantos de mi hermosa nieta!— concluyó mirando a Gustavo con una expresión de burla total difícil de imitar.

Gustavo temblaba de pies a cabeza, en su mente se había formado una mezcla de sentimientos confusos entre amor, odio y miedo ante la presencia imponente de la hermosa Andrea, todo estaba sucediendo muy rápido, tan rápido que a Gustavo le resultaba imposible de pensar y tratar de asimilar y entender tan confusa situación. Andrea se puso de pie para que Gustavo pudiera admirar aún mas su belleza, en especial y como lo permitía su ajustada falda, sus bien formadas piernas que resaltaban al lucir sus finas y altas zapatillas y ante un desconcertado Gustavo que oyó atento con el rostro desencajado como doña Graciela le explicaba lo que estaba mas que claro mientras Andrea no dejaba de sonreírle a la vez burlona a la vez coqueta.

Gustavo había caído en el juego, en un juego cruel ideado por doña Graciela, más bien por su perversa nieta. La misma doña Graciela había contado a su nieta su situación laboral y entre ellas planearon que Andrea se infiltrara en la compañía para seducir, enloquecer y posteriormente destruir por completo la vida de Gustavo y la primera parte estaba cumplida.

¿No dices nada mi amor?— se burló Andrea de Gustavo sin remordimiento alguno, por lo contrario, riendo alegremente mientras cruzaba los brazos y golpeaba suavemente en el piso con su tacón a modo de berrinche; éste se le quiso ir encima— ¡maldita, maldita zorra!— gritó Gustavo fuera de si, presa de la indignación que sentía y tratando de contener sus lágrimas ante semejante burla de la cual estaba siendo objeto.

¡Eyyyyyy!— se expresó divertida Andrea que ni siquiera se había preocupado por la reacción de su ex novio aunque por aquello de las malditas dudas se armó con un florero al verse en desventaja con el joven si de fuerza bruta se trataba— ¡cuidadito Gustavo!, digo, ¿Por qué te empeñas en hacer mas estupideces?, ¿no te basta con la situación en la que te encuentras?; jajajajaja, ¿Qué quieres, matarme?, sabes que eso es imposible, además en éste momento las chicas están pendientes de todo y a una señal irían por seguridad o sea que ni lo pienses, por otro lado ¡no puedes morder la mano de la única persona que si quiere, puede salvarte o sea yo!— concluyó risueña Andrea y muy orgullosa de si misma.

Gustavo no se la terminaba de creer, Andrea lo había traicionado, ¡claro!, era la nieta de su peor enemigo y el tan imbécil nunca se le ocurrió siquiera sospechar ligeramente de la joven, a decir verdad el plan fue perfecto, la chica alteró los informes entregando una verdadera porquería el de el y algo mas que impecable el de su abuela Graciela y ahora se sentía en sus manos, en el poder de aquella cruel joven que había jugado y manipulado sus sentimientos a la medida de su antojo ¡pero no!, no estaba dispuesto a doblegarse ante ella, quizás lo hubiese echo ante doña Graciela y ante su nieta pero no imaginando que se trataba de Andrea que tan solo se había burlado de el y lo había llevado de la mano al fracaso y el tan idiota no solo cayó redondito sino que no dejó un momento de pensar en ella y en el amor que le continuaba teniendo y no dudó ni un momento en defenderla pues lo hubiese echo a capa y espada si la misteriosa nieta y doña Graciela hubiesen pretendido hacerle daño ¡ironías de la vida!, pero ahora a como pintaban las cosas no le daría el gusto de verlo acabado aunque el panorama lucía difícil para el.

¡Bueno ya!— exclamo con fastidio Andrea— vamos al grano que como puedes ver estás en mis manos y por lo tanto……

¿Qué quieres que haga?— la cortó Gustavo mirándola con cierto rencor y en verdad indignado pero a la vez impotente ante ella pues aunque Gustavo pretendía firmemente no sucumbir ante ella, eso resultaba ante su situación imposible y ambos lo sabían, sabían muy bien quien se encontraba a merced del otro no solo en términos legales sino también emocionales y eso era aún mucho mas complicado de tratar.

¡Muy bien!— le respondió Andrea entusiasmada y esmerándose en emplear un tono de lo mas burlón— ¿Qué quiero que hagas?, ¡pues tu que crees después de todo el tiempo que te la pasaste fastidiando a mi abuela y que ella desconsolada me lo platicaba!, bueno pues como mínimo, digo, para comenzar, ¡quiero que te humilles ante mis pies y me supliques que te ayude!, ¡arrodíllate, arrodíllate ante mi y ante mi abuela Gustavo y ruéganos como un miserable para que te ayudemos!— fue la mas que petición, mandato de la chica que cada vez se le notaba mas excitada con la situación.
Gustavo tan solo atinó a reír nerviosamente y a contestarle torpemente intentando no trabarse al hablar y en especial a mantener una postura firme y segura aunque en su interior se sentía incapaz de lograrlo— ¡ni lo sueñes maldita loca!— enseguida hizo ademán de retirarse. Doña Graciela permanecía en silencio observando mientras que Andrea tomaba de nuevo el control de las cosas.

¡No es necesario que te marches!— se dirigió Andrea hacia Gustavo mas no a modo de amenaza sino de simple observación aunque ello bastó para dejarle en claro su complicada situación— ¡la policía ya está afuera esperándote!, ¿quieres pasar la vergüenza de que en unos momentos todo mundo sepa tu realidad?, la triste realidad del alguna vez todopoderoso Gustavo, te lo digo porque también llamé a la prensa y la tengo al igual afuera aguardando, porque verás queridito— le dijo esto último acercándosele y acariciándole la mejilla con su delicada mano provocando aún mas a Gustavo que apartó ofendido el rostro— todo el dinero que tomaste incluidos los créditos que solicitaste fue a cargo de la empresa o sea que me lo debes a mi y a mi abuela así que piénsalo Gustavo, no te queda de otra mas que atenerte a nuestro capricho y que te adelanto será muy cruel para ti y placentero para nosotras, ¡decide de una vez y no me hagas perder el tiempo!;

Gustavo mostró una expresión de furia en su rostro y se acercó decidido hacia Andrea que se exaltó un poco ante la clara expresión de éste pero enseguida la chica se tranquilizó y hasta se relajó al contemplar como la mirada de furia desaparecía por completo en la cara de Gustavo para cambiarla por una de preocupación, de tristeza, ¡por una mirada perruna que lo único que ansiaba era una migaja de atención de su dueña!, en éste caso Gustavo interpretaba a un pequeño cachorro perdido y Andrea a una hermosa ama, hermosa, joven y cruel.

Solo respóndeme algo, Andrea— le dijo Gustavo mirándola con sus ojos llorosos y tratando de lograr conmover a la chica con su mirada perruna que reflejaba a la perfección, para su infortunio tan solo estaba divirtiendo a la perversa joven— ¿llegaste a sentir algo por mi?, ¿siquiera me tienes un poquito de afecto?— le preguntó el joven Gustavo con la voz entrecortada, con el corazón en la mano esperando una respuesta y que al no recibir mas que una leve sonrisa por parte de Andrea la cual no supo interpretar si era sincera o sarcástica, continuó tratando de defenderse y justificarse ante ella por sus actos— ¡sí!, se que hice cosas horribles a tu abuela pero, ¡DEMONIOS!, ¡COMO COÑO IBA A SABER QUE ERA TU ABUELA!; en cambio a ti— hizo una pausa y respiró profundo para evitar llorar, el alguna vez altivo, orgulloso y prepotente Gustavo estaba siendo mas que sincero en sus palabras, Andrea lo había flechado de una manera mucho mas efectiva que de hacerlo con un poderoso hechizo, no había echo falta pues la sola figura de Andrea representaba un poderoso antídoto que absorbía por completo a quien se le diera la gana y Gustavo había experimentado el placer y la dicha de sus caricias, de sus abrazos, ¡de sus besos! Y tan solo estaba comenzando a pagar el alto precio quedando a merced de la perversa joven que en verdad disfrutaba al tenerlo en esa situación, al fin Gustavo se armó de valor para terminar expresándole lo que sentía por ella— ¡a ti te traté como a una Diosa por que eso es lo que representas para mi!, no lo puedes negar, ¡dime al menos que en tu interior sientes algo de amor hacia mi y te juro que no me importaría quedarme aunque eso signifique ser tu burla y la de tu abuela!— concluyó el joven de nueva cuenta a casi nada de que el llanto lo traicione.

Andrea por su parte también respiraba agitadamente pero no por temor a llorar o por desesperación sino por el contrario trataba de controlarse para no carcajearse frente al rostro afligido y la figura frágil de Gustavo, la cruel chica presentía que ya tendría tiempo de sobra para divertirse como nunca a costa del sincero amor de Gustavo a lo que por el momento quería jugar todo lo lento que pudiera con el, quería probar hasta que grado el antes arrogante Gustavo se iba a despedazar y a humillarse por amor ante ella. Andrea le sonrió cruelmente a Gustavo, no podía sentirse más alagada al ser testigo de que a pesar de todo el joven le confesaba su amor.

¡Quédate y lo sabrás!— fue la respuesta de la chica sin ocultarle sus perfectos dientes blancos y su cruel y coqueta sonrisa.

Gustavo se encontraba completamente perdido, ¿el culpable?, no era Andrea, era más bien el loco amor que sentía por ella con el cual no era nada sencillo de lidiar; Andrea tomó a su favor lo confundido y nervioso que Gustavo se encontraba y no le permitió ordenar sus pensamientos y sentimientos aunque la realidad era que no había nada que ordenar ni pensar para el joven pues sencillamente se moría de amor por la chica y el marcharse mas allá de parar en prisión implicaba no volver a verla, ¿pero?, el quedarse a su lado ante la posición que ésta le planteaba, ¿realmente valía la pena?, justo ahí se encontraba la controversia y la confusión en la mente de Gustavo.

¡Vamos Gustavo, de rodillas ante mi, de rodillas ante tu Diosa, tu mismo me has confesado que eso es lo que soy para ti, entonces, vamos, demuéstramelo con tus actos, comportándote tal cual lo debes hacer ante mi, ante tu Diosa!— le ordenó Andrea hablándole tan dulcemente y sin dejar de sonreírle lo cual terminó de hundir a Gustavo que al final como era de esperar no coordinó sus ideas y para cuando intento reaccionar ya se encontraba arrodillado y con el rostro lloroso y humillado ante la belleza de Andrea, lo hizo lentamente hasta quedar de rodillas como si hubiese leído los pensamientos de la joven que precisamente era lo que deseaba, disfrutar lo mas que pudiera con su humillación.

¡Jajajajajajajajaja!— una cruel carcajada invadió toda la oficina, Andrea se estaba riendo a gusto ante el pobre de Gustavo que luchaba por no soltarse a llorar, luchaba por hacerse sordo ante tan insultantes carcajadas e incapaz de creer, de asimilar como podía haber tanta malicia y crueldad en una misma persona que a la vez contaba con una belleza sin igual, Gustavo no terminaba de encajar en su mente como Andrea podía ser una mezcla tan perfecta de hermosura y perversidad.

¡Acércate Abuela!— le pidió Andrea a doña Graciela tan pronto pudo recuperar el habla después de reírse tanto; ésta lo hizo a lo que su nieta después de dedicarle otra aunque breve sonrisa a Gustavo; ambas, nieta y abuela lo contemplaron por unos instantes en su posición de rodillas, humillado ante ellas hasta que Andrea se expresó dirigiéndose a su abuela pero sin dejar de mirar burlesca a Gustavo.

¿Dime abuela, éste es el imbécil arrogante que solía molestarte?;

¡Sí, el es!— respondió risueña doña Graciela a su nieta.

¿Esta mierda que está aquí arruinada e implorando nuestra ayuda es quien solía fastidiarte?;

¡Así es!— respondió afirmativamente doña Graciela.

¡Bueno, Gustavo!— se expresó Andrea mirando con cierta lástima al joven— demuestra que estás arrepentido y— haciendo una ligera pausa para sonreírle burlonamente concluyó diciéndole dulcemente— ¡bésale los pies a mi abuela!;

Gustavo se fue para atrás ante tal petición y tan solo atinó a decir entre asustado y ofendido— ¡noooo, eso no, ya es suficiente!;

¿Suficiente?— le reprochó una todavía mas indignada Andrea que deseaba a como estaba acostumbrada a ser obedecida al instante por Gustavo o por cualquiera sin importar lo aberrante, grosero o déspota en que se expresara, ordenara y deseara que se le complaciera— ¿crees que en la cárcel dirás lo que es suficiente?;

Gustavo a pesar de todo no pudo evitar por un momento mirar con cierto rencor a Andrea, después de haberse sincerado por completo con ella e ir comprobando que al parecer a la chica sus sentimientos no le importaban en lo absoluto; el joven quiso alegar a su favor pero tan solo pudo mirar por escasos segundos a Andrea pues casi al instante se llevó una fuerte y humillante bofetada que le dolió en lo mas profundo de su ser por tratarse de su gran amor de quien estaba recibiendo tan insultante trato.

¡Obedece idiota que ya me estoy arrepintiendo de ayudarte!— le gritó Andrea con una autoridad impresionante y dispuesta a propinarle otra bofetada mas y las que sean necesarias hasta verse totalmente satisfecha en lo que deseaba.

Gustavo respiró profundo para luchar con el llanto que era lo único que hasta el momento no lo había traicionado por completo y es que sentía que eso sí no lo soportaría, ¡el tan masculino, tan machista y orgulloso, no, no podía llorar por muy difícil y penosa que fuera su situación!; sin tener otra alternativa fue bajando muy despacio el rostro hasta quedar prácticamente postrado ante los pies de doña Graciela y a punto estuvo de culminar su humillación en cuanto Andrea se expresó sonriéndole a su abuela— ¡espera, seguro que las chicas querrán ver esto, carajo, tanto que me lo recomendaron y se me estaba pasando!;

¡Noooo, por favor!— gritó suplicante Gustavo— esto es entre ustedes y yo— le imploraba desesperado al momento que se arrojaba a los pies de Andrea al verla alzar el teléfono, Gustavo intentó continuar con sus angustiosas súplicas pero Andrea, la cruel Andrea lo trató sin piedad al darle una brutal patada en plena cara con la punta de su zapatilla.

¡A callar perro que esto es entre tú y quienes a mi se me de la puta gana incluir!— le gritó con desprecio mientras lo observaba humillado a sus pies lamentándose y limpiándose su sangre con la camisa al lograr como resultado con sus súplicas terminar con los labios partidos— además, entérate de una vez, ¡todas las chicas están al tanto de tu situación y de la trampa que te puse con mi abuela y mira que están encantadas con apoyarme en la decisión que tome contigo!— concluyó Andrea sonriéndole despectivamente a Gustavo.

Y en ese momento habló por teléfono y casi al instante empujaban la puerta haciendo acto de presencia las tres bellezas Liliana, Aceneth y Alejandra; todas sin temor a ocultar su risita burlona sobre Gustavo. Andrea mirándolas muy divertidas les comentó— ¿Cómo ven?, aquí el pobre de Gustavo— se expresaba de nueva cuenta empleando una expresión de lástima al hablar y observando ligeramente al joven— está dispuesto a hacer lo que sea con tal de que le demos una oportunidad y como primer paso quiere reconocer el triunfo de mi abuela sobre el— de pronto Andrea hizo una pausa para después continuar muy sonriente y elevando el tono de su voz— y como no hay acto de mayor humildad para reconocer la superioridad de otra persona pues el mismo me pidió que las llamara para que sean testigos de ¡como gustosamente le besa los pies a mi abuela felicitándola por su triunfo!— concluyó alegremente la bella Andrea. Las tres chicas se partían de risa.

¡Eso quiero verlo!— exclamó con entusiasmo Alejandra.

¡Vamos Gustavo!— lo animó cruelmente Andrea— ¡adelante, puedes comenzar a divertirnos!— concluyó entre risas.

A Gustavo parecía que la cabeza se le iba a reventar de tan furioso que estaba pues tal parecía que su carácter funcionaba tan solo un tanto dócil ante Andrea pero ante la presencia de las otras chicas y de la maldita Graciela de nueva cuenta se sentía invadido por la furia y el coraje pero comprendió dentro de toda esa furia que a cada minuto que pasaba el se encontraba todavía mas en el poder de Andrea y de su abuela a lo que con asco y repulsión estando de rodillas, se inclinó hasta pegar los labios en los finos zapatos de doña Graciela que se abrazó dichosa y se sintió mas que orgullosa de su nieta pues gracias a ella estaba resultando posible lo que antes parecía una hazaña mas que eso lo que antes parecía tan solo un bello sueño, ahora era realidad; la señora tan solo tuvo que dignarse a mirar hacia el suelo y contemplar como el infeliz de Gustavo se encontraba ridículamente arrodillado exponiendo de manera tan patética el trasero y lo mejor ¡se estaba humillando ante ella manteniendo la cara pegada a sus pies besando con asco, sí, lo que resultó mas placentero para doña Graciela al comprobar lo que a Gustavo le había de estar doliendo el encontrarse humillado ante ella besando sus zapatos!;

Gustavo permanecía arrodillado con la mirada hacia el piso, se sentía incapaz de atreverse a mirar a la cara a cualquiera de las personas que tenía enfrente, se sentía tan denigrado que se quería morir, ¡como deseaba en ese momento un abrazo siquiera de consuelo por parte de Andrea, como añoraba el pobre infeliz siquiera una migaja de compasión por parte de su amada Andrea!; para su desgracia Andrea no estaba pensando lo mismo.

¡Ahora muéstrame a mi tus respetos!— fue la siguiente petición de la perversa Andrea mostrando una sonrisa de oreja a oreja aguardando pacientemente a que Gustavo la obedeciera. En cuanto pudo Gustavo se armó de valor para enfrentarse a su cruda realidad y de nueva cuenta se vio postrado ésta vez a los pies de la hermosa joven, a los pies de su Diosa Andrea y de la misma forma se humilló ante ella besándole los pies, besando sus finas zapatillas pero ésta vez no hubo asco, no hubo repulsión; Gustavo no podía ordenarle a su corazón ni a sus sentimientos, ¡le dolió y le dolió en lo mas profundo de su ser!, pues la amaba a morir y tristemente comprobaba que la chica lo despreciaba, ¡eso era lo que le dolía!, el desprecio de Andrea no humillarse ante ella; Gustavo besó con pasión y con amor, sí, con amor y pasión besó los pies de Andrea mientras que la malvada muchacha se sonreía cruelmente sintiéndose complacida en vanidad y orgullo al presentir el amor que el pobre joven le profesaba, al presentir por igual que Gustavo se estaba humillando ante ella por amor y no por temor de parar en prisión ni nada. Andrea se sentía cada vez mas poderosa y con la firme intención de llegar hasta el fondo y averiguar hasta que grado Gustavo la amaba.

Andrea por pura maldad dejo que Gustavo se humillara a sus pies alrededor de unos quince minutos y en todo ese lapso el pobre infeliz no dejó un solo segundo de besarle los pies y casi lamerle los zapatos a su cruel amada pues la chica solo por divertirse y divertir a las demás incluso se descalzó por unos instantes ofreciéndole su bello y delicado pie al joven el cual éste besó con humildad sin hacer una sola mueca de asco a pesar de las burlas y del inminente olor que provenía de ese pie mezcla de sudor y piel, no contenta Andrea lo dirigió pisándole la cabeza con su pie desnudo obligándolo a respirar el interior de su zapato ante el beneplácito de todas las presentes, al final Andrea se volvió a acomodar la zapatilla y apartó a Gustavo con una leve patada entonces de nueva cuenta tomó asiento cruzando las piernas seductoramente mientras le sonreía coqueta a un afligido y cada vez mas humillado Gustavo.

¿Me ayudarás?— le suplicó angustiado el joven haciéndose sordo a las risas de las otras chicas— ¿podré conservar mi empleo para que pueda pagarte?;

¡Mmmmm, no se!— le contestó Andrea entre risas tan solo para atormentarlo cuando bien sabía todo lo que haría con el, después de una pausa y otra de sus bellas sonrisas añadió— ¡pregúntale a las chicas, sí, ya está, que tus ex empleadas que te adoran decidan por ti!— concluyó burlona. Las tres jóvenes se miraron entre si intercambiando sonrisas y al ver que Gustavo no se atrevía siquiera ni a darse la vuelta para enfrentarlas fue Aceneth quien tomo el mando.

¿Qué no oíste perro?— le habló con desprecio— ¡te acaban de decir que dependes de nosotras así que date la vuelta y arrástrate hasta llegar a nuestros pies!;

Andrea se pegó una fuerte carcajada contagiando a las demás. Gustavo se tomó su tiempo y sin tener nada que perder, ¡bueno!, solo lo que le quedaba de orgullo y dignidad se dio la vuelta no sin antes mirar a Andrea implorándole con la mirada que intercediera por el ante las chicas pero al verse ignorado no le quedó de otra mas que avanzar gateando como un animal hasta situarse ante los pies de sus mas que ex compañeras, ex personal que tenía a su cargo y del cual hizo y deshizo a su antojo y capricho cuando era conocido como el todopoderoso Gustavo; había quedado en su posición mucho mas cerca a los pies de Alejandra que lucía unas sandalias doradas de altos y finos tacones y las uñas las llevaba impecables en un rojo intenso, ésta graciosamente lo levantó ligeramente por la barbilla con la punta de su sandalia y le habló expresándose con lástima— ¡a ver Gustavo!, ¿quieres conservar tu empleo y seguir a nuestro lado?;

¡Sí!— respondió éste en voz baja.

¡Sí qué idiota!— lo reprendió Alejandra golpeándolo con la suela de su sandalia en plena cara— y recuerda tratarnos con respeto por que ya no somos iguales— concluyó mirándolo despectivamente.

¡Sí señorita Alejandra, deseo seguir a su lado y con mi empleo!— respondió angustiado Gustavo tan pronto se sintió capaz de seguir soportando tan injusto trato pero al instante lo que se llevó fue otra patada ésta vez en el pecho y otro insultante comentario— ¿y eso es una petición, es una orden o es una súplica?, ¡explícate estúpido!;

¡Es una súplica!— contestó humillado después de un momento en silencio en que se estuvo tallando el pecho.

¡Sella tu súplica, ya sabes como!— le dijo Alejandra sonriendo maliciosamente.

Gustavo ya no se lo pensó y acompañándose de nuevo con el asco al no tratarse de su adorable Andrea besó con cierta repulsión los lindos deditos de los pies de Alejandra que trataba de moverlos graciosamente sonriendo satisfecha hasta que le ordenó— ¡alza la cara!;

Gustavo temeroso accedió y al momento una cruel bofetada se estampó en su rostro quedando aceptado por parte de la chica. Enseguida gateó en dirección hacia Aceneth y antes de que se lo ordenaran le besó sus sandalias negras; ésta sonriente al igual le ordenó— ¡alza la cara!— Gustavo lo hizo y lo que se encontró fue un asqueroso salivazo, intentó limpiarse el rostro pero Aceneth le gritó amenazándolo— ¡ni se te ocurra infeliz, no sabes como deseaba éste momento!— y haciendo de nuevo un sonido repulsivo que provenía de su garganta volvió a escupirle en la cara dejándole un flemazo el cual no tenía ninguna prisa en recorrer y bajar por el rostro de Gustavo dando por hecho la aceptación de Aceneth.
Con el orgullo y la dignidad por los suelos el joven gateó de nuevo ésta vez hasta acercarse a Liliana quien le permitió gentilmente al igual que sus compañeras que les besara unas preciosas zapatillas negras de mediano tacón; Gustavo al ver que ésta no se dignaba a dirigirle la palabra comenzó a murmurarle humildemente que le diera una oportunidad y demás pero Liliana lo cortó hablándole con absoluto rechazo— ¡cállate, como eres de baboso!, a ver, rápido, de rodillas y manos atrás que voy a hacer algo que igual ya llevo tiempo deseándolo— concluyó con una sonrisa cruel en su rostro.

Gustavo obedeció; Liliana lo contempló cuanto quiso teniéndolo a su merced y en cuanto el pobre menos se lo esperaba la cruel chica lo castigó con una patada en sus testículos haciéndolo quedar a sus pies aullando de dolor mientras todas ellas se carcajeaban sin piedad.

¡Pues ya está!— comentó Aceneth riendo a Andrea.

¡Bueno!— comentó Andrea divertida aunque mirando con cierta pena al pobre de Gustavo que no dejaba de quejarse y se aferraba a mirarla soñando con encontrar esa migaja de compasión y amor que tanto añoraba— ¡pobrecito, esa sí que te dolió!— pensó en silencio Andrea hasta cierto punto conmovida al ver la expresión de dolor en el rostro desencajado de Gustavo.

¡Un momento!— intervino Liliana para desgracia de Gustavo— yo aún no estoy convencida.

¿Qué propones?— le preguntó muy interesada Andrea.

¡Pues de momento que se largue antes de que lo mate a patadas y coño ya no tengamos con quien desestresarnos y ya que regrese mañana a ver que sucede!— fue la sentencia de la bella huerita Liliana.

¡Ya oíste Gus!— le habló burlonamente Andrea a quien la idea de Liliana le pareció encantadora— ¡lárgate!; éste en cuanto se recuperó se marchó adolorido para llevarse la amarga sorpresa al regresar a su casa que se la habían embargado con todas sus propiedades dentro; en pocos instantes asimiló que sea como sea el caso era que desde ese momento no tenía nada mas que la ropa que llevaba encima, se sentó en una banqueta y a punto estuvo de romper a llorar pero se contuvo reconociendo que si debía llorar, si debía implorar al menos tenía que hacerlo ante alguien que pudiera ayudarlo y protegerlo e inexplicablemente en el corazón y en la mente de Gustavo tan solo estaba grabado a fuego un solo nombre: ¡ANDREA!;


Continuará…………………………..

EL ENGAÑO 1

Una importante compañía de publicidad y asesoría para micro y medianas empresas se encontraba envuelta en los últimos días en una absoluta controversia. El personal permanecía entre las ansias y la incertidumbre todo producto de la espera de una importantísima decisión por parte del dueño de dicha compañía, un señor sobra decirlo asquerosamente rico, ¡sí!, pero ya cansado y enfermo quien en sus buenos tiempos había revolucionado tal negocio pues habiendo ejercido buenos años de su vida como un magnífico empresario era mas que conocedor de lo que estos y las empresas ansiaban conocer para llegar a la senda del triunfo y las jugosas ganancias tal y como el lo había logrado y precisamente su negocio trataba de ello profesional y visualmente.

Esto por que el personal lo formaban nada mas y nada menos que tres bellezas en toda la extensión de la palabra que se encargaban de dividirse la cartera de clientes y sobre todo persuadirlos para que dejen en sus manos su capital de trabajo lo cual significaba considerables ganancias para ambas partes pero mas para el dueño de la compañía.

¿Y quien podía negarse ante el encanto y también profesionalismo de Aceneth, Alejandra y Liliana?; las tres rondaban por los 25 años y habían sido previamente supervisadas y calificadas para su trabajo aunque dicha contratación la lograron gracias a su belleza y casi perfectos cuerpos estéticos. Siendo Liliana una huerita hermosa de cabello ondulado, Alejandra era clara de color pero con un largo cabello lacio que le llegaba hasta los hombros y Aceneth al igual clara de color, cabello lacio y con unos aunque lejanos pero encantadores rasgos orientales.

Otro punto a destacar que contó y mucho para que las tres lograran dicho trabajo fue el ceder aunque ajenas a su voluntad a los chantajes de acostarse con su jefe inmediato el todopoderoso encargado de Recursos Humanos, Gustavo que era como se llamaba el clásico sangrón, machista, prepotente y nada feo joven de unos 27 años aproximadamente quien era el brazo derecho del dueño y en realidad era actualmente quien mandaba en el negocio como resultado de las constantes ausencias del dueño enfermo y a la confianza que éste había otorgado a Gustavo.

Ahora el dueño enfermo pareció enloquecer aún mas al decidir heredar toda su fortuna con la compañía incluida al que según el considerase su mejor y leal empleado, ésta loca decisión fue producto de que no tenía ni esposa ni hijos ni perro que le ladre. Las cosas no podían ser mejores para Gustavo máximo aspirante a quedarse con tal fortuna y las escrituras de la compañía y peores para las chicas pues suficiente tenían con casi tenerle que hacer una reverencia a su odioso jefe Gustavo y aparte dedicarle una sonrisa ante sus molestos y groseros comportamientos con ellas cuando en realidad lo que deseaban era escupirle a la cara como mínimo, ¡como lo odiaban cada vez que se paseaba tocándolas descaradamente por donde mas le apetecía hacerlo y casi escogiendo al azar con quien pasar un rato divertido!, pero lo que hacía que éstas chicas no renunciaran era que ganaban muy bien, mas que bien teniendo muchos privilegios los cuales no tendrían si se encontraran laborando en otros lugares y eso Gustavo lo aprovechaba a la perfección para amenazarlas de vez en cuando con despedirlas.

Gustavo tenía a las tres hermosas chicas justo donde quería, en la palma de su mano y encima ahora que corrían los fuertes rumores de que el sería el próximo dueño absoluto de todo. Así eran las cosas, toda felicidad para Gustavo y una pesadilla para esas lindas chicas pero, ¿Por qué siempre sale un pero?; el único punto negro para Gustavo aunque a decir verdad no era algo que no lo dejara dormir lo representaba doña Graciela, una señora ya de una avanzada y considerable edad y que era la única que desencajaba ante la juventud y belleza de las otras chicas aunque eso no quería decir que sea fea por lo contrario la señora se esmeraba en arreglarse invirtiendo en cremas y demás remedios y milagros en los que creía hasta los extremos ante la constante amenaza de las bellezas con quienes trabajaba, la señora en verdad se cuidaba y se arreglaba al máximo, el caso aquí o mejor dicho lo complicado de su caso era que no entendía que simplemente el tiempo no se detiene y que los años pasan y pesan y la edad no perdona, nadie le había expresado aquella famosa frase de que al final no importan los años de vida sino la vida de los años.

Doña Gracielita como la llamaban las chicas cariñosamente había laborado en esa compañía casi toda una vida y aunque Gustavo ya varias veces había intentado correrla pues no iba con sus gustos y en su lugar deseaba como un loco poseído contratar a otra hermosa joven y ¡claro!, disfrutar de sus encantos ante previa contratación, pero esto no le había sido posible por que doña Graciela como se había comentado llevaba en esa compañía casi toda una vida y fruto de eso había entablado muy buena relación con el dueño aparte de que era todo amor y dulzura; el caso era que el futuro de la compañía estaba entre Gustavo y doña Graciela y todo dependía de un informe a futuro donde desarrollarían un porvenir aún mas glorioso para el negocio y debían presentarlo en unos días al dueño que cada vez empeoraba mas en salud y el decidiría así de fácil a quien dejarle su fortuna y rápidamente Gustavo tomó ventaja al intimidar a diario a doña Graciela ¡y lo había conseguido!; que si llamándola anciana, que poniendo a alguna chica en su contra, esto por amenaza previa a la chica que si no estaba con el en cuanto sea el dueño que era lo mas seguro la despediría; el caso era que la pobre doña Graciela casi vivía un infierno en su trabajo y casi por que aún faltaba lo peor para ella.

Vivía al borde de los nervios y el enojo ante las groserías de Gustavo que en verdad disfrutaba haciéndola sentir mal y amenazándola de que mejor renuncie al concurso. En fin, lo peor para doña Graciela llegó pues en esos días, por capricho de Gustavo y ante la molestia de todas en especial sobra resaltarlo, de la propia doña Graciela pues Gustavo contrató a una nueva chica, Andrea, ¿el motivo?, sí, era bella, como todas, pero no solo eso, a decir verdad, mas bien ante el juicio de los ojos de las personas, de los hombres en este caso ante el juicio de Gustavo y de las propias chicas que muy a su pesar lo reconocieron desde el primer instante en que la vieron, Andrea era perfecta, describiéndola físicamente era una hermosa morena, delgadísima de ojos negros con un cabello largo y lacio que lucía en un tono ligeramente rojizo que le sentaba de maravilla, sus pechos, ¡oh Dios, sus pechos, Dios mío, sus pechos!, cualquier pagano o ateo se convierte en creyente de saber que un encanto así ha sido obra de Dios aunque algunos quizás se inclinen por que ha sido creación de un encantador y seductor demonio y es que si Andrea decía eso, nadie la hubiese cuestionado tan solo la hubiesen adorado y como otro punto a resaltar la chica apenas y había cumplido los 19 años de edad y ya se le podría considerar toda una Diosa.

Gustavo se había vuelto loco por ella y sin pensarlo la contrató y su locura no era para menos, era una locura justificada, era algo que ¡mierda!, no se puede plasmar por escrito, uno intenta describirla, hacer de tratar entender al lector plasmándole por escrito esa belleza pero es que simplemente no se puede por escrito plasmar ese perfecto cuerpo de pies a cabeza, su perfecto trasero, ¿mencione lo de los perfectos pechos?, bueno pues sí, sus pechos eran perfectos, todo en ella era perfecto y no puedes describirla al menos no un hombre que la haya visto, todos han sucumbido al tratar de describirla y terminar acariciándose la polla hasta quedar exhaustos pensando en ella y es que la chica imponía, la presencia de Andrea imponía respeto, admiración y adoración en donde sea que se encontrara era una chica que con tan solo mirarte y clavarte esos ojos negros mandaba un mensaje directo a tu miembro ordenándole: ¡amigo, respétame!, cualquiera, cualquiera terminaba ante sus pies y encima Andrea te hacía sentir que era todo un privilegio siquiera poder limpiarle con la lengua el polvo de sus zapatos que orgullosamente calzaba y ya no hablemos de lograr la hazaña de besarle sus divinos pies; ¡bueno intentemos volver a la redacción del relato y que cada quien se haga en su mente la creación de su propia Andrea al igual que el desgaste empleado en ello es responsabilidad de cada quien!;

Lo que mas molestó a las chicas fue el coqueteo descarado que Andrea le hizo a Gustavo y la mirada de rechazo, de superioridad hacia ellas, mas que nada les dedicó una sonrisa de desprecio dando muestra así de su carácter de soberbia y arrogancia, la chica sabía muy bien quien era, lo que valía y lo que podría lograr con sus encantos y eso la había convertido para muchas personas en una chica odiosa, vanidosa y sin escrúpulos a la hora de lograr sus objetivos; ese rechazo mostrado hacia las chicas las hizo suponer que Andrea no sería una mas del equipo que ellas formaban, lo contrario, Andrea estaría en contra de ellas.

Los días pasaban y Gustavo y Andrea eran inseparables e igual de groseros y molestosos y las chicas nada podían hacer pues era obvio que era la favorita del jefe y casi en su presencia de ellas se besaban y se acariciaban descaradamente pues Andrea al enterarse de que Gustavo estaba con miras a ser el dueño absoluto se esmeró en complacerlo aún mas para sacar partido de ello aunque sus mejores armas eran la seducción y en especial la excitación que provocaba en Gustavo en dejarlo mas que caliente y desesperado pues Andrea solo lo besaba y acariciaba cediendo en parte la iniciativa a Gustavo pero sabiendo de antemano hasta donde frenarlo. Las chicas y doña Graciela eran testigos mudos al observar por la ventana, por detrás de la cortina o por donde pudieran como Gustavo en su oficina prácticamente se devoraba los pechos de Andrea, como le sacaba la blusa como un loco para tener acceso a tan preciado manjar, Andrea gemía mientras que con elegancia le bajaba los pantalones a Gustavo junto con su ropa interior, le acariciaba el miembro con sus suaves y finas manos, Gustavo se sintió un Dios al ver a Andrea arrodillada ante el, al ver a esa belleza rozando con su lengua su enorme polla, al sentir ese cálido aliento y como prácticamente Andrea gozaba al igual succionándole la polla manteniéndola por escasos pero placenteros segundos dentro de su boca que hacían estremecerse de placer a Gustavo hasta que la sujetaba por su cabello dispuesto a apresurarla para que se corriera en su boca para que pudiera entonces desahogarse era justo cuando Andrea se apartaba y con una bella y seductora sonrisa le decía— ¡Eyyyyy, eso cuando seas en verdad el dueño de todo esto!;

¡Vamos Andrea preciosa no puedes dejarme así!— se expresaba agitadamente Gustavo.

¡Sí puedo!— le respondía Andrea con malicia y seguridad en sus palabras mientras se iba acomodando la ropa— ¡además tu te las puedes arreglar solo!, ¿tienes manos no?, ¡bueno pues úsalas, digo igual y puedes intentar chuparte la polla con tu propia boca!, ¿ay no verdad?, ¡jajajaja pero que locuras!, ¡bueno en fin, vamos, no te enojes ya verás que en su momento sabré recompensarte!— concluía besándolo apasionadamente en los labios algo que a Gustavo no le agradaba mucho tomando en cuenta que hacía unos segundos esos mismos labios habían tenido contacto con su polla, al final Andrea se retiraba a su lugar de trabajo dejando todo desconcertado a Gustavo que en otras instancias le hubiera dado un bofetón para después despedirla pero la chica en verdad valía la pena la espera.

¡Zorrita, en cuanto tome las riendas de todo esto tomaré también lo que se me antoje de ti y entonces serás tú quien suplique por mis caricias para mantener tu empleo al igual como las otras putas!— pensaba en silencio y muy irritado Gustavo mientras se expresaba con desprecio hacia todas las chicas para que al final se resignara como solía pasar siempre a tener que encerrarse en su oficina y terminar masturbándose el mismo mientras observaba y fantaseaba con una foto de Andrea.

El momento se acercaba y en todo ese tiempo Andrea demostró que así como era hermosa era igual de inteligente, en su trabajo no dejaba nada que desear, era en verdad fabulosa aunque a las otras chicas les dolió reconocerlo que profesionalmente Andrea no tenía nada que envidiarles al contrario y lo que mas les dolía a las chicas es que Andrea era inclusive un tanto mas joven que ellas. El profesionalismo y la inteligencia de Andrea le vino como anillo al dedo a Gustavo que sin dudarlo se apoyó en ella para que lo ayudara a realizar su informe. Todo indicaba que iban directo al éxito tanto así que faltando unos días para conocer la decisión del dueño la emoción los invadió y Andrea convenció a Gustavo de festejar antes de tiempo comprando de todo para su nueva oficina desde cortinas, muebles, una enorme pantalla de plasma, en fin de todo hasta que para rematar se coló un lujoso departamento, ropa de las marcas mas prestigiadas y las mas insultantes y carísimas joyas que Gustavo orgulloso dispuso como ofrenda ante los pies de Andrea, ¡claro!, todo a cargo de el, total ya lo pagaría sin problemas con su magnifico sueldo por lo tanto solo fue cuestión de firmar y su crédito fue aceptado.

Gustavo no cabía en dicha y felicidad, ¡Andrea era la chica que el siempre había soñado!, hermosa, inteligente y lo mejor ¡perversa y con malicia!; tal como lo era el pues la malvada muchacha no contenta con disfrutar a lado de su novio la derrota inminente día a día de la pobre doña Graciela, quiso humillarla de manera mas personal ¡y lo hizo!; faltaba tan solo un día para saber la decisión; doña Graciela se disponía a marcharse a su casa y consciente de la situación había comenzado a empacar sus pertenencias. Andrea entró sin tocar a la puerta de su oficina seguida de Gustavo.

¡Hola ruca!— saludó entre risas Andrea a doña Graciela según su parecer con suma cortesía— ¡vaya, pero que sorpresa!, ¿ya empacando anciana?;

¡Hagan el favor de salirse de aquí!— le respondió la pobre señora con la voz entrecortada— ¡por Dios!, ¿Qué no han tenido suficiente con todas las burlas que me han hecho?— concluyó doña Graciela sin poder evitar que una lágrima la traicionara y corriera por su mejilla.

¡Jajajajajajaja!— se carcajeó cruelmente la hermosa y malvada muchacha— ¡uy la ruca se enojó, verás y yo que deseaba personalmente ser la que le diera la patada en el trasero mañana!, ¡mi amor algo tienes que hacer para complacerme!— concluyo expresando la última frase a modo de berrinche mientras se abrazaba y besaba a Gustavo logrando que éste se revolcara de risa ante la indignación y al igual risas forzadas de las demás chicas que tuvieron que fingir ante sus nuevos jefes por que era seguro que en adelante también tendrían que obedecer a Andrea. Doña Graciela se limitó a salir de su oficina con unas carpetas que presumiblemente contenían las copias de su informe pero al cruzar a Andrea ésta se las arrebató.

¡Vaya que tenemos aquí!— se expresó burlona Andrea haciendo una ligera pausa para a continuación darse respuesta ella misma a su pregunta mientras que con toda la altanería que le fue posible le dedicó a doña Graciela una de sus mejores sonrisas mostrándole sus perfectos dientes blancos, eso sí, sonrisa cargada con un absoluto desprecio y una ejemplar y envidiable arrogancia— ¡pues basura igual que la basura a quien pertenecen!; todos rieron, doña Graciela nerviosa intentó quitárselas pero la grosera de Andrea la empujó y le tiró todos sus papeles al piso. La señora ya no pudo contener su llanto ante las risas de burlas y humillación por parte de las chicas y Gustavo.

Invadida por la impotencia y la vergüenza doña Graciela se arrodilló penosamente a levantar sus papeles llorando tan tristemente que conmovió a las chicas pero no así a la cruel pareja de Andrea y Gustavo. Andrea en un acto desalmado y ruin le pisoteó sus papeles mientras se burlaba aún más de ella.

¿Oiga ruca se me ocurre algo?, ¡digo, viéndola ahí como una perra a mis pies jajajaja!— hizo una pausa para reírse a gusto mientras admiraba orgullosa a la pobre señora tan humillada a sus pies enseguida miró coqueta a Gustavo y le dijo con una expresión tratando de aparentar lástima y pena cuando en realidad su única intención era la de burlarse por completo de doña Graciela— ¿mi amor por que no la contratamos pero como empleada de limpieza?, ¿no crees que sería divertido?; digo, después de soñar con ser la dueña de la empresa terminar fregando pisos jajaja— concluyó observando con desdén a la señora.

Doña Graciela la miró con furia y esa furia la reflejó al no contenerse y gritarle— ¡maldita mocosa púdrete eres una mal….., ayyyyyyyyyyyy!;

Andrea no la dejó terminar y sin piedad le pisó con su tacón la palma de su mano haciendo presión para hacerle el mayor daño posible y no apartó el fino tacón hasta que la pobre señora se humilló pidiéndole perdón ¡y el colmo!, ¡la obligó a que le besara los pies ante las risas de las otras chicas y un satisfecho Gustavo que cada día adoraba mas a Andrea!;

¡Esta chica es sensacional, somos el uno para el otro!— pensaba Gustavo mientras se partía de risa ante la infame humillación de doña Graciela y la cruel sonrisa de Andrea que se relamía los labios justo después de haber echo un asqueroso sonido que provenía de su garganta y mas asqueroso fue aún el salivazo que se estrelló en el rostro de doña Graciela, Andrea le había escupido la cara para cerrar con broche de oro obsequiándole un grandioso y monstruoso salivazo, mas bien un flemazo verde que se mostraba insultante en el rostro de la señora.

Como pudo y en cuanto pudo doña Graciela se retiró llorando y todavía con restos de saliva en su cara lamentándose y rogando que no tuviera destrozada la mano pues Andrea no había jugado con ella al aplastársela con su tacón y ante la amenaza de sacarla ella misma a patadas la pobre señora salió de ese lugar muerta de llanto, dolor y nervios.

Esa noche Gustavo y Andrea festejaron emborrachándose tanto de alcohol como de placer, Andrea empleaba una lujuria y provocación asombrosa para seducir y hacer a Gustavo y a cualquiera terminar rendidos a sus pies implorándole siquiera una migaja de sus caricias y de su atención y aunque lo mejor del acto vendría al otro día como le hizo ver Andrea a Gustavo cuando tuvieran oficialmente el poder y control de todo aún así la perversa muchacha hizo sufrir y mas bien fantasear al joven permitiéndole algunas caricias de mas incluso le ofreció su cuerpo para que Gustavo dispusiera de el por escasos momentos pero no se dejó penetrar ni mucho menos satisfació a Gustavo como el tanto deseaba terminando al final con la misma escena Gustavo machacándosela hasta eyacular y lograr calmar su excitación pero con la diferencia de que ésta vez lo hizo en presencia de Andrea que se carcajeaba de lo lindo al ver que Gustavo no lograba para entonces una erección producto del nerviosismo y quizás del alcohol esto por el expreso deseo de la chica de que quería verlo desnudo y masturbándose frente a ella.

Y amaneció. Gustavo se presentó a primera hora acompañado de una imponente y elegante Andrea que lucía un fino vestido rojo y unas hermosas sandalias plateadas de finos y altos tacones. Doña Graciela ya no se presentó a la empresa, era evidente el motivo por el cual no lo hizo. El abogado del dueño llegó puntual y en un santiamén les comunicó la buena nueva anunciándoles al nuevo dueño absoluto de una insultante fortuna y de la compañía: ¡doña Graciela!;

Gustavo se carcajeó como nunca pensando que se trataba de una estúpida broma pero enloqueció al asimilar que era la maldita realidad; el abogado solo se lo repitió una vez mas y se marchó dejando en claro para Gustavo su nueva situación, una muy triste y comprometedora situación en especial llena de deudas por los despilfarros que ya había echo al tener tan seguro el triunfo; al instante se puso histérico, quizás si doña Graciela hubiese estado presente la habría matado ahí mismo; nadie lo podría creer, ¿Qué diablos había sucedido?;

Pero lo peor para Gustavo llegó al ver que Andrea, su adorable Andrea le decía adiós marchándose; Gustavo no midió sus actos, se había enamorado perdidamente de ella y en un momento de angustia y desesperación al ver que la perdía poco le importó que las demás chicas estuviesen presentes; Gustavo se arrodilló a los pies de Andrea y le suplicó con el corazón en la mano que no lo abandonara.

¡Quita Gustavo o te aparto con una patada!— le dijo furiosa Andrea— ¿Qué no te das cuenta que ahora eres un pobre diablo?, lo siento, pero yo aspiro a algo mucho mas alto, ¡no se que haya pasado pero es obvio que aquí ni tú ni yo tenemos nada que hacer después de todo lo que le hicimos a la maldita de Graciela! Y esto no quiere decir que marchemos juntos, ¡para nada!, ¿te das cuenta?, ¡estás perdido y lo mas seguro es que termines en la cárcel, vaya, menos mal que yo no estoy endeudada, ni hablar, al diablo con esto!;

Y ante las súplicas de Gustavo, Andrea lo abandonó y era justificable como lo reconoció mas tarde el propio Gustavo; una hermosura como ella al lado del dueño de una importante compañía tenía sentido pero no lo tenía al lado como le había dicho, de un pobre diablo que lo había perdido todo y que se enfrentaba a un amargo porvenir. Gustavo se marchó igual de la compañía ante la mirada incrédula de las chicas que aún no entendían que había pasado pero al verlo marchar tan afligido no pudieron evitar sonreír por que la verdad era que lo detestaban pero también quedaron preocupadas al recordar que por influencia de el, ellas también se habían comportado groseramente con doña Graciela.

Apenas unas horas llevaba Gustavo en su casa pensando en que si lo mejor era suicidarse cuando las llamadas y las amenazas no se hicieron esperar, ¡hubiera luchado con todas sus fuerzas si contara con el amor de Andrea a su lado!, pero no era así, aún dentro de todas esas llamadas hubo una que lo intrigó y al igual le ofreció un pequeño rayo de luz; fue una llamada de la compañía en donde se le informó que doña Graciela ya había tomado el poder y quería verlo pero solo a el, sin Andrea.

¡Claro!— pensó Gustavo— después de todo fue Andrea quien mas cruel se comportó con ella a lo que no querrá verla pero ni en pintura ni mucho menos se compadecerá de ella para darle alguna oportunidad— pero enseguida se atormentaba pensando y dudando— ¿me devolverá mi empleo?, no, no lo creo, tan solo querrá humillarme, sí, es eso, solo quiere burlarse de mi, ¿pero y si me da una oportunidad y me devuelve mi empleo?, ¿y si está enamorada de mi?, total ya está ruca y urgida, ¡diablos y si como condición me propone que me olvide para siempre de Andrea y que ande con ella!, oh Dios, ¿y si quiere vengarse de Andrea por medio de mi?, eso si que no, ¡jamás permitiría que alguien le haga daño a Andrea!— se atormentaba cada vez mas un nervioso Gustavo que por esa noche ni siquiera pudo conciliar el sueño y al final decidió presentarse a la cita.

Al día siguiente a primera hora Gustavo acudía a las oficinas vistiendo impecable, se preparó lo mejor que pudo pero aún así no pudo evitar esconder su mirada afligida y su expresión de derrota aunque lo que mas le dolía era haber perdido el amor de Andrea, no le importaba incluso comenzar de nuevo desde abajo, sin dudarlo se sentía capaz de regresar a la cima, ¡claro!, con Andrea de su lado, se sentía capaz de comerse al mundo pero sin ella, simplemente se sentía un inútil. Gustavo se presentó ante Liliana que había sido ascendida a secretaria particular y si antes la chica le hubiese brindado una reverencia ahora lo recibió con una mirada dura y de desprecio.

¡Buenos días Liliana!— fue el saludo respetuoso de Gustavo al momento que le explicaba el motivo de su presencia. La chica no le contestó, se limitó a mirarlo y a sonreírle con cierta burla y arrogancia; Gustavo temblaba de nervios ante tan bochornosa situación y hasta que a la señorita se le antojó le señaló la oficina a donde debía presentarse incluso tronándose los dedos al mismo tiempo que le habló déspotamente— ¡date prisa y no nos hagas perder el tiempo con tus tonterías!;

Gustavo ignoró lo dicho por Liliana y se apresuró a caminar por el pasillo hasta situarse justo para tocar a la puerta y antes de entrar a la oficina principal de la presidencia en la sala de espera se encontró con Aceneth y Alejandra luciendo radiantes con sus trajes de ejecutivas y sandalias de finos y altos tacones charlando alegremente con doña Graciela que se veía muy bien y lo estaba física y moralmente luciendo un carísimo vestido café y unas finas zapatillas negras de mediano tacón; ambas chicas lo miraron igual burlonas y se retiraron.

Gustavo no buscaba donde meter la cara y fue doña Graciela quien tomó el control de las cosas abrazándolo a modo de consuelo.

¡Ah Gustavo, el buen Gustavo!, ¿te preguntarás por que mandé a llamarte?;

¡Sí señora!— respondió humildemente Gustavo.

¡AH, SEÑORA!— comentó burlona doña Graciela y en un tono fuerte como con la intención de enterar a todos como se había referido hacia ella Gustavo— ¡que lindo se oye a diferencia de ruca o anciana!;

¡Señora, yo…..,!— se expresó Gustavo a punto de llorar incapaz de terminar la frase por lo desesperado que se encontraba.
Shhhhh, ¡calla!— intervino doña Graciela al ver que a Gustavo le resultaba imposible articular palabra al momento que le acomodaba un dedo en sus labios— precisamente para eso te llamé, porqué quizás haya una ligera oportunidad para ti.

¡Haré lo que sea!— respondió al instante Gustavo reflejando cada vez mas su angustia y desesperación y muy lejos del despotismo y la arrogancia que alguna vez lo caracterizaron.

¡Sí Gustavo lo se!— le contestó doña Graciela— ¡tu situación está tremenda hijo, la revisé hace unos momentos y créeme que hasta el diablo se lo pensaría para ayudarte!; pero bueno— continuó doña Graciela haciéndose la interesante y desesperando aún mas a Gustavo al asimilar ese ligero toque de burla e ironía que la señora empleaba al hablarle.

¡Doña Graciela!— le habló nervioso Gustavo— si usted me permite conservar mi empleo le prometo ser el mas eficiente de sus empleados, no puede negar que soy muy bueno en mi trabajo y coordinándome con mis compañeras podemos hacer las cosas aún mucho mejor y así, y así yo puedo ir pagándole mis deudas, ¡depende de usted doña Gracielita!— concluyó al momento que se aferraba tocándole sus manos haciéndole ver que en realidad estaba aterrado y se sentía tan perdido que no le importaba una burla por parte de ella con tal de que al final accediera a ayudarlo.

¡Ese es el detalle mi buen Gustavo!— le dijo doña Graciela con una sonrisita sarcástica, disfrutando al máximo la angustia del arrogante Gustavo— ¡que su futuro no depende de mi!— concluyó mirándolo con lástima.

Gustavo la miró sin entender y ésta sonriente procedió a explicarle— ¡pues verás, como bien solías decirme, yo ya estoy grande para tomar ésta responsabilidad y carajo, con la fortuna que ahora poseo no estoy como para lidiar al frente de ésta compañía por lo tanto he decidido heredarla y dejar las riendas de esto a otra persona y es dicha persona quien se interesó por no dejarlo desamparado y al borde de su muerte y es a ella a quien debe rogarle si es preciso arrastrarse de la manera mas humilde para ver si se apiada de usted por que en serio que su caso da pena!— concluyó doña Graciela mirando con sumo interés la expresión de una mayor preocupación en el rostro de Gustavo.

Gustavo tragó saliva y al final con la voz entrecortada preguntó— ¿de quien se trata?;

¡DE MI NIETA!— le respondió al instante muy entusiasmada doña Graciela— ¡así es Gustavo, ha sido mi única y adorable nieta a quien he decidido heredarle todo!;

¡No tengo el gusto de conocerla!— se expresó de nuevo con nervios un temeroso Gustavo.

¡Vamos pues a conocerla y a ver que sucede!— le dijo doña Graciela al mismo tiempo que lo abrazaba sin ocultarle una enorme sonrisa de satisfacción que la señora sentía al tenerlo en esa situación mientras se dirigían a otra de las flamantes oficinas de la presidencia.

Gustavo estaba tan frágil como tal cual hoja de papel, en su mente confundida y atormentada se hacían presentes muchos pensamientos en especial, ¿Qué le esperaba con la dichosa nieta de doña Graciela?— ¡se burlará de mi!— pensaba en silencio mientras avanzaba Gustavo— ¡sí, eso seguro!, ¿pero?, ¡no, Dios mío, que la nieta no quiera vengarse al igual de Andrea por que seguro que está enterada de todo lo acontecido!, ¡seré fuerte, lo seré, pero Dios bendito, aparta de la mente de esa persona todo deseo de venganza hacia Andrea por que entonces sí que moriría de pena, la amo demasiado y no soportaría verla sufrir y menos en manos de doña Graciela y de su nieta!;

Continuará……………………………